El Espejo | ¿Reforma eléctrica para enfriar o para calentar al planeta? La única pregunta. Autor: Iván Uranga

El planeta exige que la nueva reforma eléctrica corresponda
a la nación que debemos ser y no a la que fuimos.
Iván Uranga

El problema no es sólo quién obtiene la energía, sino cómo se obtiene y para qué se usa. La iniciativa presentada por el ejecutivo para reformar el sistema nacional de energía eléctrica contempla únicamente el regular quiénes tienen la facultad para producir electricidad en el territorio mexicano, y pretende acertadamente regresar la mayoría de este control al Estado. Y si bien es importante que el Estado invierta en la generación de la mayor cantidad de energía eléctrica que se distribuye en todo México, y quitarle el control a las empresas trasnacionales, es mucho más importante que estos esfuerzos de producción se centren en generar energía limpia, y la urgente reeducación para transformar su consumo.

La propuesta de tener el control de la explotación de la mayoría del litio es fundamental, pero se necesita una nueva ley que regule la explotación minera, priorizando la vida y no la economía.  

Son los representantes políticos del capitalismo en el congreso y las empresas que hoy tienen a Europa en la mayor crisis de energía eléctrica de su historia y que ayer aumentaron 500% su costo, los mismos que se oponen a la reforma eléctrica en México, porque la domesticación de la energía para el uso humano se convirtió en la base para la producción, razón por la cual no existe nada en el concepto de desarrollo capitalista que no tenga que ver con la energía y su obtención al menor costo inmediato posible, y hablo de costo inmediato, porque la ceguera capitalista busca resolver la demanda sin importar su costo real, que es de miles de vidas de diversas especies y es el camino más transitado a la extinción de nuestra propia especie.

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Nosotros no nos oponemos a la reforma, lo que queremos es que esta sea real y que sirva para lograr la autonomía energética, no sólo como Estado Nación, sino que permita la autonomía energética en cada comunidad y casa de México, sin restricciones, y que las técnicas para la obtención de la energía no tiendan a calentar más al planeta ante la urgente necesidad como especie de sobrevivir y no un remedo de reforma como la que presentan que solo tienen el interés de que el Estado tenga el control por cuestiones económicas y no medioambientales. La reforma presentada por el presidente es totalmente conservadora, y crea una total falta de credibilidad el que sea justo el criminal Manuel Bartlett Díaz el responsable de ella como titular de la Comisión Federal de Electricidad, para quienes no olvidamos, le quita todo el peso moral a la propuesta.    

Lo que realmente resolvería el problema no es enfocar los esfuerzos en la generación para el consumo pasivo y compulsivamente demandante de más energía cada día, lo que necesitamos es hacer un profundo análisis de nuestro consumo, porque por “facilitarnos la vida” hemos cambiado vida por comodidad, la tesis original planteaba que mientras más cómoda fuera la vida más felices seríamos, y hoy por hoy somos la generación con más comodidad de todas las que nos precedieron y estamos muy lejos de ser una generación feliz, a menos que ser los responsables de la extinción de la vida en el planeta sea nuestra utopía; la comodidad no ha mejorado nuestra verdadera calidad de vida, que tiene que ver con el bienvivir, la paz, la justicia, la armonía, la tranquilidad y la felicidad, más que con el índice de bienestar basado en el acceso a servicios. Nos vendieron la idea del consumo como sinónimo de felicidad y sólo nos trajo muerte.

Es urgente que razonemos nuestro consumo en todos los aspectos de nuestra vida. Pero como esto es contrario a la economía capitalista, no es de interés político el atenderlo como política de Estado, porque bien podríamos estar impulsando desde las escuelas y universidades una nueva forma de concebir nuestro consumo y fomentar el diseño y las tecnologías que no requieran de uso de la red eléctrica para funcionar. Impulsando desde el Estado el que cada ciudadano se haga responsable no sólo de su consumo, sino que también se haga responsable de la generación de su propia energía. Esto sería una verdadera reforma energética pensada en la nación que debemos ser, y no en la que fuimos, que ya quedó demostrado que no funcionó. Pero si no existe una política pública que resuelva la autonomía alimentaria, mínimo para granos básicos como el maíz, porque cada mexicano consume poco más de medio kilogramo de maíz todos los días, lo que da un promedio nacional de 200 kilogramos de maíz al año, que ahora más de la mitad es transgénico e importado, lograr la autonomía alimentaria en el caso del maíz es técnicamente muy fácil, bastaría con que cada uno del millón de campesinos que dice el gobierno que apoya en el programa Sembrando Vida, sembrara 2 hectáreas de maíz, produciríamos las 24 millones de toneladas que necesitamos al año, y pongo el ejemplo del maíz para que observemos que no es una cuestión de capacidad, sino de voluntad política, voluntad que está claramente comprada desde hace mucho por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

Por lo que planteamos que ya que el Estado no es capaz políticamente de promover la autonomía energética, en la nueva iniciativa para recuperar el control del suministro de energía eléctrica que presentó el pasado 1 de octubre el ejecutivo al legislativo, queden garantizados los derechos para producir libremente la energía eléctrica con técnicas alternativas y limpias a quienes lo queremos y podemos hacer sin fines de lucro, es decir, para el autoconsumo, ya sea de forma individual o colectiva organizados en comunidades de prosumidores de energía eléctrica. La criminal reforma energética de Peña Nieto y la Ley de la Industria Eléctrica, en vigor desde 2014, sólo permite desplegar proyectos locales menores a un megavatio, y excluye a las cooperativas comunitarias de las subastas eléctricas que el gobierno ha organizado desde 2016 por sus requisitos financieros, técnicos y empresariales.

Segregan a las cooperativas, y les impide una expansión mayor. Hoy por hoy debes hacer un contrato para consumir y generar energía en un mismo contrato de suministro. Esta energía se compensa entre sí y se emite una única facturación que nunca es menor al pago mínimo del servicio de Comisión Federal de Electricidad, si quieres vender energía a CFE es un contrato único de venta, es decir, si quieres instalar un equipo solar y seguir conectado a la red eléctrica como soporte y ese mes generaste más luz que la que consumiste, de cualquier forma pagarás el mínimo a CFE.

Prefieren encarecer el suministro de energía trasladando la corriente por miles de kilómetros, cuando es mucho más barato generarla en cada comunidad.

El potencial en México es infinito, océanos, vientos, sol, volcanes, etc. Es urgente que se legisle para que podemos crear comunidades energéticas autosustentables, para que a través de cooperativas logremos la autonomía energética en cada casa, en cada barrio, en cada comunidad; pagamos impuestos por todos y cada uno de los insumos necesarios para producir electricidad con el Sol, no necesitamos la tutela del Estado para producir nuestra propia energía y tampoco necesitamos que los grandes capitalistas nos cobren por usar el sol. Comenzaron sus riquezas explotando la tierra, a las otras especies, a los hombres, a las mujeres, luego fueron por el subsuelo, ya nos venden el agua, ahora nos quieren vender el aire y la luz del Sol.

Mientras creamos las capacidades para lograr nuestra autonomía energética, la recomendación es desestructurar tu lógica de consumo, no todo debe funcionar con energía eléctrica, en las comunidades las bicimáquinas resuelven muchas de las necesidades para moler, desgranar, lavar ropa y hasta para generar un poco de energía eléctrica; existen hornos de ecoleña que además de no contaminar aprovechando toda la energía, al mismo tiempo que cocinas produces la energía eléctrica para toda una pequeña comunidad, o estufas solares y hornos solares hechos de reciclaje, en los que puedes hornear, cocer frijoles o deshidratar frutas y verduras. Les puedo contar que son miles de inventos útiles que usan los diversos tipos de energías no contaminantes para resolver las diversas necesidades de un hogar o una comunidad, todo es cosa de renunciar a la comodidad de resolverlo todo con un botón, y dejar de usar el control remoto para mover un mundo plástico que está a punto de extinguirse.

En el país más obeso del mundo queremos seguir generando la energía eléctrica, sin tener que movernos, a costa de la naturaleza. La comodidad consumista mata no sólo a las personas, mata a toda la vida sobre el planeta.

Es criminal pensar que la disyuntiva es aprobar o rechazar la reforma de AMLO, por mezquinos criterios económicos, es urgente una reforma de fondo, no de forma, porque la crisis climática nos lleva a una única pregunta posible que todos nos debemos contestar: ¿necesitamos una reforma que tienda a calentar el planeta para acelerar nuestra extinción o una reforma que ayude a enfriarlo?

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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