El Espejo | Obrador, El Extensionista. Autor: Iván Uranga

Para dejar huella, es necesario primero poner los pies en la tierra

La palabra “extensionista” viene del latín extensio: compuesto por el prefijo ex = fuera; y el vocablo tensio = tenso, estirado; que vendría a ser el que estira hacia afuera, y es utilizada para aquellas personas que comparten información, saberes, conocimientos, habilidades y prácticas propias de un lugar o comunidad y/o especialidad a otro, pero estos saberes no necesariamente son positivos. Así ha sido la historia el extensionismo rural en el mundo, porque la trasferencia de tecnologías para producir más alimento terminó por ser la causa de la extinción de la vida humana sobre el planeta; en el momento en que los seres humanos comenzamos producir grandes cantidades de carne o en monocultivos en grandes extensiones para magnificar las ganancias, contaminado en exceso y agotando a la tierra, dañándola con agroquímicos para mejorar la rentabilidad. Cuando se siembra la tierra en policultivos, las plagas nunca son un problema porque en el peor de los casos sólo afectan a una especie, y lo que le quita a la tierra una especie otra se lo da, manteniendo el equilibrio. Así que la labor de los extensionistas históricamente ha dañado mucho más que lo que ha ayudado.

El nuevo neoliberalismo o pos-neoliberalismo como hace bien en autodenominarse el gobierno de México nos ha mostrado un rediseño en la forma de presentar el fondo; la nueva cara se nos muestra con un halo de honradez que lucha férreamente contra las formas de corrupción que el viejo neoliberalismo dejó insertadas como cultura gubernamental, mientras da continuidad a los megaproyectos extractivistas que han sido el sello del neoliberalismo en el mundo, con la modalidad de la negación cotidiana y pública de la complicidad en el despojo del agua, la tierra, las culturas y la biodiversidad de los territorios defendidos por los pueblos originarios y las resistencias bioculturales de México.

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Ahora AMLO anuncia con bombos y fanfarrias, sus Jornadas de Producción de Autoconsumo, en las que enviará a 14 mil “extensionistas” que realmente son los mismos técnicos que ha usado en Sembrado Vida y su ejército social particular llamado Servidores de la Nación, para “enseñarles” a los campesinos a sembrar milpa y su anuncio lo hace este fin de semana en Monterrey, Guadalajara, Veracruz, Puebla y Ciudad de México, ante miles de incondicionales aplaudidores a los que les repite el mismo discurso que ha repetido hasta el cansancio durante los últimos años, en 5 actos que son la continuidad de su campaña electoral permanente, sólo que ahora incluyó como oradores a los gobernadores y a 5 funcionarios que cada uno da su versión personal de lo que se pretende hacer, demostrando que no existe un programa real y que no tienen claro cómo lograrán la meta planteada.

La meta es simple y clara; deben existir ya después de 3 años, según las metas del programa Sembrando Vida, 16 mil Comunidades de Aprendizaje Campesino (CAC) integradas cada una por 25 campesinos sembrando 2.5 hectáreas cada uno, que serían 62.5 hectáreas por comunidad, las cuales suman 1 millón de hectáreas en por lo menos 16 estados del país. Cada CAC tiene como apoyo a 1 técnico social (sociólogo y derivados), 1 técnico productivo (agrónomo y derivados) y 3 becarios del programa Jóvenes Construyendo el Futuro de la misma comunidad, cada campesino recibe ya 6 mil pesos mensuales, cada becario 3 mil 600 pesos y cada técnico social o productivo 18 mil pesos al mes, por lo que la inversión económica sólo por concepto de salarios sociales es de 171 mil 800 pesos mensuales por CAC que suma más de 2 mil millones de pesos anuales para pagar 480 mil salarios sociales, sin contar la inversión por concepto de millones de insumos.

Cada campesino debe sembrar en su tierra 1.5 hectáreas de árboles maderables o frutales (2 mil árboles ± según especie) y 1 hectárea con granos básicos (milpa, maíz, frijol y otros), cada hectárea de maíz bien trabajado debe dar por lo menos 15 toneladas por cosecha. La meta por año es tener por lo menos, 800 millones de árboles maderables y 60 millones de toneladas de maíz (que esperamos no sea transgénico y no se usen agroquímicos). Si las sumamos a los 20 millones de hectáreas que ya se producen, cubriríamos el 100% del consumo interno y dejaríamos de importar las más de 30 millones de toneladas de maíz transgénico de Estados Unidos. Independientemente de la aportación a la autonomía alimentaria nacional, cada campesino y su familia podrán sembrar huertas y hortalizas entre estos cultivos que podrán garantizarle su propia autonomía alimentaria y es sólo por poner un ejemplo de lo extraordinariamente importante que es este programa, que además permitirá un ingreso extra a cada familia campesina por la venta del maíz que no consuman y una inversión a largo plazo por el beneficio económico de los maderables y la reforestación de 1 millón de hectáreas de tierras ya afectadas por potreros o siembras mal planeadas que afectaron la riqueza de los suelos.

Por lo menos así lo diseñé cuando escribí el programa, que a la llegada de AMLO al poder fue retomado por su gobierno, el problema es que la ejecución del programa fue desastrosa, y con mucho (que ya es mucho decir) el programa Sembrando Vida es el mayor fracaso de este gobierno. Si nos permitieran hacer una auditoría, podrían ver en realidad para qué ha sido usado este programa, en el que se han gastado miles de millones de pesos del dinero público para beneficio de las grandes trasnacionales y como instrumento político para imponer los megaproyectos extractivistas del actual gobierno.

Aun sin los datos extractivistas, el fracaso de la primera intención del programa es evidente; se ha demostrado que se obligó a los campesinos a matar monte sano para sembrar plántulas de árboles no endémicos, por lo que de todos los millones de árboles que constantemente presume el presidente de su programa de reforestación “el más grande del mundo porque invierte 1 mil 300 millones de dólares al año”, de todo ese esfuerzo sólo el 10% de los árboles sembrados sobreviven al primer año, por lo que podría pensarse que más de 1 mil 200 millones de dólares son tirados a la basura cada año, aunada la deforestación que hicieron para sembrar esos árboles, es decir sólo por esto el programa Sembrando Vida es el mayor programa de deforestación a nivel mundial. Pero ojalá sólo fuera eso, la realidad es que, en lugar de sembrar milpa, pagaron 5 mil pesos mensuales a cada campesino del dinero público para que siembren la basura del café robusta para Nestlé, entregando las plántulas de café diseñadas por Alfonso Romo exjefe de la oficina del presidente, empresario, asesor de AMLO y socio de Nestlé, plántulas ahora cultivadas en viveros atendidos por el glorioso Ejército Mexicano. Café que la trasnacional vende a 400 pesos el kilo y que paga a 6 pesos el kilogramo a cada campesino de Sembrando Vida. Así que como podrán ver muchos de esos 1 mil 300 millones de dólares al año de inversión en reforestación se van al bolsillo de George Soros y su empresa Nestlé, a costa de la explotación de la tierra, el agua y los campesinos mexicanos con todo el apoyo del gobierno.

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Y hoy a más de 3 años después de asumir el poder López Obrador, ante la grave crisis económica, comienza a pensar en la autonomía alimentaria, promoviendo el autoconsumo, retomando uno de los grandes mitos del PRI: El Extensionismo.

La extensión rural es un proceso de trabajo y acompañamiento con el productor orientado al desarrollo sostenible de sus capacidades. En México, se han adaptado una serie de modelos de extensión que van desde el norteamericano, implementado a principios de la década de 1980, pasando por el modelo de hubo nodo de innovación (plataforma – módulo demostrativo – área de extensión), aplicado desde el 2010 en el marco del Programa MasAgro, hasta la propuesta de Extensionismo Holístico de 2015. El extensionismo se ha tratado de implementar en México desde los años 50 del siglo pasado, y el principal problema que vemos con la propuesta de AMLO es que copia el modelo norteamericano que en 1914 impartió 8,861 cursos para agricultores, que fue el detonador de la agroindustria criminal promovida por las grandes empresas trasnacionales, no es fortuito que su primer orador al comenzar sus Jornadas de Producción para el Autoconsumo fuera Víctor Villalobos representante de Bayer-Monsanto dentro del gobierno y que funge como secretario de Agricultura, sin olvidar que su implementación es parte del tratado que promovió López Obrador con los países del norte.  

La realidad es que el extensionismo en México no ha desarrollado su función de detonar procesos sociales sostenibles basados en el conocimiento y la innovación. Paulo Freire atribuía los bajos impactos de los sistemas de extensionismo a la “visión ingenua de la realidad, y en el caso más común, a un claro sentido de superioridad, de dominación, con la que los prestadores de servicios profesionales se enfrentan a los campesinos, mismos que se encuentran insertos en una estructura agraria tradicional”.

Uno de los componentes o estructuras del sistema de extensión rural es el componente demostrativo de la extensión, en donde se exhiben tecnologías, generan demandas y validan soluciones tecnológicas; el cual introduce un elemento técnico y de control riguroso que garantice el resultado de las tecnologías en los procesos productivos al ser adoptadas. Este elemento, que se ha identificado como puente entre la investigación y aprovechamiento de la tecnología por el productor, pero además ha sido relacionado con la identificación, validación, ajuste, y promoción de la adopción y apropiación de las soluciones tecnológicas. En México este componente demostrativo ha recibido diferentes denominaciones en las diversas iniciativas de extensión, tales como: parcela demostrativa (Castro, 2002; Martínez y Sagastume, 2005; Sánchez, 2007), vitrina tecnológica (De la Garza, 2005; Deschamps y Escamilla, 2010), rancho modelo (Hernández, 2003), escuelas de campo (Guevara et al., 2003; López et al., 2008; FAO, 2013), escuela campesina (Mata et al., 2007), productor experimentador (Villarreal, 2000), módulo demostrativo (CIMMYT, 2013), entre otros. El nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) prevé el intercambio de expertos extensionistas que crearán modelos demostrativos, por lo que no debiera extrañarles que Monsanto envíe a gringos a enseñarles a los mexicanos a sembrar maíz, a pesar que fue justo en el centro de lo que ahora es México en donde se domesticó al maíz hace 10 mil años.

La extensión rural en México siempre la han confundido con procesos de capacitación y asistencia técnica, mismos que se han convertido en esfuerzos dispersos y desarticulados, cuyos propósitos se han focalizado en la productividad como meta y en el productor como el que debe adoptar la tecnología bajo un enfoque lineal de intervención, sin tomar en cuenta la sabiduría milenaria de cada comunidad y en este caso fundamentalmente la variedad endémica de maíz de cada comunidad. Descuidando el propósito real del extensionismo que tendría que ser lograr la autonomía alimentaria y mejorar la calidad de vida de la población. El principal problema es que el punto de partida es erróneo, porque el presidente comienza estas jornadas “para abatir la inflación” cuando la inflación como fenómeno económico no impacta realmente en ninguna autonomía alimentaria, porque no depende del mercado o el consumo externo.

Y tenemos otro problema sustancial con el actual gobierno. Tenemos un presidente neoludista, porque rechaza en la práctica a todos los científicos y especialistas, para protegerse de sus propias deficiencias formativas y para que un programa extensionista funcione es imprescindible la investigación científica en su aporte a la solución de problemas y su posterior difusión. La difusión de las opciones tecnológicas alternativas ajenas a los agronegocios, ha sido de los aspectos menos desarrollados por el gobierno.

Por otro lado, el componente demostrativo lo conciben como una parte aislada del sistema, y no en su carácter de vínculo entre la investigación, para hacer ajustes, mejoras o reorientaciones de los modelos.

Si la implementación del extensionismo en México carece de definición de parámetros de medición iniciales o de línea base; sean estos productivos, económicos o tecnológicos sobre los cuales se midan los efectos de los modelos de extensión implementados; pero además, dichos procesos estén acompañados de aspectos como comercialización, infraestructura y equipamiento, acceso a insumos, productos, tecnologías sustentables, prevención de riesgos y procesos educativos, sólo será un esfuerzo infructuoso más como todos los han hecho los anteriores gobiernos desde hace 70 años. Con la única diferencia que este esfuerzo sólo será de 2 años, porque López Obrador se dio cuenta demasiado tarde que la autonomía alimentaria es el único camino real para el desarrollo de una nación.

Hay un halo de esperanza en manos del subsecretario de Autosuficiencia Alimentaria Víctor Suárez, que me consta que conoce bien la Agroecología Campesindia, que une los saberes milenarios con las tecnologías alternativas y que sabe cómo tratar a cada semilla para que con microrganismos puedan tener muchas más ventajas para lograr una buena y sana cosecha, desafortunadamente los técnicos agroecológicos certificados de Producción para el Bienestar que coordina Suárez, no significan más del 10% del total de quienes participarán.

Hacerlo bien no es tan difícil; cuestan 5 mil pesos las 60 mil semillas de maíz que se pueden sembrar en una hectárea, y 10 mil pesos los 50 mil metros de manguera para riego por goteo que se necesitan, así que, si se condiciona el apoyo a los resultados, les aseguro que el 100% de los campesinos podría entregar hasta dos cosechas por año de 9 toneladas cada una, y si quiere el mejor fertilizante orgánico, ahí tiene todo el sargazo que no saben qué hacer con él, en el Caribe mexicano. Sin embargo, el gobierno da el dinero a los campesinos y a los asesores técnicos sin medir ningún resultado, pero qué podríamos esperar, si el mismo presidente dijo en su discurso inaugural de las Jornadas de Producción de Autoconsumo el 13 de mayo en Monterrey que “si Dios quiere y llueve, tendremos maíz”.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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