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El destape de Claudia, 7 factores de riesgo en la apuesta de AMLO. Autor: José Reyes Doria

FOTO: MARIO JASSO/CUARTOSCURO.COM

@jos_redo

Numerosas señales del presidente López Obrador indican que la Jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, es su favorita para sucederlo en la Presidencia de la República. Incluso, se percibe un esfuerzo presidencial por hacer público y patente la decisión de que Claudia es la buena. Desde el acto de Morena en el Auditorio Nacional, hasta las aclamaciones ocurridas en actos oficiales, al grito de ¡presidenta, presidenta! Desde la defensa elocuente desde Palacio Nacional ante el derrumbe de la Línea 12 del Metro, hasta la operación presidencial para que Carlos Slim cubra los gastos de la rehabilitación del tramo colapsado.

La llegada al equipo de Claudia de operadores cercanísimos a AMLO, destacadamente Martí Batres, refuerzan la percepción de que ella es la ungida. La Jefa de Gobierno tiene cualidades incuestionables, pero en este momento cabe preguntarse si su destape, prematuro y atípico en la tradición presidencial mexicana, podrá superar los riesgos que implica. Al menos, habrá que considerar los siguientes factores:

1.- Los tiempos del destape están muy adelantados, todavía no llegamos ni a la mitad del sexenio de AMLO. Es mucho tiempo el que Claudia estará sometida a la metralla de propios y extraños tratando de descarrilar a la favorita presidencial. Sobre todo, los propios, los de casa, de manera inevitable buscarán minarla y, para ello, tendrán el triple de tiempo que en sexenios anteriores cuando el destape ocurría un año antes de la elección. Desde luego, la oposición aprovechará también estos tres años para golpear a la favorita de AMLO y construir, con gran tiempo de antelación, lo cual ayuda mucho, una candidatura apropiada para desafiar a una Claudia ya bastante exhibida.

2.- Los desairados dentro de MORENA tendrán dos años para tratar de revertir el golpe de sentirse excluidos de la carrera presidencial. En sexenios anteriores, los aspirantes marginados de la candidatura presidencial del partido oficial solo contaban con unas cuantas semanas para reaccionar, para tratar de cambiar la jugada o armar su propia candidatura con partidos de oposición. Ahora, en cambio, los Ebrard, los Monreal, los Blanco, las Tatianas, tendrán mucho tiempo no solo para intentar la caída de la favorita, sino para construir con calma una plataforma y hasta una alianza opositora para encabezarla y desafiar por fuera a la candidata oficial.

3.- En lo particular, Claudia Sheinbaum carga la pesada sombra de la tragedia de la Línea 12 del Metro. Es un factor que influyó en la derrota electoral de Morena en la CDMX en junio, y que definitivamente será uno de los flancos más vulnerables en la guerra electoral de 2024. Por más que se le proteja desde Palacio Nacional en ese tema, la tragedia del Metro es un estigma que la favorita presidencial debe superar si quiere ganar. Lo malo es que no es el único flanco débil, pues en general los candidatos presidenciales tienen muchos flancos qué cuidar.

4.- La derrota electoral en la CDMX también es un peso muy grande para la candidatura presidencial de Claudia. Falta determinar si la derrota obedeció más a un reproche contra AMLO o contra la propia Sheinbaum, pero ésta es la señalada como la principal responsable del descalabro capitalino. Desde luego, una derrota se supera con una victoria en las siguientes elecciones y Claudia lo puede lograr, la vida y la política dan revanchas; pero en el proceso rumbo a la próxima elección y con un destape tan prematuro, los adversarios de la Jefa de Gobierno, sobre todo los de casa, explotarán al máximo la percepción de su debilidad e ineficacia político-electoral para sembrar dudas sobre la idoneidad de su candidatura presidencial.  

5.- La percepción de que la Jefa de Gobierno se subordina al Presidente de la República puede socavar su candidatura presidencial en dos vertientes. La primera tiene que ver con la forma en que la ciudadanía en general juzgue la relación política de Claudia con AMLO. Es decir, existe el riesgo de que la eventual llegada de Claudia a la Presidencia de la República sea vista como la consumación de un Maximato encabezado por López Obrador, como una fórmula donde el verdadero poder lo seguirá teniendo AMLO. Es obvio decir que para el núcleo duro obradorista tal situación sería deseable, pero para el resto del morenismo y el electorado en general ese Maximato podría generar rechazo frontal y, por lo tanto, debilitar las posibilidades de triunfo de Claudia.

6.- La segunda vertiente en que la relación política Claudia-AMLO implica un riesgo en la construcción de su candidatura presidencial, tiene que ver con la clase política de Morena. Para 2024 Morena tendrá aproximadamente 24 gobernadores y estos querrán seguir en la tendencia de las últimas décadas, en la que los mandatarios locales tenían cada vez más autonomía respecto al Presidente. En efecto, desde el sexenio de Ernesto Zedillo ya no fue tan fácil someter a los gobernadores desde el Centro. A partir de Vicente Fox, los gobernadores han tenido cada vez más poder, independencia y recursos, por lo tanto, no querrían volver a una situación de control desde Palacio Nacional. De esta suerte, si los gobernadores de Morena perciben que Claudia, bajo un eventual Maximato de AMLO, representa el control del Centro, probablemente no vayan a la elección de 2024 tan convencidos de apoyar con todo su candidatura presidencial (y todos sabemos que la operación de los gobernadores es crucial en una elección presidencial).

7.- El debilitamiento prematuro de la imagen de poder de López Obrador. Por más poderoso que sea y luzca, inevitablemente las aclamaciones de ¡presidenta, presidenta! harán mella en la imagen presidencial de AMLO. Es natural. Muchos grupos y actores, dentro y fuera del oficialismo, empezarán a buscar acuerdos prospectivos con Claudia, intentarán negociar asuntos intratables hoy con AMLO. Eso podría reducir el poder subyugante de la imagen de López Obrador en detrimento de la gobernabilidad del país, lo cual podría influir en la viabilidad de la candidatura de Claudia.

Como en toda coyuntura política, los riesgos siempre se pueden superar y transformar en virtudes. Con un destape tan prematuro como evidente, todo puede pasar, las cosas pueden cambiar radicalmente. Hay quienes dicen que en realidad AMLO no ha destapado a Claudia, sino al contrario, la está exponiendo para que absorba los golpes y abrirle el camino al verdadero tapado. Aunque, en la fenomenología mexicana de la sucesión presidencial, todo parece indicar que Claudia sí es la elegida del autodenominado “destapador” de Palacio Nacional; es decir, da la impresión de que, realmente, López Obrador está “engañando con la verdad”. En todo caso, el juego de la sucesión ya está abierto y parece que ya nada ni nadie lo podrá frenar ni, mucho menos, moderar. A hacer las apuestas.

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