El circo de las comparecencias. Autora: Renata Terrazas

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Rosario Robles

Rosario Robles nos demostró esta semana lo ineficaces que son las comparecencias de las y los secretarios de Estado ante el Congreso. Un mecanismo que en cualquier democracia permite un ejercicio de rendición de cuentas hacia otro poder, pero también hacia la población, en México ha sido un mero show montado entre personajes de diferente corte.

Hubo un México en el que los presidentes presentaban el informe ante el legislativo y todos aplaudían con estridencia porque era el líder de su partido el mismo que presentaba datos maquillados, exageraba las cosas positivas y escondía todos los errores.

Mucho tardamos en que se interpelara al presidente en el informe y fue el actual presidente de la Cámara de Diputados, Porfirio Muñoz Ledo, quien se convirtió en el primero en ejercer la función de contrapeso que su cargo le dotaba. Ahí hubiera podido ser el momento perfecto para que en adelante las y los legisladores se hicieran cargo del tamaño de su responsabilidad, pero no sucedió.

Lo que hoy observamos es un ejercicio de rendición de cuentas del Ejecutivo que es un burdo montaje. Los secretarios de Estado han seguido el ejemplo de maravilla, al grado que se plantan a dar un discurso para encubrir sus errores y, de mayor gravedad, los actos de corrupción en los que han podido incurrir.

Es de suponer que nadie esperaba que Rosario Robles confesara ante los legisladores que cuestionaban su gestión y señalaban su participación en la bien conocida Estafa Maestra de la administración de Peña Nieto. De hecho, puedo asegurar que nadie espera nada de las comparecencias.

Pero, siempre está la posibilidad de encontrar a toda una fauna de personajes políticos que se adaptan según la instrucción. Por ejemplo, está la legisladora que pide la palabra para que le tomen la foto, que pregunta a la compareciente sobre las acusaciones en su contra de manera tímida, y que al recibir una respuesta evasiva agradezca su asistencia y la respuesta. Esta diputada, con esta intervención, refleja la tibieza, mediocridad y oportunismo del partido del que forma parte y que por años se vende al mejor postor. Un partido que jamás asumirá costos políticos, pero cosechará ganancias por dudosas alianzas.

Están los diputados defensores, aquellos que exijan se cumpla el protocolo, –el cual debemos admitir permite todo menos un sano debate– y señale ataques realizados hacia quien pareciera que hace el favor de asistir ante el Congreso. Esa actitud refleja la comparsa entre esos políticos que llevan rato enquistados en el poder.

También observamos a los gritones, diputadas y diputados que no contienen su enojo y vociferan acusaciones sin generar ningún tipo de diálogo, donde aparentan una actitud confrontativa pero que a la mera hora deberán bajar la voz dado que el líder de su partido parece que ya ha perdonado a quien en ese momento se encuentra en el banquillo de los acusados.

Y por último vemos a quien de manera adecuada señala los comportamientos negligentes y de posible corrupción, quien se informó y señala los espacios de duda ante su gestión y cuestiona de manera informada a quien buscará defenderse con el único argumento con el que no puede ganarle a esa diputada en particular: el de género.

Como sea, lo que observamos son comportamientos acordados entre partidos, algunos que serán defensores, otros gritarán desde el pleno, unos aparentarán preguntar y cuestionar, uno que otro perdido hará mejor su papel, pero son minoría. Como sea, el saldo es el mismo: la compareciente saldrá caminando del recinto con un mal sabor de boca, pero sabrá que es el montaje necesario para ir limpiando políticamente su nombre.

Las comparecencias son una farsa en donde legisladores interrogan y cuestionan a servidores públicos sin información previa otorgada por el Ejecutivo, donde se miente y se evaden las preguntas, donde todo parece estar acordado –si no entre todos los legisladores al menos entre las cúpulas–.

Es un pendiente democrático que las comparecencias sigan siendo un montaje falto de diálogo y de un genuino ejercicio de rendición de cuentas. No, no es de esperar que en ese espacio se castigue a quien comparece, para eso está la justicia, pero sí debe ser el momento en donde el intercambio ejecutivo-legislativo permite que los ciudadanos nos alleguemos de información; pero, sobre todo, que se convierta en un oxígeno para la democracia donde el debate juegue el papel central de deliberación sobre los asuntos públicos. Ojalá y esta legislatura se anime a realizar modificaciones correspondientes para ello, quién mejor que el primero en entender la relevancia del papel del legislador frente a los abusos del Ejecutivo que el propio presidente de la Cámara, Muñoz Ledo, para realizar un cambio de esta naturaleza.

*Dato curioso, las intervenciones en esta comparecencia fueron mayoritariamente de mujeres. De manera muy probable porque al ser mujer la compareciente, cuidaron al máximo que no pareciera un linchamiento de género. Aún así intentó jugar esa carta Robles, pero lo hizo de la peor forma, tanto así que todas y todos nos dimos cuenta de ello.

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