El arte de sanar y la muerte. Autor: Iván Uranga

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Somos lo que consumimos
Némesis Médica-Iván Illich
Cambiar sanar por salud
Lo que muere es el ego

El oyó estas palabras y las repitió en su alma.
“Se acabó la muerte –se dijo. La muerte no existe”.
Hizo una respiración, se detuvo a la mitad, se estiró y se quedó muerto.
La muerte de Iván Ilich. Leon Tolstoi

Somos resultado indiscutible de lo que consumimos desde nuestra concepción hasta nuestra muerte: genes, aire, agua, alimentos, emociones, medio ambiente, formación, todo lo que vemos, lo que escuchamos, lo que tocamos, lo que olemos, con quien compartimos el espacio y nuestros cuerpos, nuestros movimientos, nuestras palabras y nuestros pensamientos son parte de nuestro consumo y eso dará forma a nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu. Y lo que llamamos enfermedades son producto absoluto de este consumo, por lo que el arte de sanar depende de recobrar el equilibrio en cada uno de estos espacios  haciendo consciencia de ellos (incluso se puede recodificar la herencia genética con consciencia) teniendo permanentemente a la muerte como fiel de la balanza de nuestras acciones.

Contrario al Ivan Ilich, personaje de Tolstoi, que no aceptaba la muerte en todas sus formas y le temía a la inconclusión de sus hazañas y aportaciones en vida, el anarquista Iván Illich en sus últimos años, sufrió de cáncer, que combatió con yoga, meditación, opio o hachís, y una gran dosis de optimismo vitalista que le permitió prolongar su muerte diez años más de lo diagnosticado por los médicos, y no por necesidad de extender su existencia sino con la aceptación de su inminente muerte que era la que motivaba cada una de su acciones.

En 1975 (27 años antes de su muerte) escribe en México su obra más importante llamada Némesis Médica que es un muy amplio ensayo radical y provocador contrario a la práctica de la medicina de todos los tiempos. Podríamos decir que su tesis está resumida en tres premisas que se basan en el concepto creado por él al que llama “Iatrogénesis” que podríamos definir como un “error ontológico o fundamental” de la profesión médica y la desglosa en tres bloques: Iatrogénesis Médica/Clínica, Iatrogénesis Social y Iatrogénesis Estructural:

Iatrogénesis Médica/Clínica: La medicina clínica «produce daños superiores a sus beneficios», cosa que se empeñó en demostrar con innumerables estadísticas y referencias bibliográficas de todo tipo, hasta la extenuación.

Iatrogénesis Social: Que el enfoque biomédico dominante, además, «enmascara las condiciones políticas que minan la salud de la sociedad».

Iatrogénesis Estructural: Que la medicina actual «expropia el poder del individuo para curarse a sí mismo y para modelar su ambiente», negando las capacidades y recursos que históricamente los pueblos del mundo han tenido para tratar la enfermedad de sus individuos.

En la retórica de Ivan Illich predomina el análisis de la metáfora, y en este sentido, su figura intelectual se postula como uno de los precursores del uso de la ciencia interpretativa que ha venido luchando contra el problema epistemológico de las representaciones dominantes e impuestas, como el paradigma del progreso. Por ello, se postula el concepto de iatrogenia, arriba resumido, y la obra no es más que el desarrollo amplio de las implicaciones de este concepto. Pongamos un ejemplo: hoy en día, son muchos los que defienden el argumento “illichiano” de que los efectos secundarios de los medicamentos son una de las principales causas de muerte en los países occidentales. El tema es muy serio pero los datos nunca parecen seguros o definitivos. La idea resulta siempre difícil de creer. Todavía es herejía social hablar mal del “desarrollo”, el “progreso” o los “avance de la medicina”, pero la realidad es que los cuestionamientos de Illich se sumaron a los de autores como Erving Goffman, Anselm Strauss, Byron J. Good, Howard S. Becker, Thomas McKeown, Alain Touraine, Noam Chomsky o Michel Foucault (para quien la medicina era una «estrategia biopolítica»), cada uno a su manera, plantearon que el estatuto científico de la medicina se había ido alejando progresivamente del estudio del significado de las dolencias y del sufrimiento, para centrarse en el paradigma del “modelo de diagnóstico clínico”. Estas corrientes críticas tomarían perspectivas hermenéuticas, interpretativas o fenomenológicas.

La realidad es que la estandarización de los servicios de salud, de las enfermedades y de los enfermos, debiera ser contraria a los derechos fundamentales de los individuos al abordar sus “padecimientos” partiendo de la enfermedad; cada ser humano tiene un desarrollo propio de vida que si pierde la armonía con el todo presentará síntomas de este desequilibrio que se manifestarán en el funcionamiento de su persona y que si no se corrigen lleva necesariamente a la falla total de su sistema vital. Se habla de enfermedades y no de enfermos.

La sociedades actuales están dispuestas por el gran capital para que funcionen como una gran fábrica de consumo “en línea” donde ellos controlan la producción y la comercialización de los alimentos y todos los consumos, diseñados específicamente para crear enfermedades progresivas que obliguen a los seres humanos a consumir los medicamentos fabricados por ellos (tomados del conocimiento milenario de los pueblos y patentados para despojar a las culturas de sus derechos) y recetados por los médicos formados en programas diseñados por ellos, que harán los diagnósticos clínicos de sus enfermedades prediseñadas. Somos para ellos “ganado” que usan para sentir poder y producir riquezas a los que les pagan miserables salarios que deberán gastar en sus productos basura vendidos como necesidades, su comida chatarra, sus médicos y sus medicinas hasta la muerte. No es casual que Monsanto (la principal productora de semillas y alimentos transgénicos en el mundo) fuera adquirida en el último año por Bayer (la principal productora de medicamentos del mundo).

En nuestra experiencia cotidiana en las autonomías hemos transformado el concepto de “salud” por el de “sanar”. Básicamente la salud implica la despersonalización total del individuo y endosa la responsabilidad de ella al Estado o a terceros, donde el ser humano se convierte en un ser humano pasivo llamado “paciente” de un sistema diseñado para su paulatina muerte y que se enfoca en “curar las enfermedades” porque no puede atender las causas porque ellas son las que dan sustento a su paradigma. Se dice popularmente que el tiempo todo lo cura, tal vez por eso hacen esperar tanto a los “pacientes” en el sistema de salud oficial para ser “atendidos”.

Tú decides cuándo comenzarás a consumir autonomía (La autonomía en el aprendizaje comunitario y la sociedad solidaria)

Sanar implica un paradigma de repuesto al establecido que se basa en la apropiación de tu persona y en la necesidad de emprender el camino hacia la consciencia total de nuestro consumo y de nuestro ser individual en responsabilidad total con el todo (consciencia colectiva) buscando la utopía de una sola consciencia universal, por lo que se vuelve necesario sembrar, producir y consumir autonomía. Estamos convencidos que haciendo de la vida una construcción consciente, podemos cada vez más eliminar los elementos nocivos de la sociedad de consumo. (México, el país de los remedios)

Arte significa hacer bien a través del dominio de una técnica, por lo que el arte de sanar implica el rescate y el dominio de las técnicas y los saberes ancestrales, incorporando las técnicas y los saberes alternativos actuales para cultivar nuestra milpa, huertos, hortalizas, especias y plantas medicinales que nos han acompañado durante miles de años. (Autonomía y Permacultura). Y para abordar nuestra vida con respeto y armonía, el único elemento que nos da una proporción exacta de lo que es importante, es la muerte.

La percepción de la muerte no es sólo una ocasión festiva y la oportunidad de ser parte de otra materia, otro espíritu y otra energía (toda la materia y energía es la misma desde el origen y sólo se va transformando a lo largo de la historia del universo, recomiendo leer https://julioastillero.com/que-es-el-amor-autor-ivan-uranga/), el observar a la muerte de forma permanente nos da la posibilidad de saber qué es lo realmente importante de la vida y tomar las decisiones más justas, porque nos libera de las necesidades creadas por el paradigma consumista y se vuelve importante cultivar la tierra, el cuerpo, la mente y el espíritu y las relaciones se basan en el respeto a la vida y a todo lo que da la vida, como la tierra, la lluvia, el sol, las estrellas, el viento, el movimiento, los animales, las plantas, los microorganismos, las piedras y las sensaciones; sabemos que la muerte no existe, lo único que se pierde cuando dejamos de existir es el ego, todo lo demás pasa a ser parte de otra forma de vida, nuestra materia, nuestra energía, nuestro amor, nuestra ternura, nuestra paz o nuestro odio serán energía que sirva para que el universo siga con o sin la especie humana. Te proponemos que te apropies de tu persona, que hagas consciente todo tu consumo, que aprendas el arte de sanar y que valores cada acción de vida. Tú decides qué aportarás al universo.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga.

@CompaRevolución

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