Echeverría y la “conveniente” comparación con AMLO. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Foto: Cuartoscuro | OEM-Informex

Por: Ivonne Acuña Murillo

La noche del viernes 8 de julio murió a los 100 años Luis Echeverría Álvarez (LEA), presidente de México de 1970 a 1976. Gran ocasión que enseguida fue utilizada por quienes se empeñan en comparar al actual presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ya con un mandatario, ya con otro. Lo hicieron primero con Hugo Chávez, expresidente de Venezuela, a su muerte con Nicolás Maduro, también con Jair Bolsonaro, de Brasil, y hoy con el mismo LEA. Como sus adversario-enemigos políticos no encuentran argumentos ni datos para compararlo con aquellos gobernantes corruptos que apoyaron y siguen defendiendo, buscan fuera o en el pasado al personaje que permita denostarlo y restarle legitimidad de cara a 2024. Pobre estrategia que hasta ahora no ha dado los resultados esperados.

Sin embargo, a pesar de la evidencia de lo infructuoso de sus esfuerzos los adversario-enemigos de López Obrador toman de nuevo a Echeverría, aprovechando la notoriedad que le da su muerte, para difundir en artículos periodísticos, entrevistas radiofónicas o televisivas, memes, tuis, etc., el supuesto parecido entre un genocida y un mandatario que, en ninguna circunstancia, se atrevería a masacrar al pueblo. Pero, nada importa. El golpeteo continua, no faltara quien les crea y al final se convenza de que AMLO es como Echeverría y, con un poco de suerte, no vote por la candidata o candidato del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en los comicios presidenciales que se avecinan. Gran inversión si se tiene en cuenta que, al parecer, no alcanzará con los votos de quienes aun no se han decidido para arrebatar la presidencia a Morena. Los que desde antes no votan por AMLO y su partido, no lo harán, por lo que no hace falta convencerlos, y los que sí no caerán en el juego sucio para cambiar el sentido de su decisión. Así que, de voto duro a voto duro, ganan AMLO y Morena. A las pruebas…

Y ¿qué con LEA? Para algunos, como la organización Artículo 19 se fue impune; para otros, como el Comité del 68 falleció imputado por el delito de genocidio “pues los crímenes de lesa humanidad no prescriben”. Como sea que haya ocurrido, lo cierto es que pocos acudieron a sus funerales, tuvieron lugar sin ceremonia de Estado y tan solo con el comedido y políticamente correcto pésame del primer mandatario López Obrador, a la letra: “En nombre del Gobierno de México envío un respetuoso pésame a los familiares y amigos del licenciado Luis Echeverría Álvarez, presidente de México durante el sexenio de 1970 a 1976”. Con seguridad, quienes le odian habrán rezado, porque guadalupanos son, para que AMLO se equivocara y anunciara, con bombo y platillo, los funerales oficiales de quien fuera un “gran mandatario priista”, que no se nos olvide, “priista”.

Pero, “Sin aglomeraciones, con poca afluencia, sin manifestaciones y sólo con políticos de la llamada vieja guardia transcurre el funeral del expresidente Luis Echeverría Álvarez en una funeraria al poniente de la Ciudad de México.” (Juan Boites, “Funeral de Echeverría: con la vieja guardia, sin manifestantes ni representantes de la 4T “, El Universal, 9 de julio de 2022).

Será LEA un gobernante que ha pasado a la historia como un genocida, como quien fraguó y ordenó la masacre de estudiantes en dos ocasiones: el 2 de octubre de 1968, en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, cuando se desempeñaba como secretario de Gobernación y se piensa prohijó e hizo crecer un movimiento estudiantil que concluyó con el asesinato de cientos de jóvenes, acción que le permitió “demostrar” al presidente Gustavo Díaz Ordaz (GDO) (1964-1970) que podía nombrarlo su sucesor y estar seguro de que no le temblaría la mano para imponer sobre la población el poder de la presidencia. La otra, el 10 de junio de 1971, jueves de Corpus, conocido como “El Halconazo” o la “Masacre de Corpus Christi” en que nuevamente hizo operar la “razón de Estado” en contra de alumnos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico Nacional (IPN) que decidieron apoyar a sus homólogos de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) que en paro mostraban su desacuerdo por la reducción drástica del presupuesto de su universidad por parte del entonces gobernador Eduardo A. Elizondo Lozano.

LEA fue primer mandatario después de 10 años de protestas sindicales y movimientos que al interior del propio Partido Revolucionario Institucional (PRI) daban cuenta del agotamiento de un modelo autoritario de gobierno que debía ampliar la participación democrática, en un contexto de baja salarial, y que únicamente pudo responder con la represión y las armas en la mano. (Al respecto leer el texto de Ilán Semo. (1993). El ocaso de los mitos (1958-1968). En México: un pueblo en la historia, tomo 6. Alianza Editorial).

No conforme, fue el iniciador y actor principal de la llamada “Guerra sucia” o guerra de baja intensidad con la cual pretendió disolver los movimientos de guerrilla, rural y urbana, iniciados antes y después del Movimiento del ’68, así como responder a la disidencia sindical que durante su sexenio tomó fuerza entre los electricistas, los maestros, los ferrocarrileros, los petroleros y un sinnúmero de sindicatos de empresa y mantener aceitado y operando al sistema político mexicano posrevolucionario, aplicando terribles métodos de coerción, tortura, asesinato y desaparición forzada. (Se recomienda leer el texto de Gustavo Hirales. (1982). “La guerra secreta, 1970-1978”. Nexos. 1 junio. Igualmente, es de lectura obligada la novela Guerra en el paraíso de Carlos Montemayor).

Es conocido también por el control que ejercía sobre la prensa nacional. De especial memoria es el “golpe a Excélsior”, el boicot financiero a este medio y la salida de su director el periodista Julio Scherer García, fundador de la revista Proceso, el 8 de julio de 1976. (Jimena Tolama, “Muere Luis Echeverría, el presidente mexicano que pidió ser juzgado por la historia”, Bloomberg Línea, 9 de julio de 2022).

Como puede observarse, no habría punto de comparación entre un presidente que “recurrió a todo”: desde la represión, la desaparición, el asesinato, la tortura, la persecución y el encarcelamiento, hasta lo que se denominó “la Apertura Democrática” que, en teoría, buscaba recomponer la dañada relación con el estudiantado y la élite académica e intelectual y ofrecer espacios para que los hijos e hijas de la clase media, esa que se alebrestó en el ’68 y el ‘71, encontraran las oportunidades que el sistema ya no ofrecía.

Así, durante su sexenio, se crearon la Universidad Pedagógica Nacional (UPN), la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), los Colegios de Bachilleres, los Colegios de Ciencias y Humanidades (CCH). Creó también, entre otros, el Consejo Nacional de Fomento Educativo (Conafe) el Instituto Nacional para el Desarrollo de la Comunidad Rural (Indeco), el Instituto Mexicano de Comercio Exterior (Imce) y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). No puede pasarse por alto, que bajo su administración se crearon también las secretarías de la Reforma Agraria y Turismo, el Banco de México, el Consejo Nacional de Población (Conapo), el Instituto del Fondo Nacional de la Vivienda para los Trabajadores (Infonavit) y el Fondo Nacional para el Consumo de los Trabajadores (Fonacot).

Hombre de claroscuros, sin duda, atrapado entre la visión de un estadista y las garras de un represor, quien creyó que una “lección ejemplar” lo haría pasar a la historia como aquel que liberó a México del comunismo y el desorden social. El no tan extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, parafraseando el título de la novela escrita por Robert Louis Stevenson publicada por primera vez en 1886, que bien podría explicarse en el contexto histórico de un grupo político incapaz de leer el momento histórico que le tocó vivir y que respondió, anclado en el pasado y sin una visión de futuro, con una enorme y desatinada crueldad, echando a andar toda la maquinaria represiva del Estado en contra de quienes se atrevieron a desafiarlo.

Es así como Echeverría dejó el mundo de los vivos, cómodo y calientito en su cama pero envuelto en un manto de ignominia, tal como lo hicieran en su momento otros conocidos represores: Francisco Franco en España y Augusto Pinochet en Chile. El llanto, la rabia y la impotencia de sus víctimas acompañan al más allá a estos personajes. Claro, se dirá, no todo mundo les odió, hay quienes incluso le querían. Especialmente, aquellas personas y grupos que se beneficiaron durante sus administraciones y quienes incluso no tuvieron empacho en defenderlos.

En lo que refiere a Echeverría destacan algunos personajes de la vieja guardia que se hicieron presentes en su funeral, entre ellos Jorge de la Vega Domínguez quien fuera director de la Compañía Nacional de Subsistencias Populares (Conasupo); el ex titular de la Procuraduría General de la República (PGR), Sergio García Ramírez; el ex subprocurador de la PGR, Everardo Moreno, quien dijo que lo del Halconazo, en cuya investigación participó, “fue un asunto totalmente aclarado” en favor del exmandatario quien fue exonerado; y, por supuesto, su abogado Juan Velázquez, que no perdió ocasión para afirmar que Echeverría “fue un gran presidente” (Sandra Rojas, “Luis Echeverría fue un gran presidente, es pronto para que la historia lo juzgue: Juan Velázquez”, Milenio, 9 de julio de 2022).

Como ironía del destino, cabe recordar que la última aparición pública de LEA se dio en las instalaciones del Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria, el 16 de abril de 2021, lugar en el que le fue aplicado el segundo refuerzo de la vacuna Covid-19. Ironía porque en su visita previa a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), salió por piernas y descalabrado gracias al buen tino de un estudiante que le lanzó una piedra el 14 de marzo de 1975, cuando creyó que ya se habían olvidado los agravios cometidos en contra de las y los estudiantes. Como sea, algo de justicia hubo para quien tuvo 54 años, dada su longevidad, para pensar en lo que hizo lo que al final le llevó a vivir recluido en su casa como un “apestado”, después de sus “gloriosos” años de vida pública.

Hasta aquí, no da para la comparación entre el presidente López Obrador y el expresidente Echeverría Álvarez, como pretenden los adversario-enemigos del primero. No se puede negar, sin embargo, que es posible encontrar algunas coincidencias entre ambos mandatarios, si se relee con atención el texto de Daniel Cosío Villegas, El estilo personal de gobernar (Joaquín Mortiz, 1979). Vayan aquí algunas citas:

Hay hombres que justamente por razón de su temperamento, de su carácter, de sus prejuicios, de su educación, de su experiencia, cubren su personalidad con un manto protector poco menos que impenetrable. En el extremo opuesto están los que del modo más natural enseñan cuanto son, y cuanto quieren, y que, además, no pueden ocultarlo aun si se propusieran hacerlo” (p. 12). De este tipo son LEA y AMLO. El primero represor y el segundo amante de la paz y los abrazos.

Recién llegado al poder, el 12 de diciembre de 1970, para ser exactos, declara (LEA) que no piensa salir al extranjero durante los dos o tres primeros años de su gestión, porque se proponía ‘viajar intensamente, pero dentro del país’” (p. 88). Lo mismo declaró AMLO al llegar a la silla presidencial, para quien “la mejor política exterior es la interior”.

Destaca asimismo una diferencia:

Puede considerarse como imposible que un hombre, así sea de singular talento, de cultura enciclopédica y con un dominio magistral del idioma, pueda decir todos los días, y a veces dos o tres al día, cosas convincentes y luminosas. En este caso particular resulta mucho más remoto porque la mente de Echeverría dista de ser clara y porque su lenguaje le ayuda poco (p. 36). A diferencia de AMLO quien siempre tiene algo que decir. Como muestran las Conferencias “Mañaneras”.

De hecho, coinciden también en la fuente inagotable de energía física y de férrea voluntad que parece alimentarles. Pero de nuevo, hasta aquí, no hay argumentos para descalificar a López Obrador por los hechos negativos que LEA cometió. Si acaso se insiste en la comparación bien podría hacer referencia a las instituciones creadas por Echeverría, mismas que cambiaron para bien el rostro de un país, con aquellas políticas públicas (pensión a personas adultas mayores, becas a jóvenes) y obras (un aeropuerto, una refinería, un tren) realizadas y en proceso de realización que ya han transformado para mejor la cara de México.

Sin embargo, no es por ahí que pretenden caminar quienes le odian o, al menos, rechazan. Basta con echar una mirada a Twitter para encontrar tuits como estos: “#Opinión A partir de Echeverría, los presidentes abrazaron la impunidad porque les convenía. AMLO no es la excepción.- Denise Dresser (@DeniseDresserG) vía @reformaopinion”; “Juan Ignacio Zavala @JuanIZavala Por supuesto hay parecidos entre AMLO y Echeverría: el nacionalismo ramplón, la demagogia, el gusto por el pleito, su enfrentamiento con los empresarios y hasta con los estudiantes de la UNAM… Mi texto en El Financiero”. Un matiz, en favor de Echeverría, que hace con otro tuit Raúl Trejo Delarbre: “Es equivocado compara a López Obrador con Echeverría. AMLO dilapida el gasto público en obras innecesarias, LEA incrementó el gasto social. AMLO persigue científicos, LEA creó el CONACYT. AMLO desprecia a las clases medias, LEA tendió puentes con ellas”. Podría decirse, que Delarbre pasó por alto un pequeño detalle, LEA hizo todo eso después de masacrar a los hijos e hijas de esa clase media.

Para no sesgar, cabe reproducir aquí una cita más de Cosío Villegas, pero esta vez seleccionada por el analista político José Antonio Crespo para continuar con la comparación entre AMLO y LEA:

El presidente Echeverría […] no está construido física y mentalmente para el diálogo sino para el monólogo, no para conversar, sino para predicar. Mi conclusión se basa en la desproporción de sus reacciones o las de sus allegados ante la crítica, y en la pobreza increíble de los argumentos con que la contestan (sin citar la página).

Como otros, diversos son los medios utilizados por Crespo para hacer llegar su opinión: Una entrevista de radio, un artículo periodístico y tuits como el mencionado. En entrevista sabatina (hecha por el conductor Jaime Núñez en Radio Fórmula Noticias, el sábado 9 de julio de 2022), al otro día de la muerte del expresidente, Crespo dejó ver que Echeverría, antes que López Obrador, llevaba acarreados al Zócalo, “como se utilizaba y se sigue utilizando”, en este caso como muestra de apoyo por la agresión recibida en la UNAM y ya mencionada.  Pero lo más importante y que se parece a lo que hoy ocurre se da en materia de economía:

Empezó a tomar medidas él sin tomar en cuenta la asesoría de los expertos y evidentemente muchas de esas medidas fueron inadecuadas, incorrectas, hicieron daño a la economía eeeeh, pues un poco parecido a lo que ocurre hoy también ¿no? […] los asesores no pueden asesorar […] y o acatan lo que les dice o se salen como fue el caso de Carlos Ursúa (secretario de Hacienda que en esta administración denunció a su cargo).

Crespo asume que es una anomalía que alguien del gabinete renuncie o sea renunciado, como si no fuera algo común en toda administración.

Y continúa:

Él ‘también’ llegó un poco con este populismo que conocíamos de América Latina en donde habla mucho en favor de los pobres. Muy en contra de los empresarios a los que llamaba ‘riquillos’. Según él iba a cambiar dramáticamente el régimen, hablaba de una cuarta etapa de la Revolución Mexicana … sí, sí… hablaba en contra de los riquillos, hablaba de una especie de mafia del poder, pero que decía los ‘emisarios del pasado’ que era, pues lo que hoy conocemos como la mafia del poder. Eeeeh hablaba mucho, mucho con ese tono, con ese discurso que consideramos populista. Recorría todos los días así distintas localidades […] entonces sí se conoce como un populismo más o menos típico.

Destaca su afirmación en torno a que la pobreza y la desigualdad que hoy se denuncia como producto del neoliberalismo estaba peor en los tiempos de Echeverría, por lo que podría decirse: no hay nada nuevo bajo el sol. Sin decirlo, Crespo relacionó estos hechos con las estrategias recientes de AMLO. Posturas que se ocupado de reiterar en Twitter y en su artículo “La ‘cuarta Transformación’ de Echeverría” publicada por El Universal.

Podría preguntarse ¿si hablar de los pobres fue privilegio exclusivo de Echeverría? ¿si los pobres han dejado de existir y AMLO solo se remite a ellos como un mero recurso retórico? ¿si la expresión “emisarios del pasado” no hacía referencia al sexenio previo al de Echeverría, recurso por demás muy socorrido entre priistas, que como una regla no escrita mostraban al presidente saliente como responsable de todo lo malo ocurrido durante su administración y al mandatario entrante como quien iba a renovar el pacto social y a componer lo descompuesto por su antecesor? ¿si la referencia a la “mafia en el poder”, a diferencia de la expresión anterior, remite a aquellos grupos políticos y económicos que han hecho de la política un gran negocio privado y no a un expresidente que debería cargar con todas las culpas del pasado reciente? Me parece que Crespo, como otros y otras, deja de lado, de manera conveniente, dos contextos históricos rotundamente diferentes.

No hay espacio aquí para rebatir cada uno de los elementos que sostienen la comparación forzada que los “emisarios del pasado”, ahora sí aplicada a la “mafia en el poder”, hacen en torno a Luis Echeverría y López Obrador, por lo que baste decir que de manera conveniente construyen entelequias útiles discursivamente, pero sin efectos en la práctica.

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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