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Donald, tenemos un problema. Autor: Ricardo Bravo

noviembre 5, 2026
Donald, tenemos un problema. Autor: Ricardo Bravo

Autor: Ricardo Bravo


“Obama deportaba más inmigrantes” es la frase que utiliza la izquierda mexicana para relativizar los males del Partido Republicano y demeritar las pocas victorias del Partido Demócrata en los Estados Unidos. Este “llamado a la mesura” no es de gratis; viene de una historia compartida, de vecindad, de una desigualdad de poder que ha significado intervencionismo, mucho, dictar el paso, en veces más y en veces menos, de una estrategia de congraciación por parte del gobierno mexicano y de los demás gobiernos del continente con la otrora potencia mundial, que ya solo regional. Esto, sin importar el color con el que se pintara la Casa Blanca en diferentes periodos históricos. Yo también creo que este llamado a la mesura es importante.


Sin embargo, “tomar con un grano de sal” las diferencias entre los partidos en los EE.UU. no equivale a no reconocer las que realmente existen. Una de las cosas que les aseguro que NO diferencian a estos dos partidos es que los intereses de los Estados Unidos siempre prevalecen sobre los de los demás países (con excepción, quizás, de los de Israel). Por eso, los famosos memes de un avión estadounidense tirando bombas republicanas o el mismo avión tirando bombas con la bandera LGBT+. Claro, esto es una caricaturización del tema. Pero lo que se esconde detrás es la sensación de la gente de que la política exterior estadounidense cambia poco, independientemente del partido que la lleve a cabo.


Sin embargo, está el otro lado de la moneda. Tomemos el ejemplo de la frase hecha: “Obama deportaba a más inmigrantes”. Factualmente esto es cierto. Quizás no por mucho tiempo, pero eso no es lo importante.

Lo que considero más relevante es la percepción de las comunidades migrantes bajo el gobierno actual. La retórica del enemigo, que se les ha echado encima a nuestros connacionales, a sus descendientes y a los demás migrantes, tiene costos altísimos para sus vidas. Las escenas performativas de los ais(ICE)esinos en las calles no pueden borrarse.  El miedo anda en todas las esquinas y los ataques de odio contra los latinoamericanos han aumentado dramáticamente. El número de deportaciones es relevante, pero no nos cuenta la historia completa. La política migratoria de Trump es diferente a la de los demócratas y no ganamos nada con esa comparación simplona.


Por eso, porque creo que hay diferencia entre unos y otros, es que creo que es importante una celebración (acompañada con el llamado de mesura aquí defendido) sobre los resultados de las elecciones de medio término en los Estados Unidos. Creo que, aunque muchas cosas no vayan a cambiar, habrá aspectos que mejorarán lenta y parcialmente para las personas que viven en ese país. Y esa deformación de fábrica que tenemos en la izquierda, que dicta que debemos preocupación por el bienestar de las personas, nos obliga a hacer una media mueca sonriente por los mexicanos, todos los migrantes y las minorías en ese país.


No me detengo en números, pero el resultado de las elecciones del martes implica que el electorado arrebató a Trump el control del motor de la nave y lo dejó únicamente con el del timón. “Únicamente” quizás es decir demasiado: tener el control del timón de una de las potencias mundiales no es poca cosa, se puede hacer mucho daño con el control del timón, pero innegablemente el campo de maniobra para Trump se redujo. Sí, más o menos a esto se parece la pérdida de la mayoría en el Senado y en la Cámara de Representantes para los Republicanos.


Me interesa hacer énfasis en 4 temas después de estos sorpresivos resultados: la fuerza latinoamericana, el papel de los jóvenes, la guerra con Irán, y la influencia de Zohran Mamdani en la carrera. Primero, el cambio de rumbo del voto latinoamericano quedó evidenciado en los resultados del sur del país. El tema de la migración es uno que ya está y seguirá enmarcado por la posición republicana. Los demócratas la aceptan sin chistar y las encuestas indican que la mayoría de la población está conforme con lo hecho hasta el momento. Los latinoamericanos no fueron la excepción; en la segunda elección de Trump se volcaron en apoyo a la idea de detener los flujos migratorios, de esos, que se parecen a nosotros, pero que llegaron más tarde. Ni modo. Pero los insultos y la degradación del estatus de la comunidad desde el púlpito presidencial, así como las puestas en escena de los ais(ICE)esinos fueron demasiado para una comunidad que dista mucho de ser de las “favorecidas”. Se dieron cuenta de que no podían apuntar con el dedo y decir: ¡Agárrenlos! No, cuando el dedo que apuntaba era también moreno. Por lo pronto, el voto latinoamericano dio una vuelta de 180 grados. Ojalá que de esta experiencia les quede algo de conciencia comunitaria. Porque la avanzada contra la comunidad no va a parar.


La generación Z sigue siendo el motor de la discusión política en el mundo. ¿Ven ustedes también la ironía? ¡La generación de cristal! ¡Los sobreprotegidos por sus padres! ¡Los que no quieren trabajar y solo buscan experiencias placenteras! Ellas y ellos, quizás hartos de los motes y prejuicios, de la condescendencia, tienen a Europa de cabeza. Los casos más mediáticos son las juventudes francesas, españolas y serbias.

Veremos cuáles son los efectos de las movilizaciones de las dos primeras. La tercera ya derrocó a un gobierno autoritario y ahora hará malabares para gobernar. Pero también está el caso de Brasil. Contra todo pronóstico, y con el papel protagónico de las juventudes brasileñas, la izquierda logró una heroica remontada contra el candidato progolpista y ahora fugitivo de la justicia, Flavio Bolsonaro. Luis Ignacio Lula da Silva, el más grande animal político de mi generación, debe, sin lugar a duda, su 4.º mandato a las juventudes de su país. Ante estas hazañas, las redes sociales se preguntaban: ¿Dónde están las juventudes estadounidenses? La respuesta vino con las urnas, con una gran mayoría de ellas y de ellos votando por candidatos “poco ortodoxos”. Incluso los jóvenes, varones, blancos, votaron en su mayoría por candidatos demócratas. La manosfera contra Trump. Otra mueca sonriente se me escapa.


Más allá de la parte de verdad que tiene el dicho popular que afirma que en la guerra nunca hay ganadores, sabemos cuáles eran los parámetros para medir el “éxito” de la guerra que iniciaron por sus polainas Trump y Netanyahu contra Irán.  Para Trump, estaba en mostrarse fuerte, acabar rápido con el enemigo, imponer a un títere de la monta de Delcy Rodríguez, para asegurar más control en la región y sembrar más éxitos electorales. Para el régimen iraní, el “éxito” consistía en que esas cosas no se concretaran. Pura y simplemente. Entramos en el noveno mes de la guerra que no es guerra. Y sí, Estados Unidos perdió la guerra contra Irán. No solo no lograron los objetivos planteados, sino que también han dañado gravemente su economía y la de todos los países del mundo. Los ciudadanos de este país recienten ese aspecto quizás más que cualquier otro y han mostrado su descontento, como siempre, dirán los que saben, con la economía. Trump ya nos demostró que no puede con el enemigo: o se retira de la región para tratar de rescatar algo de lo perdido, o se aferra y, muy probablemente, pierde las elecciones del 28.
Antes de octubre de 2024, habría sido poco probable que el foco de una campaña electoral de los demócratas fuera un solo concepto: “affordability” o asequibilidad. 

Pero la campaña de Zohran Mamdani mostró que ese concepto único resonaba con la gente. Lo del alcalde de Nueva York es de analizar: su campaña estaba mandada a hacer para resaltar su posición religiosa y cultural particular, para ser una campaña identitaria, woke. No negaré que algo de eso tuvo. Pero su enfoque fue más bien el de alguien preocupado por los temas económicos de los de abajo, sin importar las diferencias. Fue más socialista que progre.

Se centró en la falta de asequibilidad. Las elecciones del martes, con sus diferencias entre estados, estuvieron marcadas por ese concepto. Las elecciones tuvieron un tufo Mamdani. Pero no solo en ese aspecto. En su campaña, el alcalde también puso en el centro del debate el genocidio en Gaza y la discriminación contra los musulmanes. Varios candidatos electos en las elecciones del martes ya critican abiertamente las acciones del gobierno israelí y el lobby extranjero que inyecta miles de dólares en las campañas gringas. Y, finalmente, el senador electo de Michigan, Abdul El-Sayed, se enfrentó a la discriminación que padeció Mamdani, pero en esteroides. Con elocuencia e ingenio, el senador electo peleó y batió de manera más frontal la discriminación de nuestros tiempos: la que convierte en “ellos” a los musulmanes y en “nosotros” a los “judeocristianos”. Esta dicotomía marcará la política de los países desarrollados en los años venideros. Por lo pronto, ganó el mejor.


También por lo pronto, y dado lo anterior, yo celebro con muecas mesuradas.

Ricardo Bravo

Internacionalista por el Colegio de San Luis, maestro en filosofía política por la Univeridad Pompeu Fabra en Barcelona. Candidato a doctor en teoría política por la Universidad Centroeuropea en Viena. Instagram y Threads: Parteaguas.mex

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