Del Mar de los Sargazos al turismo depredador. Autor: Iván Uranga

El Mar de los Sargazos se convirtió por derecho en la metáfora del fin del mundo,
hoy nos envía a sus islas como heraldos negros.
Iván Uranga

“En este momento, miles de toneladas de algas están invadiendo México. Los grandes empresarios turísticos de Cancún, el Ejército Nacional, la Armada de México y el Presidente de la República Mexicana, están defendiendo la patria, contra el terrorífico sargazo que ataca las blancas playas del Caribe mexicano e impide que miles de turistas disfruten de su descanso y diversión y que derramen miles de millones de pesos a la industria hotelera. Para retirarlas, el Gobierno de México invierte miles de millones de pesos”. Este absurdo discurso es la lógica con la que se atiende la llegada masiva del sargazo a las costas de la península de Yucatán, la realidad es que el sargazo es más vital para la sobrevivencia humana que el turismo.

El sargazo es un tipo de alga marrón, hay diferentes tipos de algas rojas, azules y verdes; este tipo es café, marrón, pardo, es un alga morena, como nuestra piel y es una planta que nace naturalmente en el medio marino, se caracteriza por poseer unas estructuras llamadas aerocistos, que son unas pequeñas bolas llenas de gases que ayudan al sargazo a flotar, es la razón por la cual esta alga permanece en la superficie del mar.

  • El sargazo no es el problema, el problema somos los humanos.

El sargazo tiene la peculiaridad de alimentarse de los contaminantes en el mar, es responsable de limpiar deshechos humanos en el mar y el cambio de su comportamiento se dio a partir de 2011, a causa del cambio climático provocado por los contaminantes humanos. Esto ha provocado que las corrientes y vientos marinos cambien, no sólo por el incremento global de la temperatura, sino porque la Tierra poco a poco va cambiando su eje de rotación por la migración de masa, principalmente hacia el norte del planeta; todos los recursos naturales que las naciones “más desarrolladas” han robado “legalmente” a las naciones “menos desarrolladas” tienen un peso determinado, que al ser trasladado a otra región del planeta desestabiliza su eje, esto es muy fácil de comprobar: tome usted una pelota de goma y haga que gire sobre su eje, ahora quite un pequeño pedazo y ubíquelo en una parte diferente de la misma pelota y vea cómo se comporta su nueva rotación, si a su pelota no le puede tomar un pedazo, sólo péguele un chicle. Ahora imagine las miles de millones toneladas de minerales, agua, hidrocarburos y personas que han migrado al norte del planeta en los últimos 50 años, así le será fácil entender por qué los polos están cambiando, por qué la temperatura está cambiando, por qué las mareas y los vientos están cambiando.

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Durante millones de años, el sargazo, gracias a las corrientes y vientos se acumulaba en el famoso Mar de los Sargazos, ubicado, digamos que a la mitad de la parte baja del océano Atlántico (entre los meridianos 70º y 40º O y los paralelos 25º a 35º N), y que cuenta con el honor de ser el único mar en el mundo que su delimitación no está determinada por una masa territorial, sino por sus características biológicas y que desde tiempos ancestrales ha servido para leyendas, mitos marinos y literarios en todo el mundo.

“Aquí hay un mar de calma chicha, un mar sin vientos”, dijo en septiembre de 1492 Cristóbal Colón al describir el Mar de los Sargazos famoso por ocasionar graves problemas a la navegación que dependía de los vientos y durante siglos, tuvo la fama de ser cementerio de barcos, por lo que se ganó la fama de ser el “fin del mundo”, el lugar de donde no se podía volver. Esa imagen ha sido usada innumerables veces, por  ejemplo:

Donna Tartt hace alusión al mismo en su libro El jilguero, como metáfora de una habitación a la que van a parar objetos desterrados de otras habitaciones;

Alice Munro en su libro La vida de las mujeres, hace mención varias veces al conocimiento de este mar como prueba de inteligencia entre niños;

William Hope Hodgson ambientó en el Mar de los Sargazos varios de sus cuentos de terror marino, en un estilo similar al de H.P. Lovecraft;

Horacio Quiroga menciona al Mar de los Sargazos en su cuento Los buques suicidantes;

El «mar super sargazo» es la dimensión donde van las cosas perdidas, según propuso Charles Hoy Fort, escritor e investigador de fenómenos anormales;

Arthur C. Clarke lo nombra en 2001: A Space Odyssey;

Ernesto Sabato lo nombra en Sobre héroes y tumbas, también lo compara con una fortaleza infranqueable;

Julio Cortázar lo menciona en Prosa del observatorio 9 veces;

Jean Rhys titula su segunda novela, Ancho mar de los Sargazos;

Julio Verne lo describe en su novela Veinte mil leguas de viaje submarino;

El poema Retrato de una dama de Ezra Pound abre con este verso: «Tu mente y tú son nuestro Mar de los Sargazos»;

En el universo de Marvel 1602, los Cuatro Fantásticos, aquí llamados “Los Cuatro del Fantastick”, adquieren sus poderes luego de navegar por el Mar de los Sargazos;

En Instrucciones para un descenso al infierno, la Premio Nobel británica Doris Lessing nacida en Irán, narra las desvariadas aventuras de Charles Walkings, condenado a navegar entre las corrientes que van a dar al Mar de los Sargazos;

En la serie animada Jonny Quest de 1964, el episodio Mystery of the Lizard Men transcurre en este mar;

Hay hasta quien afirma que el Mar de los Sargazos son los vestigios de la Atlántida o refugio de extraterrestres. 

Así como estas, debe haber miles de citas más al Mar de los Sargazos en la cultura de todo el planeta, que es también el lugar en donde se reproduce y nace la anguila común (Anguilla anguilla) muy admirada por el mundo y apreciada por la comida gourmet. Pero el sargazo no sólo limpia al mar de nuestra suciedad, también es junto con todas las algas del mundo las mayores productoras de oxígeno de todo el planeta, contrario a la creencia popular de que son los bosques los mayores productores de oxígeno. Sólo el Mar de los Sargazos produce más oxígeno que todos los bosques y selvas del mundo, incluido el Amazonas, así que si alguna zona del mundo merece el título de “los pulmones de la tierra” es esta.

Si el planeta está produciendo más algas, es porque necesita más oxígeno, así como los afectados por el coronavirus pueden dar fe de la importancia de respirar, el planeta debe defenderse de nosotros.

El sargazo es fuente de vida para todas las especies del planeta y en sus islas son millones de seres los que coexisten en equilibrio, absorbe bióxido de carbono y como crea sombra en el inmenso mar, es como un  árbol frondoso en donde millones de peces pequeños pueden descansar del sol, así de vital es para millones de especies marinas y fundamental para la vida y equilibrio en el planeta.

Esta alga se da alrededor de todos los trópicos en todo el mundo, creando grandes islas flotantes que dependiendo de las corrientes marinas es a qué parte del planeta van a dar; el problema para los empresarios turísticos, es que cuando llegan a la costa se estancan y se amontonan en las playas en donde mueren, impidiendo que un turista rico disfrute de la playa y que pueda consumir a gusto para que les deje grandes ganancias a muy pocos. Habrá quien defienda los intereses de los empleados pobres que viven del turismo, pero ellos son los menos beneficiados.

El gran turismo es depredador, basta ver lo que han hecho con los grandes atractivos del mundo,  Machu Picchu, Venecia, París, Barcelona, Brujas, Santorini, Guanajuato, Tepoztlán, Acapulco, Cancún, Vallarta, Xochimilco y todas y cada una de nuestras zonas arqueológicas; la publicidad y los prestadores de servicios turísticos les han hecho creer que como pagan tiene derecho a llevarse un pedazo de nuestra belleza y digo un pedazo, porque cada turista que abusa, tira basura, hace ruido y no respeta la tierra ni a la vida en ella, se roba un pedazo de vida; cada una de estas playas y zonas era el hábitat de millones de especies, que poco a poco van extinguiéndose. Una tortuga marina sólo puede poner huevos en el lugar justo donde nació, cuando nace junto con sus 100 hermanas van al mar y muchos años después regresan justo al punto en donde nacieron para poner sus huevos, pero en esa playa ahora hay un hotel, servicios turísticos y turistas, por lo que mueren junto con sus crías que no pudieron sembrar, así en cada micro pedazo de la Tierra que contaminamos va extinguiendo la vida y como todo depredador, el turismo agota la belleza de un lugar y se migra a otro argumentando que ya no está de moda ir a tal playa o lugar; Comodidad, moda, fiesta, consumo a cambio de vida, ¡Vaya negocio!

El turismo, ni los prestadores de servicios turísticos, producen nada, sólo viven de la explotación de la vida, de la riqueza que produce la tierra para “ganar dinero” que más les valdría comenzar a hacer dinero comestible, porque como van las cosas, sólo quienes producimos nuestra comida y cuidamos nuestra tierra tendremos alimentos, y los que producen dinero, tendrán que aprender a comerlo.

Si al gobierno realmente le interesara el bienestar de los mexicanos, habría construido una serie de plantas para procesar el sargazo que llega a nuestras playas, desde hace 10 años que comenzó el problema, porque con todo ese sargazo se puede producir el suficiente abono orgánico para fertilizar todas nuestras tierras y poder tener cosechas sanas y abundantes para lograr la tan anhelada autosuficiencia alimentaria y en esta temporada de sargazo (como ahora le llaman) en lugar de ser un drama, sería motivo de fiesta, se cerrarían las playas unos días mientras se recoleta, para después dejarlas limpias para que el turismo depredador y los empresarios turísticos se regodeen en ellas. Turismo que debiera firmar un documento con implicaciones legales -por ejemplo- en el que se comprometa a respetar el medio y las costumbres de cada zona.

Hasta los empresarios debieran invertir en este tipo de soluciones, pero les es más cómodo que el gobierno gaste miles de millones de pesos en “limpiar sus playas” para que sean ellos los que obtengan las ganancias.

El principal problema es que la instancia encargada de atender la crisis es la Armada de México, y como toda agrupación militar, está entrenada para aniquilar al enemigo, y en el caso del alga, ella es su enemigo, ya hasta usan supercomputadoras e imágenes de satélite, donde la Secretaría de Marina elabora mapas para pronosticar la deriva de bancos de sargazo y combatir su arribo a las costas del Caribe mexicano. Por lo pronto les comento que no es un terrible enemigo al que deban temerle, porque no hace daño, más allá de irritar a pieles blancas hipersensibles.

De forma independiente, algunos mexicanos con ingenio y ganas de producir, ya están haciendo fertilizante, artesanías, cuadernos, zapatos y casas con el sargazo, usándolo como un hermoso material orgánico, que procesado también es una fuente inagotable de alimento.

Los seres humanos con nuestro comportamiento depredador, estamos acabando hasta con las fuentes de inspiración literarias, porque ahora hablar del Mar de los Sargazos ya no es hablar de un lugar místico, legendario y remoto en donde se puede viajar a otras dimensiones, hoy hablar de sargazos es tan profano y vil, como quitarle la comodidad al turismo. Podemos cambiar; imaginen que en lugar de pensar en la temporada de sargazo como una calamidad, lo convirtamos en una fiesta, porque en realidad lo que llega a nuestras costas son miles de toneladas de comida, abono, zapatos, cuadernos y casas. No sé, piénselo.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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