De Coahuila a Guanajuato, avisos mortales

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Foto: Nayeli Solorio/OEM-Informex.

La Secretaría de Salud del estado informa que el año pasado, “más de 357 suicidios (fueron) consumados en los 46 municipios”, mientras aún no alcanzan a entender (ni atender) las problemáticas ligadas a las conductas violentas

Por Verónica Espinosa de POPLab

Quienes creían que en México no podría presentarse un incidente como las masacres en escuelas de ciudades de los Estados Unidos -de mayor o menor magnitud- aún no alcanzan a entender tres cosas:

  1. Los profundos alcances de la desesperanza y el desafío al proyecto de vida que significa la violencia para las y los jóvenes.
  2. La corrupción y el solapamiento brutal para el tráfico de armas entre Estados Unidos y México.
  3. La indolencia que por sexenios ha prevalecido para atender la salud mental de las y los mexicanos en los sistemas de salud públicos y privados.

Un menor, en una condición mental que ignoramos pero de la que se conocen ya algunas pistas derivadas de su entorno familiar y social, obtiene armas y acude a su escuela con el propósito de lastimar a otros y después quitarse la vida.

Y lo logra, porque nadie previó, nadie creyó, nadie esperó, nadie hizo algo cuando pensó que podía ser posible.

El Colegio Cervantes en Torreón fue el escenario de esta historia, en la que el menor que disparó contra su maestra, sus compañeros y contra él mismo, tiene esa doble calidad de víctima y victimario.

Es importante entenderlo así en un país que nos enseña su cara violenta todos los días, la que leemos en los medios de comunicación y la que vivimos dentro y fuera de los hogares; a la que contribuyen la falta de acceso a la justicia, la inequitativa distribución de la riqueza, la corrupción, tanto como la ausencia de tolerancia, la falta de solidaridad, la indolencia social y desde el servicio público…

Precisamente, en lógicas como la del gobernador de Coahuila Miguel Riquelme, quien le achacó la inspiración de la tragedia en videojuegos violentos (sólo una parte del entorno del menor) parecen inspirarse autoridades en Guanajuato, que a estas alturas pretenden seguir haciéndonos creer que la violencia es circunstancial, que los homicidios son nada más entre “los malos” y que nada pueden hacer frente a los grupos criminales, sino esperar a que “se maten entre ellos” y llegar a abrir una carpeta de investigación.

Mientras se pierden en ese discurso rebasado por el día a día, esas mismas autoridades atienden de manera coyuntural, a ratos sí y a ratos menos, otras problemáticas íntimamente ligadas a aquellas. Al meollo: la Secretaría de Salud del estado está informando que el año pasado, “más de 357 suicidios (fueron) consumados en los 46 municipios”.

El dato entrecomillado corresponde a un comunicado de la dependencia, que lo más que hace en este boletín es destacar que por ese panorama, el Consejo de Salud Mental del estado va a promover la Red de Servicios de Salud Mental de Guanajuato, que supuestamente está integrada por 450 psicólogos, 52 psiquiatras, 179 unidades de salud mental y 810 profesionales de la salud mental.

Amén del impreciso “más de 357 suicidios” (¿serían acaso 358?), la propia Secretaría de Salud que encabeza Daniel Alberto Díaz Martínez (quien ocupa este cargo desde fines del sexenio pasado, no olvidemos) menciona que en el año 2017 el estado presentó una tasa de 9.5 suicidios por cada cien mil habitantes, eso es casi el doble de la tasa nacional de ese año, que fue de 5.8 suicidios por cada cien mil habitantes.

Con ese precedente y el número de los “más de 357 suicidios” del año que apenas terminó, sorprende que ahora el Consejo Estatal de Salud Mental se decida a “impulsar” la red de servicios de salud mental. Como que desde hace varios años la política de salud mental del estado debería estar en ese “impulso” sostenido y no coyuntural, ¿o no?

Tampoco es que esa “Red de servicios de salud mental” sea ampliamente conocida por las y los guanajuatenses. Un par de boletines no hacen verano; una campaña amplia y que llegue a todos los segmentos de población sería un buen comienzo…claro, si ya previo a ello esa red opera como se presume.

Sorprende más porque el entorno en el estado no es ya de por sí fácil para la salud mental de nadie; mucho menos de las y los jóvenes.

El discurso de las autoridades soslaya la violencia y la inseguridad como factores que, junto con otros problemas y situaciones personales, sociales, económicos, familiares, inciden en la conducta suicida de una persona, de un adolescente, de una niña o un niño.

“Impulsar” la justicia, la seguridad y la paz, junto con la red de servicios de salud mental y una política pública permanente y prioritaria, es lo que falta.

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