Crónica de un cacicazgo anunciado. Autor: Tomás Gómez

El domingo pasado bastaba ver el semblante del recién ungido gobernador Ricardo Gallardo en la toma de protesta, poses e ínfulas de superioridad que mostraba públicamente al saberse inmune a las acusaciones de enriquecimiento ilícito que pesan sobre él. Desde ya, se generó un derroche de recursos innecesario en la Plaza de los Fundadores, aquel espacio histórico reconocido por los potosinos en las luchas cívicas de antaño en las que participaron hombres y mujeres navistas, obreros, campesinos, estudiantes, espacio ahora envuelto en diferentes circunstancias.

En una tierra caracterizada por los cacicazgos que, desde el siglo pasado con Saturnino Cedillo, Gonzalo N. Santos y Carlos Jonguitud ostentaron y crearon sus redes de poder local casi incuestionable siempre con la complacencia de las autoridades federales, ¿será acaso este el inicio de un nuevo y fortalecido cacicazgo gansteril conocido como la Gallardía bajo el amparo de la 4T?

Nadie tiene una bola de cristal para determinar lo que viene para San Luis Potosí, pero sí tenemos pistas, tenemos memoria y sobre todo conocemos en qué forma opera el grupo caciquil que se adueñó en primera instancia del PRD local y cuando éste dejó de servirles, mutaron a verdes bajo las farsantes siglas del partido que hoy representa, ni verde, mucho menos ecologista. El jolgorio popular que vimos el pasado domingo será la constante de este gobierno, festivales matraqueros y ferias gratuitas, obras hasta innecesarias, pero de cierto relumbrón mediático (como la recién anunciada remodelación para el Parque Tangamanga I) todo ello, al estilo romano: al pueblo, pan y circo.

Hoy San Luis Potosí pareciera que carece de rumbo, seis años estuvimos a la deriva (por no decir más tiempo), fuimos víctimas de la podredumbre imperante en la política local y que fue, precisamente, el motivo que abrió el telón para llenar el vacío de poder generado por un gobierno castrado, inoperante, que deja al Estado en el letargo y abandono total. Tramposamente, Ricardo Gallardo supo aprovechar las circunstancias, aunado al evidente rebase en el tope de gastos de campaña y, usurpando para sí, el eslogan “Juntos haremos historia” para identificarse como miembro honorario del gobierno de la Cuarta Transformación. Esto último gracias la truculenta maniobra que realizó la camarilla de Mario Delgado para debilitar a Morena en el estado para -por debajo de la mesa- apoyar indirectamente al plumífero junior de los Gallardo.

📱 Suscríbete a #AstilleroInforma en Telegram y recibe las noticias

Anuncio

En país de ciegos, el tuerto es rey, y vaya que el mensaje es claro, Gallardo conformó un gabinete no por las personas más capaces, sino las leales, serviles e inclusive reconocidas como partícipes comprobadas de actos de corrupción, tal es el caso del nuevo secretario de gobierno, Guadalupe Torres Sánchez. Además, es de llamar la atención, la omisión del titular de la Secretaría de Cultura, si es que aún existe esa dependencia. Caso aparte y muy preocupante para la comunidad no sólo la académica, es el nombramiento de Rafael Aguilar alias El Chiquilín como director del Archivo Histórico del Estado de San Luis Potosí; este funesto y folclórico personaje no cuenta con la mínima preparación para un cargo de esa magnitud, bien lo menciona un conocedor del acervo que la institución resguarda, mi amigo el historiador Óscar G. Chávez, que el patrimonio histórico documental corre un riesgo inusitado. ¿Qué esperar cuando el patrón del Chiquilín presume la obra incompleta de Historia de Méjico de Niceto de Zamacois como única? Dudo siquiera que haya leído uno de sus tomos. O cuando señaló en sus redes sociales pifias como que nos “liberamos del segundo imperio mexicano en 1866”. Caray, ese el nivel y la idea que se tiene de una historia, inservible, obsoleta y anecdótica, para lo cual no hacía falta pensar en alguien capacitado, sino en cualquier lerdo incondicional que se hiciera cargo de dicha encomienda.

Se vislumbran tiempos nebulosos. Sí, estábamos mal, pero nadie nos dijo que podríamos estar peor. Ojalá me equivoque, por el bien de San Luis Potosí.

Comenta

Deja un comentario