De Honduras a Tijuana hay 3 mil 500 kilómetros de muertes, violaciones, secuestros, desapariciones, esclavización y el #ÉxodoMigrante lo recorre todo, para llegar a la frontera de un pueblo que los espera para demostrar su odio.

Durante este largo periplo, estos miles de seres humanos han desnudado a nuestra sociedad. Este enorme espejo social formado por niñas, niños, hombres, mujeres, embarazadas, paridas y ancianas ha logrado ver reflejada en ellos la estructura mediática, política, judicial, social y valorativa de lo que somos como especie. Primero, nos mostró hasta dónde pueden llegar los intereses políticos y electorales de Donald Trump, al promover el éxodo y usarlo descaradamente en las elecciones intermedias; valió para descubrir el alineamiento total de los gobiernos de la región centro norte de América con Estados Unidos, nos mostró la descomposición valorativa de un segmento de la sociedad intolerante, xenofóbica y aprofóbica (que curiosamente son los mismos que salieron a manifestarse contra la consulta del NAICM y que aprovecharon la #Marchafifi para sacar sus carteles anti-migrantes), y nos mostró al gobierno mexicano como un Estado fallido en materia de derecho humanos, que si no es controlar y reprimir, no sabe qué hacer con los migrantes, ni con la pobreza.

Pero también nos mostró al México noble y tierno, que se volcó a la calle en cada palmo del territorio nacional a ayudar desinteresadamente a los migrantes, como pudo y con lo que pudo. Y pudo mucho, no faltó comida, agua, cobija, atención médica, pañales y hasta condones. Fue la sociedad civil organizada en cientos de organizaciones apoyada por ciudadanos, los que pusieron remedio a lo que el gobierno debe hacer. Pero este esfuerzo no deja de ser un parche, y aunque es un buen remiendo, como el del zapatero remendón de Juchitán que llegó a reparar sin costo los zapatos gastados y los ofrecidos a los migrantes, el pueblo de México se convirtió en un corazonero remendón, que con puntadas de ternura, comida, colchonetas, refugio, resguardo, canciones, teatro, lecturas, transporte y apapacho, le puso un buen parche a los corazones desgastados de los seres humanos que huyen de la “Capital del Homicidio”, como calificó el maestro Noam Chomsky a Honduras. Ellos huyen del despojo, destierro y entierro que les ofrece el neoliberalismo, para intentar llegar a la cuna del mismo neoliberalismo, con la única esperanza de ponerse del otro lado de la bota.

El que decenas de miles de migrantes crucen nuestro territorio no es algo nuevo, se calcula que alrededor de 5 mil personas diarias lo hacen sin documentarse; lo nuevo es que lo hagan en grupos tan numerosos para salvaguardar su vida. Sólo durante el peñato en México el Instituto Nacional de Migración ha detenido en la frontera sur a alrededor de un millón de personas que intentaban cruzar nuestro territorio sin documentación, y se calcula que sólo representa 10 por ciento de la migración real, este despliegue de recursos y eficiencia es parte del compromiso que se firmó en el “Plan Mérida” con USA y que bajo el pretexto de acabar con el narcotráfico, México emprendió una guerra de exterminio contra los migrantes centroamericanos, fungiendo de facto como el primero control migratorio de Estados Unidos.

¿Pero, qué le espera al éxodo migrante en la frontera de México con USA? Del lado mexicano les espera una mafia enfurecida porque a causa de su organización y visibilidad social, han perdido miles de millones de dólares en tráfico, trata de personas y narcóticos, que buscarán por todos los medios de recuperar. Y del lado estadunidense la negativa oficial a que crucen, los esperan miles de soldados y policías con la instrucción de asesinar, más las decenas de racistas convocados en las redes sociales para apostarse en la frontera con su armas a “defender a su patria de los criminales y terroristas” que según su presidente y líder son los migrantes, líder que no perderá la ocasión de crear una crisis fronteriza para presionar a su congreso a que le autoricen el recurso para su tan ansiado muro.

Debemos entender que los migrantes no van a parar, son seres tan desesperados que asumen el terror de cruzar el estado de Veracruz al que llaman “la ruta de la muerte”; y con razón, sólo en esta semana se documentó el secuestro y desaparición de más de 150 migrantes de la caravana, que al parecer fueron entregados por el gobierno de Miguel Ángel Yunes como cuota al crimen organizado y es tan crítica la situación en ese estado, que también esta semana se dio a conocer la intención de López Obrador de asistir el segundo día de su gobierno a declararlo en Crisis Humanitaria.

Ante esto, es urgente que México tome las medidas inmediatas para fortalecer el puente migratorio que ha creado ya la sociedad civil a lo largo de nuestro territorio, porque el éxodo migrante apenas comienza, y tendremos que tener todas las medidas para garantizar todos los derechos no sólo de sur a norte, sino de norte a sur, porque muchos intentarán regresar y muchos se quedarán. Tijuana es la frontera más transitada del mundo y por la que más migrantes sin documentos intentan pasar, por lo que se ha convertido en el plan “B” del éxodo y que necesitará al igual que toda la frontera una atención especial. Peña Nieto es parte del problema y hoy no hay gobierno, porque están más preocupados en ampararse y robar hasta el último clip antes de irse. Así que le toca a Andrés Manuel López Obrador, a su “pregobierno” y gobierno tomar las medidas inmediatas que garanticen una solución permanente a una situación que será permanente.

La exigencia de centenares de organizaciones civiles que conocen esta problemática es que el gobierno reconozca la protección internacional Prima Facie y que aplique el principio de Non Refuolement, es decir, que debe recibir de inmediato desplazamientos masivos de personas sin juzgar el origen y que bajo ninguna circunstancia pueden ser devueltos a su país si su vida está en riesgo. Asimismo, se deben garantizar todos y los mismos derechos para todos los seres humanos que estén en territorio mexicano, es decir, alimentación, educación, salud, trabajo, etcétera. Y que obviamente adquieran también todas las obligaciones. Pero no se trata de proteger para desproteger, así que bastante bien le haría al cien por ciento de los mexicanos que el gobierno les garantizara estos mismos derechos. México tiene la capacidad. Sin impunidad y sin corrupción es factible. Tan sólo los impuestos “perdonados” corruptamente a las macroempresas por el SAT son superiores a los 200 mil millones de pesos.

Es imperativa la no criminalización no sólo de los migrantes sino también de los defensores de los derechos humanos de los migrantes, que han sido objeto de violencia y amenazas sistémicas y sistemáticas. Por lo que urge la instalación de una mesa multisectorial que resuelva la crisis migratoria y que exista un consejo migratorio que transforme las políticas públicas, que eviten la criminalización de unos seres humanos ejerciendo su derecho humano a la movilidad, y otros su derecho a ayudar, es decir, debemos cambiar la idea de la seguridad pública que protege lo material y priorizar la seguridad humana y vital, que significa proteger la vida y la integridad de todos y de todo lo vivo.

México debe asumir su papel del hermano de corazón grande en América. Su pueblo, el corazonero remendón, se lo reclama con hechos, somos lo que hacemos y México como lo ha demostrado históricamente cada vez que se le requiere, es puro corazón.

“La solidaridad es la ternura de los pueblos”

Iván Uranga @CompaRevolucion iuranga@cnpm.mx

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