CONTRAATAQUE | ¿Cuánto pesa Emma? Autor: david pérez

david pérez | @davidperezglobal
Algo me hizo ruido mientras veía el tenis. Escuchaba en la transmisión de ESPN a Luis Alfredo Álvarez hablar de Emma Navarro y de los problemas de salud que habían marcado su temporada. Mencionó su aumento de peso y las dificultades que ello había supuesto para una deportista de alto rendimiento. Días después escuché a Pablo Carrillo de Grupo Imagen explicar el hipotiroidismo de la estadounidense, los cambios en su cuerpo y hasta las complicaciones que podría implicar encontrar un tratamiento compatible con las reglas antidopaje. Ninguno lo hizo con sorna. Al contrario, percibí cautela. Pero precisamente por eso algo se me quedó dando vueltas ¿por qué para explicar la enfermedad de una mujer estábamos hablando de su cuerpo y específicamente de su aumento de peso?
Emma Navarro se alejó durante dos meses del circuito por problemas de salud y posteriormente se conoció que padecía hipotiroidismo. Ella ha hablado de cansancio, de no sentirse bien física y mentalmente y de la necesidad de recuperar cierto equilibrio en una vida sometida a las exigencias del tenis profesional. Sin embargo, su regreso fue acompañado de comentarios sobre su peso, su forma física y la transformación de su figura.
No era solamente una impresión mía. La prensa internacional convirtió esa transformación en noticia. Eurosport escribió hace unos días sobre Navarro, que lo primero que llamaba la atención era su «morfología transformada» y que había ganado bastante peso. En redes llegaron comentarios diciendo que estaba fuera de forma o que debía comer menos. Otros medios han tenido incluso que advertir que no existe información pública que permita saber cuántos kilos ganó o perdió.
Entonces pensé en los tenistas hombres del circuito. Alexander Zverev juega desde niño con diabetes tipo 1. Andrey Rublev ha contado públicamente sus problemas de salud mental. Rafael Nadal pasó buena parte de su carrera conviviendo con lesiones y una enfermedad degenerativa en el pie. También hablamos de sus cuerpos. También explicamos medicamentos, dolores, tratamientos y limitaciones. Pero la elección de palabras es diferente.
El dolor puede fabricar héroes. Milenio presentó este mismo año a Zverev con una frase formidable: «La diabetes no le impidió triunfar». La historia habla del niño al que los médicos dijeron que quizá no podría practicar deporte de alto rendimiento y del adulto que demostró que estaban equivocados. Con Nadal el lenguaje es todavía más transparente, el mismo medio lo llamó una «leyenda forjada en el dolor». Su enfermedad, sus lesiones y el sufrimiento de jugar no degradan simbólicamente su cuerpo, por el contrario, construyen su grandeza. El cuerpo lastimado se convierte en el lugar donde el hombre demuestra carácter.
Sería fácil concluir que el periodismo deportivo sólo convierte a todos los hombres enfermos en héroes y a todas las mujeres enfermas en cuerpos defectuosos. Venus Williams ha sido narrada desde la disciplina con la que afrontó el síndrome de Sjögren, y Naomi Osaka, desde la valentía de hablar de su salud mental. La diferencia aparece con especial fuerza cuando la enfermedad modifica aquello que nuestra cultura lleva siglos vigilando en las mujeres, a saber: el peso, la figura, la apariencia.
El hipotiroidismo puede producir cansancio, dificultades para realizar ejercicio de manera constante y alteraciones de peso. Explicarlo no es sexista. Un especialista consultado recientemente por La Gazzetta dello Sport resumió con crudeza que una atleta con esta problemática puede comer como atleta, entrenar como atleta y aún así aumentar de peso. El problema no está en mencionar una consecuencia médicamente relevante. El problema comienza cuando esa consecuencia transforma el cuerpo femenino en objeto de inspección pública.
Cuando escuchamos que Zverev necesita controlar su glucosa para competir, admiramos que haya llegado a la élite. Cuando recordamos que Nadal jugó durante años con dolor, hablamos de sacrificio, resistencia y voluntad. Pero cuando una enfermedad modifica el cuerpo de Emma Navarro, descubrimos rápidamente que ha engordado. La enfermedad masculina puede convertirse en una prueba de carácter, el cuerpo femenino cambiando está expuesto a convertirse él mismo en noticia amarillista. El peso corporal femenino se convierte en tema de debate y no se habla del maravilloso torneo que hizo Emma Navarro y la forma espectacular en la que peleó deportivamente en muchos puntos.
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