El medio tiempo fue una pieza artística que puede ponerse al mismo nivel que el Guernica de Picasso.
david pérez | @davidperezglobal
El partido de la edición LX del Super Tazón de la NFL, en sí mismo, tuvo muy poca emoción. Eso favoreció a que la atención mediática se centrara aún más en el espectáculo de medio tiempo de Benito el bueno. El medio tiempo fue una pieza artística que, por su contenido y su recepción, puede ponerse al mismo nivel que el Guernica de Picasso. A la «alta cultura» le tocó soportar.
El arte es, básicamente, la expresión intencionada de una emoción o un sentimiento. En ese sentido, yo nunca había conectado con el reguetón. Las notas de un acordeón que luego dan paso a una balada norteña, los primeros compases de una cumbia de Tropicalísimo Apache o de La Sonora Everest pueden tocar mis fibras más sensibles y provocar muchos sentimientos. Muy tarde conocí la salsa, pero la versión colombiana la llevo en la piel de mi memoria. El reguetón no tenía el más mínimo espacio en mi historia musical… hasta este domingo.
In crescendo, San Benito de las Américas Unidas, como devotamente he empezado a llamarlo, me fue conectando canción tras canción en su show; su música fue un acompañamiento maravilloso para el performance que veíamos en vivo.
Los trabajadores de la caña me recordaron las luchas campesinas que en Puerto Rico, desde comienzos del siglo XX, organizaron huelgas para exigir alzas salariales, la abolición del trabajo infantil y la demanda de límites en las jornadas; aún en 2011, obreros del azúcar y el ron organizaron suspensiones para reclamar cobertura médica.
El platanar que sirvió de escenario para acompañar una canción que habla sobre el despojo me recordó el episodio de la «masacre de las bananeras», al que hace referencia Gabriel García Márquez en Cien años de soledad.
La vida cotidiana ocupando el espacio público es un acto político y muy necesario en los tiempos en que el barrio se privatiza. Salir a la calle a ocupar el espacio común con lo que somos (juego, baile, conversación, mercado, cuidados, perreo) es disputarle el espacio a los desarrollos inmobiliarios.
Contra la plaza que se convierte en estacionamiento, el parque en centro comercial a cielo abierto y la banqueta en pasillo de consumo, poner los cuerpos en la calle es reescribir la ciudad. No se trata de nostalgia, sino de estrategia, porque donde hay vecinas sentadas, niños jugando, música compartida y deporte improvisado, disminuye el miedo, baja el control por cámaras y sube la responsabilidad recíproca.
Para pensar más despacio
Que Apple Music apostara por este espectáculo en español habla del potencial de mercado que significa Benito en particular y la población latina en general, un sector con un poder adquisitivo específico que Apple quiere aprovechar.
¿Cuál es la intención del alto comisionado de la NFL, Roger Goodell, más allá de lo económico, al facilitar y defender este tipo de espectáculo que contradice, en las formas, el discurso político de Trump? ¿Tiene la intención de apoyar al gobernador demócrata de California, Gavin Newsom, en sus aspiraciones de competir por la elección presidencial para suceder a Trump? ¿En otro estado del sur de Estados Unidos se hubiera realizado un espectáculo de medio tiempo en los mismos términos?
¿Pero qué necesidad había de ese guiño a Amancio Ortega, el megamagnate de Zara, que paga sueldos bajísimos y explota la mano de obra barata en el sudeste asiático, utilizando ropa de Zara y, encima, haciéndolo saber con una nota que contribuye a romantizar la precariedad laboral de empleados de esa marca en España?
La crítica «especializada»
Han corrido muchos segundos de streaming con expertos comentando la obra de Benito. Cuando pensaba que el debate sobre los roles de la obra, el autor, el crítico y la audiencia ya estaba bastante aclarado, vienen los influenciadores de redes sociales, otra vez, a querernos explicar qué fue lo que pasó en el medio tiempo de Benito el Bueno; a desvelarnos los secretos que ellos sí conocen y el vulgo no; a explicarnos la historia, la política, la semiótica, la cuántica y todas y cada una de las capas del espectáculo. ¡Además con pose de Anton Ego en Ratatouille!
Una pieza de arte se puede academizar, claro, pero fundamentalmente es una experiencia que te gusta o no, la disfrutas o no, puedes dialogar con ella o no; puede evocarte cosas o no decirte nada. No tiene que gustarle una misma pieza a todo el mundo.
¿Qué necesidad hay de explicar de forma tan rebuscada algo que es para disfrutar, que es para la gozadera?
Para terminar
Sostengo que lo que pasó en el medio tiempo del Super Tazón del domingo 8 de febrero de 2026 está al nivel del Guernica en tres aspectos: es un collage artístico de denuncias; el objeto de la pieza es señalar el horror de las prácticas fascistas; y, como obra de arte masiva, no está exenta de las intenciones económicas ni del uso político por parte de quien busca capitalizar los efectos de la pieza artística a su favor.
A esos que están contra las expresiones fascistas de Trump y contra el ICE —puntos en los que coincido con ellos— y que, al mismo tiempo, tienen unas ganas locas de domesticarnos el gusto, de decirnos qué es lo correcto, de enseñarnos la historia desde la altura de sus pedestales construidos sobre millones de seguidores, de promover una suerte de supremacía latinoamericanista y de imponer el orden de la ejecución perfecta de los pasos de salsa, les digo una sola cosa: ¡déjennos perrear como se nos dé la gana hasta donde lo permitan nuestros cuerpos!
Hermanas y hermanos, que somos neófitos en la Safaera, que no sabíamos nada de reguetón y que nos empezó a gustar apenas el domingo pasado: ¡perread libremente!

david pérez
Analista con formación en filosofía, historia, resolución de conflictos y derechos humanos. Ha sido columnista en El Siglo de Torreón, Grupo Reforma y Grupo Milenio. Dirigió el grupo de investigación en materia de derechos humanos del Mecanismo de Esclarecimiento Histórico que investigó las violaciones graves a los derechos humanos cometidas en el periodo de 1965 a 1990 en México. Actualmente conduce el podcast Hacer las Paces y dirige la editorial independiente Pacífico Global Media.
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