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Cuando un Conejo Malo es el Caudillo Latino (Bad Bunny VS Trump). Autor: José Reyes Doria

Ha llegado el momento de que los latinoamericanos revisemos y refundemos nuestros proyectos y nuestras prácticas.

José Reyes Doria | @jos_redo

El famoso show del medio tiempo del Super Bowl, fue capturado por una figura impensable, el cantante puertorriqueño Bad Bunny. El Conejo Malo se apropió del principal espectáculo del Imperio Americano (lo cual fue más propicio por lo infumable del partido de fútbol americano). La actuación del reguetonero había despertado expectativas gigantescas, porque era previsible que su aparición incluyera una condena dura y directa contra la política migratoria del presidente estadounidense Donald Trump.

Las expectativas se colmaron de forma superlativa. El puertorriqueño, que es el cantante más escuchado del mundo, escenificó un espectáculo donde reivindicó el ser latinoamericano, condenó y ridiculizó las políticas racistas y fascistas del gobierno de Trump, y reclamó que América es de todos los latinoamericanos, de todos los norteamericanos y de todos los migrantes del mundo que ponen un pie en el continente. Un poderoso simbolismo fue el hecho de que todo el show fue cantado en español, no en la lengua dominante del Imperio.

Gran impacto causó que un puertorriqueño tomara por asalto uno de los dos principales rituales del Imperio Americano (el otro es el Día de Acción de Gracias), y escenificara una impecable manifestación de resistencia y desafío.

Hoy que Cuba, Venezuela, Nicaragua, están de capa caída, sin asideros político-ideológicos, sin héroes ni modelos verosímiles de resistencia antiimperialista, un cantante puertorriqueño asume un liderazgo inesperado. Hoy, que México, Colombia, Brasil, pero sobre todo los mexicanos, experimentamos una presión agobiante por parte del gobierno de Trump para entregarle y cederle todo lo que pidan bajo la amenaza de una agresión armada directa. Hoy, el caudillo que emerge es un Conejo Malo.

El hecho singular es ese, y para entenderlo de mejor manera, vale la pena una breve referencia a la amarga relación que, a lo largo de la historia, ha existido entre el Imperio estadounidense y los países latinoamericanos.

En el siglo XX y lo que va del XXI, las luchas latinoamericanas contra el imperialismo yanqui han registrado toda una diversidad de formas, intensidades y liderazgos. En México, tuvimos la invasión armada de los Estados Unidos en 1914, en Veracruz, en plena guerra entre las facciones revolucionarias. Dos años después, vino la expedición punitiva del ejército estadounidense para capturar a Francisco Villa, lo cual fue la última incursión militar gringa contra México, y que, en este año 2026, constituye un inquietante antecedente de lo que podría ocurrir de acuerdo con las crecientes amenazas del presidente Donald Trump.

La promoción activa de golpes de Estado para derrocar gobiernos populares, es una de las modalidades favoritas del Imperio, en ocasionas operando directa y descaradamente las maniobras golpistas. El golpe contra Madero en México en 1913. El derrocamiento artero de Jacobo Arbenz en Guatemala, en 1954, operado impunemente por la CIA. Tal vez el más tristemente célebre, el golpe contra Salvador Allende en Chile, en 1973. Y muchos más, ni Brasil se salvó, pues en 1964 EEUU apoyó el golpe de Estado que dio lugar a una larga dictadura militar.

Otra modalidad de la agresión imperial es el acoso a las revoluciones, la guerra contra las decisiones soberanas de los países latinoamericanos en materia energética y de recursos naturales, así como invasiones directas, de las cuales prácticamente no se ha librado ningún país de Centroamérica y el Caribe.

La otra cara de la moneda es el tema de la resistencia de los países latinoamericanos, la lucha por la dignidad, la soberanía y la autodeterminación ante el injerencismo estadounidense. En ese sentido, hemos tenido figuras inmensas de resistencia y verdadero heroísmo. Francisco Villa, Augusto Sandino, Jacobo Arbenz, entre los líderes más reconocidos. Con la revolución cubana de 1959 llegaron nuevos modelos de héroes revolucionarios que inspiraron a toda América Latina, como Fidel Castro y el Che Guevara, símbolos de la resistencia contra el Imperio americano.

Trump ha proclamado sin pudor ni diplomacias, que Estados Unidos va a reconquistar todo el continente americano. Sin la menor cortesía, sin apego alguno al derecho internacional, el Imperio gringo quiere adueñarse de toda América Latina, con al menos dos objetivos: el primero, controlar los recursos naturales, las economías y los procesos políticos de la región; y el segundo, destruir las posiciones de poder que China y Rusia han construido en Latinoamérica, marcadamente en países como Brasil, Venezuela, e incluso en México.

Trump y su grupo de halcones han proclamado que es una cuestión de resurgimiento de los Estados Unidos, y no darán marcha atrás. El golpe en Venezuela en enero de este año, con la extracción de Nicolás Maduro, hace abrumadoramente creíble que Trump ordene una acción armada en cualquier país latinoamericano. Pretextos no le faltan, si antes fue el tema de la expansión comunista, ahora es la cuestión de la guerra contra el narcotráfico.

El panorama político en el que ocurre esta nueva era de expansionismo imperial gringo, presenta a una América Latina sin liderazgos a la altura de los que mencionamos antes. Lo que quedaba del chavismo en Venezuela, ya de por sí en una crisis terminal, no podía generar un liderazgo fuerte; Maduro era todo lo contrario. Gobiernos y presidentes como Colombia y Petro, se plegaron muy rápido a los designios de Trump, ante la amenaza de un bombardeo por ser un narcoestado en la visión trumpista. Lula tampoco tiene la energía de antes para encabezar una resistencia regional enérgica.

Las evocaciones revolucionarias de resistencia que hace décadas eran Cuba y Nicaragua, ya no movilizan ni convencen a las grandes masas latinoamericanas. Nicaragua es una dictadura realmente alucinante, como salida de una novela de Gabriel García Márquez. El caso más dramático es el de Cuba, que ya no tiene líderes de resonancia internacional, y ante la nueva embestida imperial, con la determinación aniquiladora de Trump, parece encaminarse a una capitulación en la que poco margen de maniobra tendrán para mediar países como China, Rusia o México.

Aquí es donde empata la situación de México. Tampoco hemos generado liderazgos continentales. AMLO nunca se interesó en encabezar una resistencia latinoamericana ante el trumpismo. La presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido que lidiar con la más agresiva versión de Trump. De la forma más insultante, Trump nos impuso la línea de no enviar petróleo a Cuba, cuando los cubanos más lo necesitan.

Ambos, López Obrador y Claudia, de cualquier forma, carecen de márgenes de resistencia significativos ante la nueva embestida imperial, que en México cristaliza la visión depredadora estadounidense: a) México como su patio trasero incondicional; b) la espada de Damocles sobre la cabeza de los liderazgos del régimen, bajo la acusación arbitraria de que toda la élite política es cómplice o está dominada por los carteles del narcotráfico.

La presión y la amenaza imperial, llegan al grado de que los gobernantes y liderazgos no se atreven a disentir, mucho menos a condenar, públicamente, las injurias y amagos de Trump. Desde Claudia Sheinbaum hasta Petro o Díaz Canel, evitan al máximo expresar algún reclamo o desmentido ante el discurso humillante de Trump. Díaz Canel, incluso, pareciera que ya está preparando el terreno, al menos en la narrativa, para una negociación histórica con Trump orientada a una transición política manejada desde Miami.

En este escenario es donde la historia se hace presente con paradojas alucinantes: puesto que los héroes están muertos o caducos, los gobernantes están contra la pared, los artistas e intelectuales están ausentes; puesto que todos están en una condición de debilidad extrema como para lanzar un grito de dignidad ante el Imperio, surge un Caudillo inesperado como el Conejo Malo.

Cuando un Conejo reguetonero encarna el sentimiento de rabia y se convierte en la voz de resistencia y dignidad de una región tan sufrida como América Latina, cuando Bad Bunny es la única personalidad con la valentía, la imaginación y la legitimidad suficientes para desafiar la arrogancia imperial, en la casa de éste; cuando eso pasa, es que ha llegado el momento de que los latinoamericanos revisemos y refundemos nuestros proyectos y nuestras prácticas.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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