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¿Construye la 4T una ficción confortable? (Clases medias manipuladas, Quién es quién, Marx, diamantes y baches). Autor: José Reyes Doria

Elizabeth García Vilchis y Marx Arriaga. Foto: Especial.

@jos_redo

“Al final, acabamos siendo como los demás creen que somos”, Marco Aurelio.

“No es falso, pero se exagera…”, formuló con emoción nerviosa Elizabeth García Vilchis, voz del “Quién es quién en las mentiras”, el ejercicio que el presidente López Obrador creó para, inicialmente, desmentir informaciones falsas. Ya son legión los columnistas afines a la 4T que alertan al Presidente sobre lo patético y nocivo de ese ejercicio, pero, fiel a su estilo, AMLO redobla la apuesta cada miércoles.

García Vilchis se refería a un encabezado del Reforma sobre el aumento del 20% en las tarifas eléctricas. La expresión y el tono hacen patente la escalada inquisitoria del “Quién es quién…” Ya no solo se trata de desmentir informaciones falsas, ahora se condenan las opiniones y los énfasis. Lo que publicó el Reforma es cierto, pero desde Palacio se condena porque es exagerado y sensacionalista. Sobre todo, porque el aumento de tarifas eléctricas y del gas no encaja con la narrativa oficial de que este gobierno defiende los intereses populares.

Pareciera que el gobierno de AMLO, impulsa la construcción de una realidad alterna, un país idílico modelado con base en los postulados de la llamada Cuarta Transformación. Ya no son solo los “otros datos”; de hecho, los datos ya no tienen tanta relevancia. Tampoco se trata solo de generar percepciones favorables, objetivo de la comunicación política, sino que, por lo que se ve, se busca ubicar la realidad en el plano de la pura percepción confortable y transformadora que desea la mirada oficial.

Todos los gobiernos, sin excepción, maquillan la realidad de su gestión, manipulan cifras, tuercen estadísticas, mienten y tratan de promover una imagen exitosa de su obra. A mitad de su sexenio, ante la evidencia de su inoperancia, le preguntaron a Vicente Fox en una entrevista banquetera, cuántos errores había cometido; Fox detuvo el paso y con gran exasperación contestó “¡ninguno!”. Ya vivía el guanajuatense en su foxilandia, de la nunca salió y desaprovechó una gran oportunidad para hacer un México más justo y democrático.

Todos los gobiernos, sin excepción, construyen una fantasía alterna donde la realidad se ajusta a sus deseos; pero cada uno tiene su estilo. En los últimos sexenios, desde Carlos Salinas de Gortari hasta Enrique Peña Nieto, han intentado doblegar o cooptar (es lo mismo) a los medios para que ajusten sus relatos a lo que los presidentes quieren. Recordemos cómo Peña, ante los medios que reprobaban su gobierno una y otra vez, llegó a decirles, lleno de furia y frustración: “ya sé que no aplauden”. Pero a ninguno de sus antecesores se les ocurrió hacer el “Quién es quién…” de AMLO, tal vez por la intuición de que se trata de un ejercicio estéril, contraproducente y generador de dinámicas paranoicas e inquisitoriales.

La construcción de una realidad alterna y autocomplaciente, en el caso de AMLO, tiene otros elementos que lo distinguen, en esta práctica, de sus antecesores. Uno de esos elementos es la visión que se impulsa desde la Dirección de Materiales Educativos de la SEP, en voz del célebre Marx Arriaga: leer por goce es reaccionario, la lectura solo puede ser emancipadora. El placer de la lectura, su efecto estimulador de la imaginación, es una desviación respecto al objetivo transformador, que es el único que debe tener el acto de leer. La realidad que promueve Marx Arriaga desde la SEP es una realidad conveniente de conceptos y definiciones rígidas, escolásticas e inmutables de lo que debe ser un país emancipado.

El goce de la literatura estorba, habrá que expulsar de las bibliotecas públicas los ejemplares distractores, las ediciones fifís de la narrativa y la poesía que, por magistrales que sean, constituyen un distractor conservador que retrasa la revolución. No sabe el joven Marx (Arriaga), que, precisamente, obras como La pequeña Dorrit, de Dickens, o Coriolano, de Shakespeare, contienen, además de la excelsitud creadora, una inspiración revolucionaria inigualable, un ánimo redentor que ni siquiera se encuentra en el Manifiesto del Partido Comunista de Marx el bueno, o en El Estado y la Revolución de Lenin.

¿Esta visión de Marx Arriaga empata con la explicación de que la derrota electoral de en la Ciudad de México se debió a que las clases medias están enajenadas, que se dejan manipular por la desinformación? La pregunta es interesante, porque, en la visión oficial, los clasemedieros chilangos prefieren prestar atención a pasquines, novelas, poemas, películas que fomentan el hedonismo y la inconciencia. Por eso son capaces de incurrir en el pecado de votar contra la llamada Cuarta Transformación.

Más allá del componente antiliterario promovido desde la SEP por Marx Arriaga, debemos poner atención también en un tema que asomó en la última versión del “Quién es quién…” Ahí, García Vilchis dijo que los medios manipulan la información de una encuesta según la cual el principal problema que preocupa a las personas en las ciudades son los baches. Enfática, García Vilchis descalificó a los medios por seguir insistiendo en que la principal preocupación de la gente es la inseguridad, la violencia criminal creciente. No: son los baches. Ni siquiera la corrupción: son los baches.

Por lo tanto, en el imaginario alterno promovido desde Palacio la obra transformadora puede encontrar posibilidades inmensamente mayores de materialización histórica, pues es más asequible reparar baches que combatir la violencia criminal y reducir la inseguridad. Parece sorna, pero no lo es tanto si hacemos un análisis puntual de todo lo antes mencionado.

Redondea esta cuestión el hecho de que, en la misma edición del “Quién es quién…”, AMLO leyó el poema La Calumnia, de Rubén Darío: “Puede una gota de lodo / sobre un diamante caer; / … pero aunque el diamante todo / se encuentre de fango lleno, / el valor que lo hace bueno / no perderá ni un instante,…”

Desde luego, López Obrador es el diamante, la joya más poderosa y resistente que existe. Insisto, puede parecer esta una columna sarcástica (y lo es) pero no deja de ser llamativo que el Presidente se compare a con un diamante y que esté convencido en que nada lo manchará, que toda crítica y todos los errores de su gobierno son, sin más, calumnias.

Para terminar, como la fábula de la serpiente que se muerde la cola: ¿el Comisario Marx amonestará al Presidente por andar leyendo obras reaccionarias; lo recriminará por entregarse al placer de leer a Rubén Darío, una de las grandes cimas de la poesía hedonista, lúdica, moderna? Reitero: no es sorna.

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