Por: José Reyes Doria
EL AMOR, FACTOR DE PODER
Amor con amor se paga. Es uno de los principios más apreciados por el presidente López Obrador. A los conservadores, les reprocha que no aman al pueblo. En una de sus campañas presidenciales, llamó a construir la República Amorosa. Es difícil definir qué es el amor en política, pero es probable que en la visión presidencial incluya reciprocidad, lealtad, protección. El proceso de la sucesión de AMLO se puede analizar desde una diversidad de ángulos complejos y profundos, pero también podemos jugar a enfocarlo desde la óptica del amor que tanto le gusta al Presidente.
Para este fin nos puede ayudar mucho el Rey Lear, la célebre obra de Shakespeare. El Rey Lear es una magnífica fuente de lecciones y sabiduría sobre el poder, el amor de los hijos, la traición y los riesgos que entraña el ego para el monarca. Seguro del amor de sus hijas, el Rey Lear decide retirarse y heredarles su poder y su riqueza con base en el criterio del amor que le profieren, la devoción hacia él por parte de sus hijas, de su corte y de su pueblo.
TORNEO DE AMOR
La precampaña presidencial de Morena puede verse como un torneo para saber quién le expresa más amor a López Obrador. Así fue diseñado por el Presidente. Las reglas prohíben los debates, y de forma explícita establecen que los aspirantes harán recorridos para “informar sobre los logros de la Cuarta Transformación”. El padre y encarnación de la llamada Cuarta Transformación es AMLO, por lo tanto, Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto (los otros tres son de relleno) recorrerán el país con el propósito expreso de demostrar quién tiene más amor a López Obrador, quién es el más leal, el más incondicional, el más dispuesto a renunciar a todo por amor al Presidente.
DEDAZO AMOROSO
Sigo pensando que AMLO ejercerá cabalmente su prerrogativa de nombrar a su sucesor. Nuestra cultura y sistema políticos, hacen inimaginable que un animal político como López Obrador, con todo el poder que ha concentrado, se abstenga de hacerlo. Claro, por algún tipo de pudor el Presidente ha decidido disfrazar esta facultad metaconstitucional conocida como dedazo, con un traje demoscópico, con una encuesta que lo legitime. Para la mayoría de observadores, el dedo presidencial ya escogió a Claudia. La encuesta tendrá la función de decorar la decisión del Gran Elector. Esta decisión de AMLO, la hizo a partir del amor que él siente por Claudia. Ahora, con la precampaña, quiere ver cuál de las corcholatas lo ama más a él, esperando que sea la Sheinbaum, pues está convencido de que amor con amor se paga.
TODOS AMAN A AMLO
Así, esta puesta en escena, abre la puerta para que Marcelo y Adán Augusto revitalicen sus expectativas y traten de revertir la decisión ya asumida del Gran Elector. Apuestan a que algo extraordinario ocurra, que Claudia se descarrile, que cambie la predilección de López Obrador. Saben que el nombre del juego es agradar y conmover al Presidente, no al pueblo. La precampaña es el escenario para enmarcar las más apasionadas muestras de amor al padre de la 4T. En esta vorágine, Marcelo dio un paso audaz, de vida o muerte, al prometer que, si el dedo presidencial lo favorece, creará la Secretaría de la 4T para venerar la obra y el legado de AMLO, y, como muestra de su amor infinito, nombraría titular a uno de los hijos del Presidente. Rozando el ridículo y la abyección suprema, el ex Canciller sabe que, si bien esta propuesta le hace perder adeptos dentro y fuera del oficialismo, lo importante es influir en el corazón presidencial.
Esta disputa por ver quién le tiene más amor a López Obrador difícilmente se moderará. La propuesta de Ebrard ocasionará respuestas categóricas de Claudia y Adán Augusto, con ofrendas retóricas más encendidas para ratificar su devoción por al Presidente. Aquí, debemos retomar la tragedia del Rey Lear. Veamos este pasaje inicial de la obra:
SHAKESPEARE PURO
REY LEAR: Hablad, hijas mías, ya que hemos resuelto abdicar en este instante las riendas del gobierno, entregando en vuestras manos los derechos de nuestros dominios; decidme cuál de vosotras ama más a su padre. Nuestra benevolencia prodigará sus más ricos dones a aquella cuya gratitud más los merezcan. Vos, Goneril, primogénita nuestra, contestad la primera.
GONERIL: Yo os amo, Señor, más tiernamente que a la luz, al espacio y a la libertad, muchísimo más que todas las riquezas y preciosidades del mundo. Os amo tanto, cuanto se puede amar, la vida, la salud, la belleza, y todos los honores y los dones todos; tanto, cuanto jamás hija amó a su padre; en fin, con un amor que la voz y las palabras no aciertan a explicar.
REY LEAR: Te hacemos soberana de todo este recinto, desde esta línea hasta ese límite, con todo cuanto encierra, frondosos bosques, y vasallos que los pueblan. ¿Qué contesta nuestra segunda hija, Regan?
REGAN: Formada estoy de los mismos elementos que mi hermana, y mido mi afecto por el suyo, en la sinceridad de mi corazón, Ha definido, con verdad, el amor que os profeso, padre mío. Pero aún quedó corta, pues yo me declaro enemiga de todos los placeres que la vista, el oído, el gusto y el olfato pueden dar, y sólo cifro mi felicidad en un sentimiento único: el tierno amor que por vos siento.
REY LEAR: Tú y tu posteridad, recibid en dote hereditario esta vasta porción de mi reino. Ahora, Cordelia, tú que hiciste sentir a tu padre el postrero, aunque no el más tierno transporte de gozo ¿qué vas a contestar para recoger el tercer lote, más rico aún?
CORDELIA: Nada, señor.
REY LEAR: De nada sólo puede surgir nada. Habla de nuevo.
CORDELIA: Desgraciada de mí, que no puedo elevar mi corazón hasta mis labios. Amo a vuestra majestad tanto como debo, ni más menos.
REY LEAR: ¿Está de acuerdo tu corazón con tus palabras?
CORDELIA: Sí, padre mío.
REY LEAR: ¡Cómo! ¡tan joven y tan poco tierna!
CORDELIA: Tan joven y tan franca, señor.
REY LEAR: ¡Está bien! Quédate con la verdad por dote… abjuro desde ahora todos mis sentimientos naturales, rompo todos los lazos de la naturaleza y de la sangre y te destierro para siempre de mi corazón.
Después de estos hechos, las dos hijas mayores del Rey Lear lo traicionan. Conspiran, en complicidad con sus respectivos esposos, para aniquilar a su padre. Una vez destruido y reducido a la miseria el Rey Lear, las dos hijas mayores se matan entre sí, pues ninguna quiere compartir el poder. Obviamente, el reino entra en una vorágine de desestabilización y vulnerabilidad. Cordelia, la hija menor desterrada, quien se casó con el Rey de Francia, acude al auxilio del Rey Lear y a poner orden en su país, pero en el caos de la violencia Cordelia también es asesinada. Sobra decir que Lear llora infinitamente por sus trágicas decisiones, pide perdón a Cordelia por la monumental injusticia con ella, que finalmente era la hija que realmente lo amaba.
LECCIONES PARA AMLO
Tremendas lecciones pueden extraerse de El Rey Lear. El presidente López Obrador ha dicho que su sucesión tomará como referencia la de Lázaro Cárdenas, quien, en opinión de AMLO, se equivocó al elegir como su sucesor al conservador Manuel Ávila Camacho, quien no amaba al pueblo; y no se atrevió a elegir al general Francisco J. Múgica, quien sí amaba al pueblo y a la Revolución. Está bien que el Presidente saque lecciones de la sucesión presidencial de 1940, pero no estaría por demás que también abreve en la inmensa sabiduría de Shakespeare, en su profundo conocimiento del alma humana, del poder, de la dimensión trágica del amor y la sicología política.
Del amor al odio solo hay un paso. El amor, cuando es forzado y condicionado a expresarse, puede dar ese paso a la menor provocación. Quien más dice que te ama, aceptando que es sincero, no necesariamente te va a pagar con amor, ni te puede garantizar lealtad y fidelidad infinitas. Mucho menos, ilustra Shakespeare, si el amor está combinado con el poder. El poder no se comparte. El Rey Lear lo sufrió en carne propia: sus dos hijas mayores, una vez que tomaron sus dominios y riquezas, aniquilaron al padre para no compartir el poder con él, para prevenir que quisiera seguir mandando después de que su reinado terminó. Una vez aniquilado el padre, las dos hijas se enfrentaron a muerte, porque, Shakespeare lo reitera a lo largo de su obra, el poder no se comparte. Las dos murieron.
EPÍLOGO
No está por demás el amor, pero no es el mejor criterio para gestionar las transiciones de poder. El reto de los Presidentes mexicanos, y de todo el mundo, siempre ha sido encontrar los criterios y mejores condiciones para transmitir el poder. No hay una fórmula única, pero nunca ha sido prudente pretender que, a partir de un amor recíproco con el sucesor, se le pueda marcar ruta, agenda y equipo al futuro reinado. Porque el amor así entendido, y Shakespeare lo sabía, entraña terribles riesgos.
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