Inicio Opinión ¿Cómo debe resolverse el financiamiento para el desarrollo? Autor: Arturo Huerta González

¿Cómo debe resolverse el financiamiento para el desarrollo? Autor: Arturo Huerta González

El gobierno puede financiarse con impuestos, o con deuda o gastando contra la cuenta bancaria de los que le venden bienes y servicios y que el banco central cubra dichos pasivos.

Hay planteamientos de muchos economistas de que el gobierno no tiene dinero para satisfacer los servicios y necesidades básicas de la población, por lo que plantean que deben establecerse impuestos al gran capital, debido a que son importantes para el financiamiento del gobierno y reducir la desigualdad de la riqueza. Y reiteran que la falta de impuestos empeora la desigualdad. Argumentan que los impuestos son importantes para que el gobierno se financie con ello para evitar que caiga en deuda y en crisis de deuda. Por otro lado, también la gran mayoría se opone a que el gobierno se financie a través del banco central debido a que señalan que ello ocasiona inflación.

Los que se pronuncian por que el gobierno recurra a deuda para financiarse, ello solo beneficia a la banca, a los tenedores de la deuda pública.

Los impuestos no pueden incrementarse y generalizarse en un contexto donde la economía no crece, pues más caería el consumo, la inversión y la economía. En dado caso, deben establecerse a los más ricos para reducir su tamaño y participación en la economía y para que el gobierno pase a invertir donde ellos dejan de hacerlo, no porque el gobierno requiera de esos impuestos para gastar, sino el gobierno simplemente gasta. Los impuestos a los ricos tienen que establecerse para reducir su tamaño, pero ello no resuelve el financiamiento para el desarrollo, pues al seguir la política económica a favor del sector financiero y del gran capital continuaría la desigualdad de la riqueza, como los problemas de financiamiento y de crecimiento.

Si el gobierno no tiene recursos suficientes para satisfacer las demandas nacionales, es porque se le quitó el control del dinero con la autonomía del banco central, que lo obliga a financiarse con impuestos y con deuda, lo que ha reducido su tamaño y participación en la economía, la cual ha pasado a depender de las decisiones de gasto e inversión del sector privado y de la entrada de capitales. El problema es que al no gastar el gobierno no se crea dinero, no crece la demanda, ni la inversión privada, lo que frena el proceso productivo, la generación de empleo formal y la dinámica económica.

Hay que tomar en cuenta que el dinero viene del gasto público y de los créditos que otorga la banca a cierta tasa de interés. El problema es que la austeridad fiscal recorta el gasto público, que junto a las altas tasas de interés contraen la demanda y la oferta de créditos, y terminan contrayendo la creación de dinero, por lo que no puede impulsarse la producción, ni la venta de ésta, lo que restringe la actividad económica, que es la problemática que venimos enfrentando desde hace mucho.

El problema es que las políticas neoliberales de austeridad fiscal, alta tasa de interés, apreciación cambiaria, libre movilidad de mercancías y de capitales, actúan contra la creación de dinero, el ingreso nacional, el ahorro. Al no configurarse condiciones de crecimiento se contrae la disponibilidad crediticia y con ello la inversión. Al no haber dinero no se inicia el proceso productivo, ni la generación de empleo.

Mientras continúe la política económica favoreciendo al sector financiero a través de alta tasa de interés, austeridad fiscal, apreciación cambiaria y desregulación del sector bancario-financiero, este seguirá viendo incrementadas sus ganancias y acentuándose la desigualdad de la riqueza en detrimento de la gran mayoría de la población y el impuesto a los ricos no revertiría tal situación, pues siempre eluden y evaden el pago de impuestos.

La Teoría Moderna del Dinero (MMT, en sus siglas en inglés) señala que un gobierno soberano que controla la moneda no requiere de impuestos, ni de deuda para financiarse, simplemente gasta y recauda lo que gasta. El límite del gasto público es la inflación y el déficit de comercio exterior que no pueda financiar, por lo que no debe gastar más allá de la plena utilización de la capacidad productiva existente. Debe gastar aprovechando la capacidad ociosa e impulsar el desarrollo productivo y la sustitución de importaciones para evitar presiones inflacionarias y sobre el sector externo y así compatibilizar baja inflación, crecimiento económico y alto empleo.

Los impuestos se recaudan una vez que el gobierno haya gastado e incrementado el ingreso del sector privado. La deuda pública se emite una vez que el gobierno haya gastado y no es para financiar el gasto, sino para regular la liquidez y las reservas bancarias derivadas del aumento del gasto público para evitar que baje la tasa de interés objetivo.

El gobierno debe financiarse con el banco central. La banca debe regularse para que otorgue créditos baratos a favor del sector productivo y la generación de empleo. Ello permitiría que el gobierno mejore la infraestructura, impulse el desarrollo de refinerías, la producción de gas, fertilizantes, y promueva junto con la banca, la sustitución de importaciones manufactureras y agrícolas, como la generación de empleos formales bien pagados que es la mejor forma de mejorar la desigualdad del ingreso.

La política económica debe poner en el centro el pleno empleo y la sustitución de importaciones para que aumente el ingreso de empresas e individuos y así financien su inversión y consumo y no tengan que recurrir a deuda para ello.

La sociedad debe manifestarse por que el gobierno se financie con su moneda a favor del desarrollo productivo y del empleo, y que la banca sea regulada para que otorgue créditos baratos para tales propósitos.

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