Inicio Opinión Claudia empieza a pintar su raya ante AMLO. Autor: José Reyes Doria

Claudia empieza a pintar su raya ante AMLO. Autor: José Reyes Doria

Fotos: Cuartoscuro

José Reyes Doria | @jos_redo

“Te hice rey para que reines a mi manera, no a la tuya”. Así controlaba Napoleón a Murat, su mariscal y cuñado, a quien hizo rey de Nápoles. Ante el protagonismo y la ambición del esposo de su hermana, el emperador de los franceses le hizo sentir todo el peso de su poder. Los gobernantes nunca quieren compartir el poder, y en muchas ocasiones, buscan seguir mandando cuando dejan el cargo. Claro, Napoleón encarnaba el poder absoluto, capitalizó una revolución y conquistó media Europa, por lo que sentía que su imperio era eterno e irresistible. Pero en la época contemporánea el tema de la transmisión del poder está más reglamentado e institucionalizado.

La última vez que en México un ex presidente logró seguir mandando fue en 1930-1934, el famoso Maximato de Plutarco Elías Calles, el llamado jefe Máximo de la Revolución Mexicana. Calles se sentía con el derecho a seguir mandando porque su grupo había llegado al poder gracias a una revolución armada triunfante. Después de esto, el intento más visible fue el de Carlos Salinas de Gortari, pero no pudo, le salió muy cara la aventura, pues el supuestamente pusilánime Ernesto Zedillo contraatacó, metió a la cárcel al hermano de Salinas y lo mandó al exilio. Esto, a pesar de que Salinas y Zedillo comulgaban con el mismo credo neoliberal.

Estos temas vienen a cuento porque desde diversos sectores de la opinión pública, así como en el debate político, se maneja la hipótesis de que el presidente Andrés Manuel López Obrador intentará seguir mandando el próximo sexenio, que, en función de esa pretensión, está sembrando candidatos, agendas, programas, prioridades y narrativa. De hecho, la oposición lanza duras críticas a Claudia Sheinbaum, la candidata presidencial de Morena, en el sentido de que es una calca de AMLO, que solo será una especie de prestanombres para que López Obrador siga mandando si ella gana las elecciones presidenciales.

Sin embargo, existen varios indicios de que Claudia Sheinbaum ya está pintando su raya respecto al presidente López Obrador. El primer indicio fue su propuesta de poner candidato a Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. El intento de colocar a su sucesor en la capital, no lo pudo concretar, tal vez porque su poder apenas estaba naciendo. Pero la lectura de la mayoría de los observadores fue que, al promover a Omar García Harfuch, Claudia quiso proyectar una imagen de autonomía y de poder propio asociado a su personalidad.

Un segundo indicio, es la forma en que fijó su postura en torno al sainete de Samuel García en Nuevo León. Se centró en una crítica específica al PRIAN, en el sentido de que en el Congreso local nombraron a un gobernador interino que no era parte del partido o el grupo Samuel, lo cual era una falta de respeto a la voluntad del electorado neoleonés que eligió a Samuel García y a MC para gobernar el estado. La postura de Claudia es debatible, pero lo que llama la atención, es que fue sobria y civilizada, se alejó del estilo estridente, pendenciero y provocador de AMLO, quien en el escándalo neoleonés arremetió contra la Corte, contra el Tribunal Electoral, contra los medios, contra el neoliberalismo, y defendió con todo a Samuel y a MC. El mensaje entre líneas de Claudia fue: mi estilo es y será más institucional.

Un tercer indicio es lo que ha expresado Claudia en torno al tema de la militarización de la seguridad pública. En gira por Michoacán, la candidata presidencial anunció que su estrategia de seguridad se basará en un fortalecimiento significativo de la Guardia Nacional, con el objeto de que los militares, “regresen a sus cuarteles”. El contraste con la doctrina de López Obrador es notable, pues el Presidente ha defendido consistentemente la participación del Ejército y la Marina en funciones de seguridad pública. Llamó la atención que, en ese mensaje, Claudia no mencionara en absoluto la idea de AMLO de reformar la Constitución para que la Guardia Nacional se adscriba a la SEDENA, al contrario, propuso fortalecer las policías locales para que la función de seguridad pública siga siendo civil. En estas posturas, y tomando en cuenta las versiones de que no existe una buena relación Claudia-Ejército, puede vislumbrarse una intención de la candidata presidencial por pintar su raya respecto a la filosofía militarista del obradorismo, y retomar la bandera civilista de la izquierda.

Otros indicios de la intención y la necesidad de Claudia Sheinbaum de ir marcando distancia del obradorismo, se pueden observar en la integración de su equipo de campaña. De entrada, como señalan analistas cercanos al régimen, Viri Ríos o Jorge Zepeda entre otros, no aparecen en el equipo personajes como Hugo López Gatell, Marx Arriaga, Jesús Ramírez, y demás que jugaron un papel clave en la realización de las ideas de gobierno más intensas de AMLO en materia de salud, pandemia, educación, libros de texto, comunicación, etcétera.

El equipo de Claudia, además, incluye varios representantes de los sectores científicos y académicos, marcadamente de El Colegio de México. Esto se puede interpretar como un deslinde de la política de animadversión del gobierno de López Obrador a estos sectores, que llegó al grado de abrir carpetas de investigación a connotados científicos y académicos, que estuvieron a punto de ser detenidos y encarcelados. Claudia es científica de formación, universitaria y de izquierda: por eso lanza el mensaje de que en su gobierno habrá diálogo y colaboración respetuosa con estos sectores.

Algunos personajes en el equipo de campaña claudista, como Gerardo Esquivel, Tatiana Clouthier, Juan Ramón de la Fuente, podrían ser vistos como obradoristas colados. Pero se trata de personajes que en algún momento de su colaboración con el gobierno de AMLO recibieron un trato duro y descortés del Presidente: Esquivel cuando se opuso al despropósito presidencial de querer usar los remanentes del Banco de México para otros fines no previstos en la Ley; Tatiana cuando el desencuentro por la política comercial derivó en su renuncia y la escena pública donde AMLO le negó un abrazo.

En estos casos, el mensaje de Claudia puede leerse así: rescato a personas con gran capacidad, cuyas concepciones del servicio público comparto, sin importar que al Presidente le hayan causado disgusto. Hay en esto un mensaje adicional: Claudia anunció un proceso para elaborar su Programa, lo cual pone en evidencia que no se va a sujetar al Proyecto que según se construyó, hace unos meses, en asambleas del partido donde participaron notables ideólogos. El mensaje es: yo voy a construir, a mi modo, mi programa.

Es temprano aún para un deslinde político nítido de Claudia respecto a AMLO. Me refiero a un proceso por el cual la candidata presidencial vaya construyendo las condiciones para, si gana las elecciones y en el momento oportuno, gozar de autonomía y libertad para ejercer su mandato. No hablo de un deslinde programático, pues Claudia ha dicho que buscará ponerle un segundo piso a la llamada Cuarta Transformación, aunque incluso en ese tema la doctora querrá imprimir su propia visión.

Claudia sabe que el obradorismo no llegó al poder por la vía de una revolución armada, que no es una monarquía ni hay personas providenciales. Su formación en las luchas estudiantiles, comunitarias, de izquierda, seguramente la impulsarán a transitar por una vía política distinta a la de AMLO para ejercer su propia Presidencia de la República. Si gana las elecciones.

JÓVENES, POLÍTICA Y DEMOCRACIA

Quienes están cerca de Claudia Sheinbaum, señalan que ella quiere que las candidaturas por definirse para el Congreso, presidencias municipales y diputaciones locales, se asignen a los precandidatos con más arraigo popular, no a personas impuestas por las cúpulas. En este sentido, los jóvenes tendrán oportunidad de proyectar sus ideas y aspiraciones. El sainete de Nuevo León demostró que no todos los jóvenes están equipados con formación democrática, institucional y arraigo social, pues Samuel García se reveló como un joven político contrario a esto.

Pero en los barrios y las regiones del país están dándose fenómenos de candidaturas construidas desde abajo, que buscan desafiar las imposiciones cupulares. Tal es el caso de la presidencia municipal de Ecatepec, Estado de México, que es el municipio más poblado del país y también uno de los más conflictivos. En el proceso interno de Morena está llamando la atención la precandidatura de Ricardo Estrada, por ser una alternativa joven, pero a la vez arraigada en el barrio debido a un activismo social de muchos años. La opción de Ricardo genera adhesiones por todo el municipio y se ha colocado entre las que disputarán con fuerza el triunfo en las encuestas que determinarán al candidato.

Sin embargo, Ricardo Estrada en Ecatepec, así como muchos otros casos similares en el país, deberán luchar con todo para superar las desventajas de enfrentar a las candidaturas apoyadas con todos los recursos económicos, logísticos y políticos de las cúpulas. Basta mencionar que, en Ecatepec, la esposa del actual presidente municipal, de Morena, es una de las precandidatas y, obviamente recibe el apoyo del alcalde. Si Morena y Claudia buscan ganar el mayor número de votos en el país, deben procurar que las candidaturas las obtengan las personas con más presencia y liderazgo, y evitar que su movimiento sea abanderado por candidatos desarraigados o parientes de los gobernantes, pues eso cansa y ofende a las bases.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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