Cirugías plásticas y procesos sociales, una revisión en México. Autora: Angélica Hoyos García

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El comparativo de cirugías plásticas que circula en redes, sobre los procesos quirúrgicos de Alejandra Guzmán (al parecer con su consentimiento), nos permiten reflexionar sobre la importancia contemporánea de estos tratamientos en nuestra sociedad.

La última encuesta bianual de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica y Estética (ISAPS) muestra que México ocupó el cuarto lugar a nivel mundial en número de tratamientos quirúrgicos cosméticos durante 2017, superado solamente por Japón, Brasil y Estados Unidos. Con un estimado de 1 036 618 procedimientos, se hace evidente que no son accesibles a todo tipo de consumidores; son personas de altos ingresos quienes sustentan a este oneroso mercado. Aunque es difícil estimar con exactitud el número de casos de tratamientos estéticos y quirúrgicos por la discreción de los pacientes, sabemos qué países del mundo son los nuevos centros turísticos de la cirugía. Por ejemplo, caso de Corea del Sur, produce cerca de 13 000 millones de dólares anuales sólo en este rubro. Semejante al fenómeno de la trata de blancas, el fenómeno afecta mayoritariamente al sector femenino, el porcentaje mayor de pacientes (84.6%;) que recurren a cirugías cosméticas es de mujeres. En diez años los usuarios hombres aumentaron sólo en 4.4%.

Atender el fenómeno de la cirugía cosmética nos permite cuestionar los mecanismos de lo corporal en un sistema que necesita reducir todo al plano de la mercancía para extender el horizonte de la circulación, la ilusión sin fin de Baudrillard que anunciaba el fin de la metáfora se nos vuelve realidad constatable en el mundo de la cirugía que vuelve todo posible… hasta que ya no.

Pero ¿cuáles son esos mundos posibles?, ¿quién los construye? Margaret Tatcher comprendió tempranamente que el triunfo del neoliberalismo iba a ser cultural: construir realidades que se desearán como Utopías destruía otras Utopías y confundía los ideales. La belleza unida a lo corporal (una mercancía más), se tejió, primero, con utopías de lugares bellos e inalcanzables para vivir y después, con personas ideales a las que asemejarse. El fenómeno de la cirugía cosmética como mecanismo que hace real aspiraciones de belleza ¿qué nos muestra más allá de las decisiones individuales al ser ejercido por millones en todo el mundo?

En la década de los noventa, Corea del Sur inicia su proyección internacional por medio de un Departamento de Propaganda y Cultura que empleaba a jóvenes como estandartes y embajadores de los productos culturales. Éstos debían romper clichés occidentales sobre los asiáticos, asimilándose físicamente a los modelos occidentales; en 2018 el movimiento feminista surcoreano estalló, el “Scape the corset” fue un movimiento que impulsó a la destrucción de maquillaje y al posicionamiento público en contra de estándares de belleza que les niega oportunidades de trabajo y de integración social. Siguen siendo voces minoritarias y las protestas son criticadas como formas de occidentalización. Retomo el caso surcoreano por ser un mercado cultural que amplía su influencia en Latinoamérica, al generar expectativas de belleza presentadas como producto de una alimentación sana o una sociedad que sabe mezclar tradición con modernización. El reciente movimiento feminista desmiente esto, al  señalar el incremento de la misoginia debido a los ideales costosos de belleza. En suma, este fenómeno es alimentado por un nacionalismo aliado a Estados Unidos que muestra idealizaciones opuestas a la cultura de Corea del Norte.

En nuestro país, al finalizar el enfrentamiento de la Guerra Cristera se inició un largo periodo conocido como de “reconciliación”. Gradualmente dejaron de aplicarse leyes restrictivas al clero en un nuevo clima de tolerancia. Durante la década de los años cincuenta, las mujeres iniciaban un ascenso en cargos públicos de gobierno y académicos; como respuesta (no institucional) los medios de comunicación pública impulsaron el discurso denominado por Martha Santillán como “redomesticación” durante los gobiernos de Miguel Alemán y Adolfo Ruiz Cortines.

En el proceso de modernización e industrialización del país, las mujeres fueron integrándose principalmente en el sector de servicios. Aunque esto impulsó el reconocimiento de derechos, también derivó en delimitaciones (legales y discursivas) de sus potencialidades públicas. Las principales consumidoras de electrodomésticos eran las mujeres y la necesidad de que se identificaran con el espacio de lo doméstico (entendido como los cuidados de un hogar) fue eficazmente integrado a campañas publicitarias en radio, periódicos y la naciente televisión. Fue este mercado el primer patrocinador importante de las telenovelas.

Aparejado a este proceso, las mujeres que tenían oportunidad de acceder al espacio de lo público fueron educadas principalmente en escuelas católicas. En éstas se reforzaban ideales de belleza ligados al culto mariano que imponía sanciones a la corporalidad. Las modificaciones constitucionales de 1946 buscaron dejar atrás nociones que confrontarán con la Iglesia católica, los sectores empresariales y conservadores, entretejiendo la educación privada con el acceso a los medios de comunicación que amplificaban sus discursos. Ana Ávalos en sus estudios sobre la representación de la belleza a través de la publicidad, explica que el efecto amplificador de estos discursos se debe a que pertenecen al espacio de la retórica y no al de la argumentación, no buscan informar el entendimiento, sino mover pasiones. Entonces, los patrones de consumo sociales reflejan acuerdos entre grupos sociales, la aceptación o el rechazo de determinados valores e ideales.

Hasta los años ochenta las mujeres lograrían ocupar cargos relevantes públicos. Roderic Camp estudia los procesos de reclutamiento de élite y le parece que aún hoy hay poca atención a la educación influida por el factor género. Esto puede explicarse por la baja presencia de mujeres en los círculos de la dirigencia política. Si bien, a partir de 1940, durante la administración de Ávila Camacho, su participación era ya notoria, fue hasta los años setenta que se duplicó su número.

Para los años sesenta, poco a poco el lenguaje de liberación sexual llegó a nuestro país, influido por la lucha cultural de los medios públicos. Algunas historiadoras (como Valentina Torres Septién) han descubierto que las mujeres ligadas a las élites empezaron a ver la belleza como un mecanismo eficaz de ascenso social, pero también como una práctica poética. Debido a eso, la relación femenina con lo corporal se nos presenta cada vez más problemática. Los diversos manuales que producían las asociaciones católicas (los cuales eran difundidos en sus escuelas) definían claramente el papel de las mujeres frente a la liberación sexual. Mantenían el ideal de la maternidad como el central. Además los cuerpos no debían informar, debían carecer de geografía, de formas propias. Las buenas mujeres no eran seres sexuales, lo que ayudaba también a distinguir clases sociales.

Los años setenta, con su proceso de represión, abrió las puertas a leyes cinematográficas que permitían el desnudo y lo “erótico” en pantalla. Se piensa que esto era un elemento disuasivo y de distracción, además de dar apariencia de apertura. Luis Echeverría tenía ya más de una década relacionado con el medio audiovisual para este tiempo; desde 1949 la Dirección General de Cinematografía era regulada y dependiente de la Secretaría de Gobernación, quien determinaba los contenidos y las formas visuales más adecuadas para la sociedad mexicana, los ideales femeninos influidos por los sectores empresariales y conservadores encontraron amplificación gracias a este mecanismo de regulación.

Es en este momento que inicia el auge de las cirugías plásticas en nuestro país. Hay quien propone que el narcisismo humano no es nuevo, que toda la tradicional línea pictórica y escultórica relacionada con las figuras de poder lo pone de relieve, pero es con la creación de la fotografía que se masifica su relación con lo corporal. El cambio es de tal magnitud que aún no tenemos la distancia cognitiva para percibirlo. La teoría crítica italiana en sus estudios sobre cine planteaba que la identificación masoquista con el protagonista es el mecanismo más efectivo del cine-mercancía, la necesidad de sentirse héroe o el centro de la historia “engancha”.

Es en los años de la masificación audiovisual que la cirugía cosmética cobra impulso. Primero, entre las mujeres de los medios visuales; después, dispersándose sin dejar de ser un mercado de lujo. El discurso visual comenzó a integrar belleza-poder-estatus como una agencia de movilidad social. Es la época en que las mujeres de la farándula en México transforman más notoriamente sus cuerpos en una especie de integración pública por medio del espectáculo. También en los años ochenta una mujer alcanzó los círculos gubernamentales como funcionaria: María Emilia Téllez Benoit, designada subsecretaria de Relaciones Exteriores por López Portillo.

¿En qué momento se volvió pernicioso el uso de cirugías cosméticas? Las estrategias de transformación corporal no respondían a una necesidad poética producto de un proceso de apropiación; fueron producto de un proceso de disciplina y dominación de lo material. Elsa Muñiz, investigadora de El Colegio de México, postulaba en 2012 que las cirugías cosméticas se han transformado en un filtro para el mundo cimentado en el culto a la apariencia, lo que permite finalmente regular el cuerpo colectivo. El nuevo fenómeno conocido como dismorfia producto de los filtros de Instagram y Snapchat habla de una nueva dinámica de los productos audiovisuales cada vez más personalizados. El diario de la Asociación Americana de la cirugía plástica facial revelaba que 55% de pacientes que solicitaban un tratamiento de cirugía cosmética basaba sus expectativas en fotografías con filtros de sus celulares, principalmente el aumento de tamaño de ojos y de labios.

Las figuras públicas que llevan al extremo la necesidad de transformación corporal nos permiten reflexionar los límites, alcances y paradojas de los mecanismos corporales. El tema es ese, no las elecciones individuales condicionadas por instituciones socio-históricas que hacen del escarnio público una forma de invisibilidad, cegueras retóricas, negaciones sistemáticas que anulan la capacidad crítica. Es importante reflexionar las reacciones públicas, los discursos que narran, miran e interpretan los cuerpos.

Bajtin en su célebre estudio sobre la cultura popular durante la Edad Media, proponía ver al cuerpo como el foco de resistencia popular que critica las ideas oficiales y de élite, lo que nos lleva a pensar que existe un problema entre las necesidades reales y los deseos afectados y modelados por lo cultural. El cuerpo es construcción simbólica.

Hijo de la revolución bolchevique, se centró en desentrañar las manifestaciones populares festivas y cómicas degradadas por las élites y las nuevas percepciones burguesas más puritanas y restrictivas por medio del romanticismo literario de los siglos XVIII y XIX. Lo grotesco se decantó por el humor cruel y melancólico, destructor y aniquilador perdiendo la capacidad de humanizar lo sublime, transformando el concepto medieval de lo grotesco que desdibujaba las fronteras propuestas por el racionalismo cartesiano divisor de cuerpo y mente. De esta división que buscaba controlar las pasiones y el cuerpo, surge la obsesión médica y su prestigio como infalible, como reguladora de los cuerpos. Es la época en que la noción de lo repugnante y el asco definen aquello que no puede neutralizarse estéticamente.

Más allá de la veracidad de las propuestas teóricas, lo que resta señalar es la primacía del cuerpo en la reflexión. El cuerpo vuelve como protagonista analítico después del periodo de disciplina, pero vuelve individualizado y como mercancía. Es un objeto que debe llenarse de valor, no como persona o colectivo. Ante la noción feminista de acuerpar para cuidar desde una acción colectiva que se indigna por las injusticias sobre otros cuerpos y busca prevenir,  nos queda abrir la discusión a nuevas formas de comprender lo material.

Fuentes:

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Angélica Hoyos García
Estudiante de Licenciatura en Historia en la UAM-Iztapalapa,
Ayudante de Investigador SNI, Nivel III de Conacyt desde 2017
Temas de investigación:
Historia Cultural; Género, élites y poder; Historia del Cine mexicano, Historia de Libro Antiguo y Bibliotecas Novohispanas, Comunidades Religiosas, Prácticas y Huellas Lectoras.

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