Carta para todos aquellos niños a quienes se les ha arrebatado su infancia. Autora: Emma Rubio

Hoy me disculpo con cada uno de ustedes. Yo no pertenezco a ninguna asociación que tome decisiones importantes, no tengo ningún tipo de poder que sea capaz de generar un cambio en instancias gubernamentales. Yo tan sólo soy una más de la especie humana y me siento tan culpable por serlo.

Les confieso que en ocasiones me siento muy pequeña pues al igual que ustedes, yo tampoco entiendo muchas cosas. No comprendo por qué los adultos tienen que gritar para hacerse notar, no concibo cuál es su afán por tener poder, por sentir que poseen más, no entiendo por qué deben reafirmarse a sí mismos dañando a los más débiles. Hay tantas cosas que no caben en mi entendimiento. Sin embargo, yo he sido privilegiada, tuve infancia, supe lo que era vivir sin preocupación alguna, con padres que me amaron y procuraron cada una, no sólo de mis necesidades sino hasta caprichos. Fui una niña feliz, tuve tiempo de jugar, de aprender, de simplemente disfrutar la paz de mi entorno, de estudiar y aprender de historias fantásticas y no de historias trágicas. Es por ello que hoy me disculpo con cada uno de ustedes porque siento una gran culpa, no por haber sido una niña feliz; sino por no poder hacer mucho para hacer de su niñez el momento más feliz.

Pido perdón porque no basta mi dolor ni mi conciencia para terminar las guerras, y el estar solamente de testigo me hace corresponsable de ellas. Yo no aviento la granada pero al ver la noticia y ser testigo del sufrimiento me hace sentir cómplice. Siento un dolor profundo que jamás se asemejará al que han sentido ustedes al perderlo todo, al nacer sin esperanza alguna, al vivir el día a día odiando a un enemigo que desde el vientre materno les inculcaron a muchos de ustedes. Un enemigo que bien pudo tratarse de un gran amigo si se les hubiese dado la oportunidad de decidir. Bien dice César Vallejo en su poema “Heraldos: Hay dolores que se asemejan a la furia de dios”. No sé quién es dios en realidad, pero seguro su furia duele en demasía. Recuerdo un gran documental de nombre Promises que se estrenó en el 2001 cuyos directores fueron B. Z Goldberg, Justine Shapiro y Carlos Bolado. Estos tres hombres nos regalaron un texto fílmico maravilloso en el que entrevistan a niños palestinos e israelíes y nos dejan ver cómo desde pequeños les inculcan el odio por el otro, lo maravilloso de este film es que hacen que se conozcan los niños y se logran hacer amigos. Pues los niños que sí accedieron a conocer al “enemigo” se percataron que padecían lo mismo; ese odio por el otro que no entendían del todo ni nacía de sí mismos, esa pérdida por sus seres amados y esa infancia robada que nunca les permitió cuestionar más allá del deber dogmático inculcado.

Hoy siento un profundo dolor pero siento más vergüenza por pertenecer a una especie que no ha logrado comprender las bondades que nos brinda la razón, por no entender que la razón sin pensamiento no da frutos y que la humanidad en la que nos hemos convertido, les ha quedado muy pequeña para formarlos a ustedes niños. Los adultos de ahora hemos sido incapaces de brindarles un mundo sin dolor, sin padecimientos, un mundo de salud, un mundo amoroso con todo y el conocimiento y avance adquirido. Algunos niños tienen la suerte de que sus padres les construyen una especie de burbujas que les protegen pero lamentablemente la realidad es como ese alfiler que llegará y la romperá. Ustedes a quienes dedico estas letras nunca han tenido una burbuja donde rozarse con su niñez, han tenido que jugar con la muerte esquivándola y lidiando con ella en su día a día, han tenido que conformarse con lo poco que les llega de otros lados, con aquella parte de bondad que existe en la especie, esos seres que tienen conciencia e incluso deciden jugar su propia vida por acompañarles, ojalá sea contagiosa esa bondad de modo viral.

Hoy yo pido perdón a ustedes por no haberlo hecho ya, por no haber ido a cada uno de esos sitios a decirles de frente “perdónenme”. Aquí en mi país lo he intentado pero sé que no ha sido suficiente y es por ello que me siento en medio de un fracaso inminente, nada que haga ni diga acabará con esto pues no es asunto de ustedes y yo sino de toda la humanidad con aquellos que toman las pésimas decisiones, con aquellos que se consideran tan superiores que pueden pasar por encima de cualquier tipo de vida, con aquellos que por unos billetes se venden como si no fueran parte del todo. Han destruido su infancia como su entorno. Cada vez es más el deterioro ambiental y también me disculpo por ello, ser solamente testigo me hace cómplice. Pero como mujer les hago una promesa, que de nueva cuenta tomaremos la fuerza de la que somos poseedoras pues por eso somos capaces de engendrar vida. Y que aunque las madres de muchos de ustedes ya han sido asesinadas nos tienen a muchas mujeres que los cuidamos y protegemos pues ya llegó el tiempo de decir no más, no quiero seguir siendo de esta especie que más que ser habitante de la tierra se ha convertido en la peor de las plagas. No puedo devolverles la infancia pero sí somos muchas las que estamos redignificando y resignificando nuestra existencia en esta morada llamada tierra y en la que debe habitarse amorosamente. Hubo unas palabras que retumbaron hasta el fondo de mi corazón que expresaban: “Somos mujeres indígenas, las habitantes originales de estas tierras, somos las guardianas que han sembrado, cosechado y vivido en armonía con los ríos, las montañas, los animales y todos los seres vivos… Dígale a sus jefes que ya no los vamos a seguir dejando destruir nuestra selva, dígale a sus jefes del crimen organizado que ya no vamos a dejar que sigan traficando con nuestras mujeres, hermanas y hermanos. Dígale a sus jefes del mal gobierno que ya no los vamos a dejar que nos impongan sus proyectos ni sus programas de gobierno. A partir de ahora su Gendarmería Ambiental no es bienvenida, declaramos que, en pleno ejercicio de nuestra autonomía como pueblos indígenas nosotras nos haremos cargo de las tareas de protección y defensa de nuestro territorio” (Policía principal comunitaria de las mujeres indígenas en defensa de la madre tierra de la Selva Lacandona).

Yo no soy indígena, no tengo ese privilegio ante la madre tierra pero soy mujer, una mujer dispuesta a luchar, a defender la vida, una mujer que hoy ofrece disculpas a esos niños que les hemos arrebatado la infancia con nuestra indiferencia, nuestro egoísmo, nuestra permisividad, nuestro narcisismo. No necesitamos matar ni desear el mal para hacerlo. Basta la apatía y el autoengaño para ser cómplices del mayor de los males que hoy estamos enfrentando pero que no vemos sino a través de la pantalla.

@Hadacosquillas

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