Autonomía universitaria: El multi-sistema universitario mexicano. Autor: Federico Anaya Gallardo

La Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) es una asociación civil formada en 1950 por instituciones de educación superior (IES) públicas y privadas. Su dirección se conforma de acuerdo al tamaño de las IES miembros, teniendo más peso aquellas que cuenten con más estudiantes, más planteles, más académicos y más programas en diversas áreas de conocimiento. Por lo mismo, su liderazgo suele provenir de las IES públicas. El actual secretario general ejecutivo (periodo 2017-2021) es Jaime Valls Esponda, quien fue rector de la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACh, periodo 2010-2014). Antes de él, la ANUIES estuvo brevemente bajo el mando de Enrique Fernández Fassnacht, electo para el periodo 2013-2017, quien había sido rector general de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) entre 2009-2013. Fernández Fassnacht pasó a ser director general del Instituto Politécnico Nacional (IPN) en 2014 y Valls Esponda terminó su periodo frente a ANUIES para luego ser electo para un periodo completo de cuatro años. Fernández Fassnacht es actualmente el director general del Tecnológico Nacional de México (TecNM), la IES más grande del multi-sistema universitario mexicano.

En su página www, ANUIES reporta en 2020 una membresía de 197 IES y explica que “el sistema de educación superior (mexicano) no tiene un regulador central. Posiblemente su característica básica sea la heterogeneidad. En esa realidad, la ANUIES ha sido la pieza clave que ha permitido la articulación del sistema.” Se trata de “una instancia útil para el Estado, es un mediador entre los intereses del Estado y los de las universidades autónomas” (http://www.anuies.mx/anuies/acerca-de-la-anuies/resena-historica). Por lo mismo, es natural que la dirección de ANUIES recaiga en personas que se formaron como funcionaros federales.

En 2014 Manuel Pérez Rocha, rector-fundador de la UACM, decía de la ANUIES: “Desde la administración de Luis Echeverría, el gobierno federal … hizo de [ella] un aparato mediante el cual … ejerce el control de las antes autónomas instituciones de educación superior” (https://www.jornada.com.mx/2014/07/24/opinion/021a2pol) Esto fue más que evidente en 2012, finalizando el sexenio calderonista, cuando la ANUIES publicó el documento La seguridad en instituciones de educación superior: estado actual y recomendaciones. En el mismo, se sugería a sus afiliadas realizar exámenes antidoping a sus estudiantes. Era la institucionalización de la malhadada “guerra” contra el narco dentro de las IES. Enrique del Val, entonces Secretario General de la UNAM, rechazó el documento, señalando que algunas de las sugerencias eran “totalmente contrarias a la filosofía de la universidad”. (https://www.jornada.com.mx/2012/03/10/sociedad/032n1soc) Aparte, ANUIES proponía la “revisión de mochilas y simulacros para enfrentar balaceras, secuestros o incursiones de comandos”. Hugo Aboites y Luis Berruecos, de la UAM, denunciaron que ANUIES pretendía, “llevar el Estado policiaco a los campus” y que la universidad no debía “convertirse en reproductor de un control policiaco de la población”. (https://www.jornada.com.mx/2012/03/11/sociedad/037n1soc) Así las cosas, con la UNAM en contra y catedráticos de la UAM criticándola –entre muchas otras voces críticas– la propuesta de ANUIES sobre seguridad pasó discretamente al olvido.

En este punto hay que aclarar que México no cuenta con una norma general en materia de educación superior. En 1978 se aprobó la Ley para la Coordinación de la Educación Superior, con sólo 27 artículos que se limitan a establecer reglas generales para el reparto de la función social educativa de tipo superior entre los tres niveles de gobierno (municipal, estadual y federal) así como a aclarar que el reconocimiento de validez oficial de estudios puede ser otorgado por los gobiernos federal y estaduales o por los organismos públicos descentralizados creados por esos gobiernos (es decir, por las IES públicas).

La Ley de 1978 describe la heterogeneidad de la que habla ANUIES: el sistema universitario mexicano está formado por 33 subsistemas (uno federal y 32 estaduales). Cada uno de estos subsistemas puede duplicarse, cuando se crea una IES pública con capacidad de otorgar reconocimiento de validez oficial de estudios (REVOE). Es decir, que si en cada entidad federativa y en la Federación hubiese al menos una IES pública con esa atribución, tendríamos un total de 66 subsistemas. Es conocido que la Federación ha creado varias IES públicas y autónomas (la UNAM, la UAM y Chapingo). Y hay entidades federativas que también han sido generosas en esta materia. Por ejemplo, el estado de Chiapas cuenta con dos universidades estaduales autónomas, la Universidad Autónoma de Chiapas (UNACh) y la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACh) –ambas con capacidad de otorgar REVOE a instituciones particulares.

Para complicar aún más las cosas, las entidades federativas pueden crear IES no-autónomas, pero que siguen sus propias reglas en muchos aspectos esenciales. Así, la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICh) es un organismo descentralizado con la capacidad de crear sus propios planes y programas de estudio. Algunas IES no-autónomas federales, como el Instituto Politécnico Nacional (IPN) y el Tecnológico Nacional de México (TecNM) pueden ellas mismas otorgar REVOE –lo que les permite crear su propio subsistema.

Es obvio que la palabra heterogeneidad usada por ANUIES es un benévolo eufemismo. Una anécdota nos mostrará la complejidad del “multi-sistema” universitario mexicano: la Universidad Agraria Antonio Narro (UAAN), cuya sede está en Saltillo, Coahuila, nació como una IES privada en 1912, cuando doña Trinidad y don Antonio Narro Rodríguez legaron sus fortunas para constituir una escuela de agricultura para personas de escasos recursos. En 1919 el Gobierno del Estado le dio forma jurídica. Entre 1921 y 1923 se decide seguir los programas de la Secretaría de Agricultura y Fomento federal y la IES toma el nombre de Escuela Regional de Agricultura Antonio Narro. Al parecer, en esas primeras décadas la casa de estudio se sostuvo sólo con el patrimonio fundacional, de origen privado. Pero en 1938 su junta directiva declaró que era imposible seguir sosteniendo económicamente la institución y el gobierno coahuilense la rescató, cambiando su denominación a Escuela Superior de Agricultura. En 1957, al fundarse la Universidad Autónoma de Coahuila, la Antonio Narro sería una de las escuelas fundadoras. Su nuevo estatus no duró ni veinte años: en 1975 la legislatura estadual decidió separarla, preservando su autonomía como Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro. Esta casa de estudios permaneció como una IES pública autónoma estadual hasta 2006, en que la legislatura coahuilense la disuelve al mismo tiempo que el Congreso de la Unión la reconstituía como IES pública autónoma federal. Nótese la complejidad del multi-sistema universitario mexicano: una IES pública autónoma, con potencialidad de crear su propio subsistema universitario, pasa del ámbito privado al estatal y luego al federal.

Ante esta complejidad, ¿qué tipo de articulación puede realizar ANUIES? Durante los dos últimos años se ha distinguido por su defensa de la autonomía universitaria. En comentarios anteriores mencioné mi sorpresa al ver a los conservadores de la UNAM pasar del desprecio a la comunidad universitaria en 1990 a ser (supuestamente) sus defensores en 2020. Igual de prodigioso es el paso de ANUIES de instrumento centralizador (Pérez Rocha dixit) o agente del Estado policiaco en los campus (Aboites dixit), a defensora de la autonomía universitaria. Sospecho que estamos ante un ejemplo de la fábula de las abejas de Mandeville. A veces, los vicios privados producen virtudes públicas. Pero, ¿es razonable que nuestro país deje la dirección de la educación superior en esta especie de “mano invisible” de la autorregulación?

agallardof@hotmail.com

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