Así no Andrés, así no: Sin consulta a las comunidades indígenas el Tren Maya no va. Autor: Iván Uranga

0
2756
Imagen tomada de lopezobrador.org.mx

La consulta nacional para avalar o no los 10 programas prioritarios de próximo gobierno federal que se llevará a cabo 24 y 25 de noviembre, nos plantea la necesidad de informarnos apresuradamente sobre temas que regirán la vida de todos los mexicanos por lo menos durante los próximos seis años. Más allá de su carácter excesivamente asistencialista de las becas, pensiones, y de seguir absurdamente planteando inversión a energías fósiles y contaminantes, como una nueva refinería cuando el planeta nos exige invertir en energías limpias. Nos preocupan sobremanera los dos primeros que aparecen en la boleta: El Tren Maya y el Tren Transístmico; en los dos casos los proyectos requieren del aval de la comunidades indígenas de la zona de acuerdo a la ley, aval que no se resuelve con una consulta informal.

Existe un procedimiento legal que debe cumplirse y que ampara a los pueblos originarios, fundamentado en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que establece en su Artículo 5to. inciso “a”, que el gobierno debe “consultar a los pueblos interesados, mediante procedimientos apropiados y en particular a través de sus instituciones representativas, cada vez que se prevean medidas legislativas o administrativas susceptibles de afectarles directamente”. Fue ratificado por México en septiembre de 1990 y el Decreto Promulgatorio de dicho convenio se publicó en el Diario Oficial de la Federación el 24 de enero de 1991, entrando en vigor el 5 de septiembre de ese mismo año. Es decir, esta no es una atribución legal del Ejecutivo, ni del pre Ejecutivo mexicano.

El convenio sobre pueblos indígenas y tribales, 1989, al que se le conoce como “El 169 de OIT”, pareciera uno más de los miles de convenios internacionales que ha firmado México que no respeta y que no le importa respetar, pero el 169 de OIT se cuece aparte, es el más importante instrumento internacional para garantizar los derechos indígenas y tribales del mundo, y determina la protección de “los valores y prácticas sociales, culturales, religiosos y espirituales propios de los pueblos indígenas y su territorio”, por lo que históricamente en México es el único instrumento legal con el que se ha podido detener el avance del neoliberalismo criminal y con el que se han ganado los juicios al capitalismo en San Luis Potosí, Chihuahua, Morelos Oaxaca, Puebla, Veracruz, Tabasco, Michoacán, Guerrero, Altos de Sinaloa, Hidalgo, y recientemente fue gracias a este convenio que se ganó el juicio para impedir que la termoeléctrica de Graco en Morelos, tomara el agua del rio Cuautla, liberó también a las tierras de los raramuris, regresó el campo de golf a la comunidad en Tepoztlán, e históricamente la “Quinta Piedra” que se le arrebató al mismísimo Carlos Salinas de Gortari.

El de Chiapas, que es parte de la Zona Maya que el tren va a afectar, es un caso especial, ya que fue ahí, en el 169 de OIT, que se fundamentaron legalmente los Acuerdos de San Andrés con el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el 16 de febrero de 1996, donde se estableció, que “Gobierno Federal asume el compromiso de construir, con los diferentes sectores de la sociedad y en un nuevo federalismo, un nuevo pacto social que modifique de raíz las relaciones sociales, políticas, económicas y culturales con los pueblos indígenas. El pacto debe erradicar las formas cotidianas y de vida pública que generan y reproducen la subordinación, desigualdad y discriminación, y debe hacer efectivos los derechos y garantías que les corresponden: derecho a su diferencia cultural; derecho a su hábitat: uso y disfrute del territorio, conforme al artículo 13.2. del Convenio 169 de la OIT; derecho a su autogestión política comunitaria; derecho al desarrollo de su cultura; derecho a sus sistemas de producción tradicionales; derecho a la gestión y ejecución de sus propios proyectos de desarrollo”, acuerdo que 22 años después sigue sin cumplirse y que el mismo AMLO se comprometió en campaña a respetar.

En el caso del Tren Transístmico los pueblos originarios del Istmo de Tehuantepec históricamente se han opuesto a que sus tierras se ven afectadas, actualmente se encuentran en una lucha contra las empresas eólicas que les han arrebatado sus tierras. Ya Vicente Fox lo intentó e hizo famoso el Plan Puebla Panamá (PPP) después Proyecto Tomás Drallny, que pretendía facilitar la gestión y ejecución de proyectos orientados a la extracción de recursos naturales en Mesoamérica y que su principal vía para trasladar esta extracción de recursos era, en un principio, la creación de un canal en el Istmo de México, con el que partirían por la cintura a nuestra matria, juntando al Atlántico con el Pacífico y que ante la resistencia de los pueblos, intentaron después hacer un tren, que tampoco pudieron concretar, y ahora Andrés Manuel López Obrador sin tener una autoridad formal, pretende con una consulta no oficial, y apresurada, tomar el parecer de la ciudadanía sobre temas que implican no sólo una inversión económica del dinero del pueblo, que en este caso es lo menos importante, implica atentar contra la autonomía y soberanía de los pueblos originarios que están aquí mucho antes de que esto se llamará México, e implica también saber a que “tipo” de gobierno es al que nos enfrentaremos los mexicanos durante los próximos seis años.

¿Cuál es la prisa? “¿Por qué la premura con el Tren Maya y el canal transístmico?” Dice la “Rayuela” esta semana en La Jornada; en el mejor de los casos queremos suponer que AMLO tiene muchas ganas de trabajar y comenzar duro su mandato y que si la consulta la hiciera ya siendo presidente no podría ser informal como ésta, y tendría que implicar a las instituciones. Pero también tenemos que ver el peor de los casos. Decía Omar Gracia “el 44” (sobreviviente de Ayotzinapa) cuando argumentaba su voto a favor de AMLO, que en todo caso prefería tener que enfrentarse con AMLO que con Anaya, y yo mismo considero a López Obrador un neoliberal moderado, pero ¿si no es cierto? ¿Si resultara que es el más inteligente de los neoliberales navegando con bandera izquierdista? ¿Y si Omar se equivocó y resulta que nos tendremos que enfrentar al peor neoliberalismo de la historia de México y que éste fue avalado por 30 millones de mexicanos).

Apoyamos la anterior consulta contra el aeropuerto en Texcoco por tres motivos fundamentales: primero, que quienes lo quieren construir ahí, representan a los gobiernos de Calderón y Peña que han robado los recursos de México con toda impunidad; segundo, porque implica un poco de justicia para el pueblo de Atenco y abre la posibilidad de un juicio internacional contra EPN, y tercero, por salvar el último cuerpo de agua de lo que fue el lugar donde se fundó la Gran Tenochtitlán. Pero los convenios que hace actualmente con las empresas corruptas constructoras para que sigan su negocio ahora en Santa Lucia no los aprobamos, ni venían en la consulta, y ya comienzan a surgir la voces públicas de las comunidades originarias que exigen ser respetadas conforme a la ley, como el Consejo Supremo de Indígenas de Michoacán.

Si piensa ampararse en la consulta del próximo sábado y domingo para justificar que los pueblos indígenas podrán emitir su voto, sería bueno que le avisaran su asesores,que se tendrá que enfrentar un juicio que exigirá de principio la consulta real que establece la ley y, segundo y más importante, a pueblos originarios indómitos que históricamente han demostrado su capacidad para defender su dignidad.

Así no Andrés, así no, sin consultar a las comunidades indígenas y con respeto a todo el pueblo de México, te vas a ver enfrentado con el mismo pueblo que votó por ti.

Iván Uranga
@CompaRevolucion
iuranga@cnpm.mx

Anuncios

Deja un comentario