“Andrés Manuel: el presidente respondón y el dispositivo de poder”. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Como escandalosa, en el mejor de los casos, y como abuso de poder, en el peor de ellos, es juzgada la actitud del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) cuando señala, acusa, desnuda o responde a quienes de una forma u otra cuestionan su proyecto de Nación y su estilo personal de gobernar. Derecho de réplica dice él, autoritarismo, abuso de poder, amenaza a la libertad de expresión y la democracia claman otros, 650 para mayor exactitud.

Sostener que no hay proporcionalidad entre el poder presidencial y el lugar desde donde hablan quienes le cuestionan podría parecer acertado. Sostener que se deprecia al responder a sus críticos y que al hacerlo les reconoce una importancia que no tienen, rebajando con ello la investidura presidencial y degradando el debate público, podría también tener algún sentido.

Sin embargo, se sostiene que esas apariencias deben ser sometidas a un análisis más profundo dejando a un lado la forma para entrar al fondo. Para lo cual, es preciso acudir al concepto “dispositivo de poder”, acuñado por el filósofo, sociólogo, historiador y psicólogo francés Michel Foucault (1926-1984).

Un dispositivo es, a decir de quien se consideraba a sí mismo un “arqueólogo del saber”:

Una red que vincula elementos heterogéneos como discursos, instituciones, disposiciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filantrópicas, filosóficas y morales. Es la red que se puede establecer entre estos elementos.

Este conjunto de elementos se forma y opera, continua Foucault, como respuesta a una urgencia política y de ahí su carácter estratégico. Los cuestionamientos obligados en este punto son por supuesto: ¿qué tiene que ver el dispositivo con la actitud respondona del primer mandatario? ¿de qué urgencia política y de cuál estrategia se trata?

Las respuestas a estas preguntas dan forma a la hipótesis que se sostiene en esta colaboración, a saber: el proyecto político sostenido por López Obrador a lo largo de por lo menos dos décadas, en la medida que supone la disminución de los privilegios de las élites política y económica en favor de las grandes mayorías, se convirtió en una amenaza en contra de intereses creados, por lo que se hizo necesario armar una estrategia para frenar su arribo a la presidencia de la República.

Esta hipótesis, independientemente de la comprobación científica a que podría ser sometida, bien puede sostenerse en la evidencia fáctica que apunta a la existencia de dicho dispositivo. Primero, con los intentos infructuosos por manchar la imagen de López Obrador a través de sus subordinados o familiares, al no encontrarle a él directamente faltas para acusarlo y destruir sus ambiciones políticas, como el caso de los video escándalos de 2004.

Estos se basaron en dos videos, en el primero aparece Gustavo Ponce, secretario de Finanzas del Distrito Federal bajo el gobierno de López Obrador, gastando dinero de las arcas públicas en Las Vegas, Nevada. Este fue grabado por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen-institución federal) y presentado en el noticiero nocturno de Joaquín López Dóriga, en Televisa, por supuesto.

En el segundo se observa a René Bejarano, exsecretario particular de AMLO, recibiendo importantes cantidades de dinero mismo que unió con ligas y que fue presentado por otro de los conductores estrella de Televisa, el payaso Brozo, quien en ese momento entrevistaba al entonces diputado federal panista Federico Döring, quien le entregó el video que supuestamente había recibido como “un regalo” por su santo. Por pura casualidad, a la misma hora Bejarano estaba siendo entrevistado en un estudio aledaño, por lo que se le invitó a pasar al estudio de El Mañanero, a petición del payaso que quería saludarlo. Lo demás es historia.

Este último video fue grabado por el empresario Carlos Ahumada, en supuesto contubernio con el expresidente Carlos Salinas de Gortari y el político panista Diego Fernández de Ceballos, de acuerdo con declaraciones del mismo Ahumada hechas en Cuba y denunciadas por el entonces presidente Fidel Castro, en un artículo del 12 de agosto de 2010, recuperado por el sitio sinembargo.mx, en la nota de la redacción “Fidel Castro narró como Carlos Ahumada, Carlos Salinas y el ‘jefe’ Diego tramaron dañar a AMLO”, publicada el 16 de agosto de 2019.

El intento más reciente se dio con la grabación de su hermano Pío López Obrador, recibiendo dinero de David León, situación que debe ser investigada tanto por la Fiscalía General de la República (FGR) como por el Instituto Nacional Electoral (INE).

Cabe aclarar que la exhibición de los videos no tiene como objetivo “moralizar” la vida pública, a pesar del discurso ético con que se acompañan, sino hacer a un lado a quien no ha aceptado las reglas del anterior juego político. Si el fin último fuera realmente limpiar de corrupción a la política, ya hubieran visto la luz cientos, miles de videos como esos.

Segundo, por un conjunto de acciones de tipo administrativo, legal, discursivo y propagandístico entre ellos el desafuero (medida administrativa) por un supuesto desacato a una orden judicial (disposición legal) por parte de López Obrador, entonces gobernante del Distrito Federal. Las afirmaciones filtradas a los medios de Vicente Fox Quesada (encarnación de la institución Presidencial) y Martha Sahagún de Fox, cuando ejercían como “la pareja presidencial” en el sentido de que no dejarían a López Obrador llegar a la presidencia. Los dichos (discurso) de Fox en un foro sobre Venezuela, en junio de 2017, en el que prometió “yo me voy a encargar, yo personalmente que ‘ese cuate’ no llegue, porque no queremos otra Venezuela aquí, no queremos más populismo y demagogia”, sin olvidar que él mismo afirmó haber ganado dos veces la presidencia gracias a una intromisión indebida en los comicios de 2006.

Los spots pagados por empresarios para asustar a la población augurando un desastre económico en caso de ganar López Obrador. Las decenas de primeras planas y los cientos de columnas periodísticas (discursos) denostando, rebajando, atacando, ofendiendo, estigmatizando al tres veces candidato a la presidencia. Los análisis de intelectuales (enunciados científicos) que “comprometidos con la democracia” se sumaron a la tarea de no dejar pasar a López Obrador.

La campaña electoral de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, “AMLO es un peligro para México” (discurso), que dividió al país en dos bandos: el de aquellos que desarrollaron un miedo irracional en contra del entonces candidato y el de quienes iniciaron una defensa férrea de su líder. El fraude electoral de 2006, cuyos rastros fueron analizados matemáticamente sin dejar lugar a duda, por mencionar sólo algunos elementos que permiten afirmar la existencia de un dispositivo de poder montado en contra del actual presidente.

Pero no se piense que, al fallar en su cometido, el dispositivo ha dejado de operar. Como el dinosaurio de Augusto Monterroso, “todavía está allí” como puede observarse en todos los medios de comunicación, donde las mismas plumas y voces no escatiman calificativos, verdades a medias, insultos y falsedades para continuar vilipendiando a López Obrador.

Al mismo tiempo se nutren de nuevas, aunque hasta ahora fallidas, estrategias como la formación del Frente Nacional Anti AMLO (FRENAA) y el plantón que mantiene en Avenida Juárez, y el frente Todos Unidos Contra Morena, “TUMOR” (sic), recientemente anunciado por el excandidato del Partido Nueva Alianza (PANAL) a la presidencia de la República, Gabriel Quadri, y en el que supuestamente participan el PAN, el PRI y el PRD, con la intención de “derrocar” al partido creado por AMLO.

En paralelo a las acciones comentadas, el 17 de septiembre apareció en la prensa mexicana un desplegado en el que 650 periodistas, intelectuales, escritores, analistas, cineastas y demás, acusan al presidente por proferir juicios y propalar falsedades que siembran el odio y la división en la sociedad mexicana, por estigmatizar y difamar a quienes llama “sus adversarios” y por poner en riesgo la libertad de expresión.

Por supuesto, no tocan ni por error el “derecho a saber” por eso de las colas largas ni reconocen, en ninguna circunstancia, la división creada artificialmente en 2006 con la ya mencionada campaña del miedo, ni mucho menos la ancestral división en clases: ricos de un lado y pobres del otro. Hacerlo supondría quedarse sin argumentos para achacar a AMLO tal división.

El desplegado de los 650 abajo firmantes se entrampa en el cinismo y la mala memoria toda vez que acusa al presidente justo de aquello de lo que fue víctima durante tres campañas presidenciales, 2006, 2012, 2018.

Lo menos que se podría decir es que están recibiendo una cucharada de su propia medicina, con la diferencia que no son víctimas del cerco mediático con el que se impidió a quien gobierna hacer públicos sus argumentos, reclamos, desmentidos, aclaraciones, propuestas. No son víctimas tampoco de la mordaza que les impediría continuar con sus ataques y diatribas ni de la represión que ansían.

Para fortalecer la hipótesis aquí expuesta vale decir que el desplegado fue lanzado por la revista Nexos, propiedad de uno de los abajo firmantes, Héctor Aguilar Camín, a decir de Francisco Valdés, uno de los responsables del desplegado, junto con Roger Bartra.

Previo al desplegado, en un tuit del 29 de mayo, el analista político Hernán Gómez Bruera, filtró el video de una conversación del Grupo Generativo Patria 62, con el tema “Pandemia y zozobra política”, en el que se escucha al escritor Aguilar Camín llamar “pendejo y petulante” al presidente de la República.

Aunque, una vez analizada la grabación los calificativos proferidos por Aguilar, porque si “López” es sólo “López”, “Aguilar” puede muy bien ser sólo “Aguilar”, son una muestra perfecta de la existencia de un “dispositivo de poder anti AMLO”, sin siglas por eso de no regarla como los del “TUMOR”.

Aquí la transcripción de parte de lo dicho por Aguilar:

¿Qué hacer para que esto llegue a la inmensa mayoría del país? (…) Este gobierno tiene totalmente perdido el pleito (…) el círculo rojo (…) No hay un análisis de prensa nacional o internacional que defienda lo que está haciendo. (…) (con Calderón y Peña) fueron las críticas en el círculo rojo y luego se volvió un lugar común para todo el mundo (…) Esto que estamos nosotros pensando y viendo, esto que está pensando y viendo Reforma, esto que está pensando y viendo la gente pensante del país (…) las calificadoras, los analistas económicos, los diarios internacionales, esto se va a volver parte de la visión común de los mexicanos”.

(…) Todas y cada una de las leyes que este gobierno ha puesto, las importantes están bajo querella constitucional (…) Entonces hay un pleito institucional que dar en la Suprema Corte (…) Todo lo que ustedes puedan canalizar a la Suprema Corte es espacio bien ganado porque con dos (…) leyes que (…) la Corte le eche abajo lo regresa al estatus de un presidente normal y lo obliga a (…) a estar en situación de ilegalidad mucho tiempo”.

(…) tomemos nota que estamos frente a un proyecto revolucionario y que cuando uno entiende eso, todas las estupideces que hace (AMLO por supuesto) adquieren una lógica impecable: él quiere que este país este jodido y empobrecido para poderlo gobernar (…) Yo creo que no es el momento de la revocación del mandato (…) te lo podría ganar (…) tenemos unas elecciones intermedias en 21, en donde hay que derrotar a Morena y a López y luego en el 22 (…) si perdió las elecciones del 21 estará tan jodido todo el país (…) (se entiende que por la pandemia) probablemente pierda también la revocación de mandato por ‘pendejo y petulante’.

Aguilar buscó también intimidar a sus amigos del Club de Toby con el “petate del muerto” al afirmar que: “en todas las revoluciones, en la francesa, en la soviética, en la china, en todas, primero los usas, luego los expropias y luego los desapareces, eso es lo que hacen las revoluciones con los ricos”.

Disculparán la extensa cita, pero como se dice, no tiene desperdicio. Sólo le faltó decir, a Aguilar: “quiera la Virgen, la morenita del Tepeyac, que la pandemia y el paro económico dejen tan jodido al país que López y Morena, la otra, no puedan ganar las elecciones intermedias, la revocación de mandato y la elección presidencial de 2024”.

Si se lee con atención lo dicho por Aguilar a sus excompañeros del Patria, debajo de sus argumentos se oculta un profundo clasismo, del tipo “los de abajo, los del círculo verde, o sea el pueblo, no piensan, no entienden que no entienden, no comprenden qué es lo que les conviene, por eso, los del círculo rojo, o sea nosotros, que sí entendemos, tenemos la sagrada obligación de ilustrarlos”.

Clasismo que puede leerse también en los ataques a la familia presidencial que se atrevió a ocupar Palacio Nacional sin haber nacido en pañales de seda, sin pertenecer a la élite, sin comprar objetos de lujo en la Casa Bijan ni usar vestidos de diseñador de 100 mil pesos para arriba, pagados con dinero público ¡claro!

En la cita de Aguilar es posible también rastrear la absurda idea de que López Obrador llevará al país al comunismo y observar una pequeña parte de la estrategia que compone el dispositivo de poder que opera en contra del presidente de la República y que está formado por una red de instituciones, discursos, spots, campañas, disposiciones legales y administrativas, discursos pretendidamente científicos y filosóficos, grupos, frentes, medios de comunicación (nacionales y extranjeros), expresidentes, intelectuales, periodistas, columnistas, calificadoras, payasos y un largo etcétera.

Así o más claro. ¿No es acaso Aguilar uno de los tantos operadores que están buscando conjuntar voluntades para sacar a López Obrador del gobierno, yendo en contra de la voluntad de 30 millones de mexicanos y mexicanas?

Una vez expuesta la evidencia fáctica, cabe volver sobre el argumento de acuerdo con el cual existe un gran desequilibrio entre el poder del presidente y de quienes le critican y atacan y preguntarse si realmente esto es así.

Podría igualmente revisarse la afirmación de los 650 abajo firmantes en torno a que la democracia y la libertad de expresión se encuentran en peligro, para desde ahí formular otras preguntas, a saber: ¿Atenta contra la democracia y la libertad de expresión quien ejerce su derecho a la réplica o quién ataca, ofende, denigra para defender los privilegios de un puñado de personas en detrimento de las grandes mayorías?¿Defiende los valores democráticos quién confabula en lo oscuro ignorando el mandato de 30 millones de personas, enarbolando en público la roída bandera de la democracia pripanperredista?

¿Se espera entonces que el presidente agache la cabeza y se guarde para sí las ofensas, las descalificaciones, las mentiras, la vileza de quien no soporta que una persona cercana al pueblo y sus necesidades les eche a perder el gran negocio en que habían convertido la política?

¿Quisieran entonces sus detractores y quienes han hecho de México su botín particular que se quedara calladito, porque así se vería más bonito? ¿Que no defendiera su proyecto y los intereses de las mayorías?, ¿que no afectara intereses y no denunciara la corrupción, las complicidades y los nexos (no confundir con la revista) de personajes y grupos que pretenden seguir viviendo, a todo lujo, de los recursos que a todos pertenecen?

¿Que no ventilara desde la tribuna que le ofrecen “Las Mañaneras” a quienes pretenden desestabilizar a su gobierno? ¿Que fuera compasivo con sus detractores, la oposición pues, ahora que la caballada está flaca, y medir mejor sus fuerzas para pegarles “quedito” no sea que se quiebren?

Cuando se denigra al primer mandatario y a su familia, se le acusa falsamente de enriquecerse al amparo del poder y esconder sus propiedades, como su supuesta casa de La Toscana (de la que jamás se ha dado prueba alguna), y se le golpea con noticias de primera plana no comprobadas ¿entonces se ejerce la libertad de expresión y se lleva a la democracia a niveles nunca vistos?

Cuando él se defiende y contraataca, ¿está siendo autoritario, abusivo, rebajador de la figura presidencial y denigrador del debate público? Ese en el que se le estigmatiza, etiqueta y tacha de loco, peligroso, mesiánico, populista, pendejo y petulante.

Después de todo lo dicho, la acusación de que el presidente abusa de su poder al ejercer su derecho de réplica y denunciar la corrupción y los enjuagues del pasado, así como los intentos que se hacen para entorpecer a su gobierno no se sostiene. Un simple pase de revista de algunos, tan sólo algunos de los elementos que conforman el dispositivo de poder echado a andar en contra del proyecto que encabeza lo confirma.

Finalmente, elevar el debate público y terminar con la división y los enfrentamientos no puede ser sólo tarea del presidente de la República sino de quienes, “con mucha clase”, le atacan, denuestan y ofenden.

Ivonne Acuña Murillo
Ivonne Acuña Murillo

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

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