BRASILIA, 28 oct (Xinhua) — El fuerte desgaste del sistema político brasileño y la capacidad de reunir sectores sociales identificados con el conservadurismo político y cultural, por un lado, y con el liberalismo económico por el otro, fueron los factores que dieron la victoria en las elecciones generales de hoy a Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL).

Bolsonaro, quien será el primer presidente de extrema derecha surgido de las urnas en Brasil, consiguió aglutinar sectores heterogéneos detrás de una propuesta de mano dura contra la delincuencia, una agenda de reformas económicas y privatizaciones, y un discurso moralizante y en defensa de la familia.

Desde el lanzamiento de su candidatura dos años atrás, el ex capitán del Ejército construyó su base de apoyo a partir de una inserción cada vez más evidente en sectores organizados que defendían esas banderas.

Para el politólogo Paulo Kramer, de la Universidad de Brasilia, la victoria de Bolsonaro tiene su origen en el fuerte desgaste de los partidos tradicionales, en especial del Partido de los Trabajadores (PT), como consecuencia de los escándalos de corrupción.

Afirmó que el ascenso de una ola “anti PT” se debió a los errores acumulados durante años por el gobierno.

“Los brasileños conocieron en detalles los desvíos y el saqueo de los cofres públicos, a través de las investigaciones anticorrupción de la Operación Lava Jato (lavadero)”, recordó.

“A eso se combinó la peor crisis económica de nuestra historia, con una caída del Producto Interno Bruto (PIB) en apenas tres años”, agregó.

A su vez, para el director del Departamento Intersindical de Asesoría Parlamentaria, el también politólogo Antonio Augusto de Queiroz, la profundidad de la crisis brasileña afectó a los partidos que gobernaron en los últimos 20 años.

Además del PT, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) y el Movimiento Democrático Brasileño (MDB) sufrieron fuertes retrocesos.

“Hay una población desalentada y con miedo, lo que por encima de todo facilita diseminar un discurso que apunta a los supuestos responsables de todo lo malo que está ahí”, dijo.

“El enemigo para muchas de esas personas es justamente el sistema político, la estructura democrática y el velo institucional que la rodea”, manifestó el politólogo.

En ese contexto, las elecciones de 2018 representaron un cambio de paradigma en la forma de hacer campaña en Brasil, con el ingreso a la era digital en las disputas electorales en detrimento de formas tradicionales de hacer campaña.

“Las redes y medios sociales tuvieron una importancia estratégica en las elecciones generales”, dijo Queiroz.

“Este modelo de comunicación, en un ambiente conflictivo como el actual, encuentra terreno fértil”, explicó.

“En el caso de Brasil, hay una enorme crisis fiscal del Estado y un exceso de demandas de la sociedad, a saber, el aumento del desempleo, la criminalidad y la violencia”, completó.

Precisamente, fue alrededor de esos ejes que Bolsonaro desarrolló su campaña, despreciando ostensiblemente las formas “políticamente correctas” de hacer política y atrayendo a sus electores más fieles con un discurso agresivo, con la promesa de un gobierno fuerte como solución para esos problemas nacionales.

El rechazo que registraba el extremismo de sus posiciones tuvo una reducción significativa tras el atentado que el candidato sufrió el 6 de septiembre pasado durante un acto político, cuando fue apuñalado en el abdomen y debió ser intervenido quirúrgicamente.

Las encuestas a lo largo de la campaña, por otra parte, mostraron un salto en las posibilidades de triunfo de Bolsonaro a partir del apoyo del mercado financiero y los grandes empresarios, 40 días antes de su victoria electoral de este domingo.

Hasta entonces, el favorito del “establishment” era el candidato del PSDB, Geraldo Alckmin, quien contaba con una amplia ventaja de recursos y de tiempo gratuito en televisión, pero no consiguió reflejar esas ventajas en apoyo popular.

La selección por parte de Bolsonaro del economista Paulo Guedes, un liberal de la escuela de Chicago, fue la carta de presentación que dio garantías a la elite económica que reclamaba profundizar las reformas liberalizantes y que abandonó a Alckmin a mediados del mes pasado.

Pequeños empresarios y profesionales liberales se alinearon con el programa de Guedes defendiendo una drástica reducción del sector estatal en la economía y de la burocracia, y una defensa irrestricta de la iniciativa privada.

Al apoyo de los grandes empresarios e inversores se sumó el sector del agronegocio, el más dinámico de la economía brasileña, que endosó la candidatura de Bolsonaro con las banderas de contener las movilizaciones sociales en el campo, limitar las exigencias de los ambientalistas y reducir las reservas indígenas.

Igualmente fundamental fue la adhesión de las iglesias pentecostales, de fuerte peso parlamentario y control de medios, que pusieron sus estructuras, incluida la prédica de los pastores en los templos, al servicio del candidato del PSL.

El significado de ese apoyo, desde el punto de vistas de los evangélicos, es el rescate de los valores moralistas, tanto en el ámbito de la familia como de las costumbres y del propio Estado.

Finalmente, fue decisivo el apoyo de un grupo de generales retirados, de militares de baja patente, y del personal de las fuerzas de seguridad, para quienes Bolsonaro es el portavoz ideal de sus ideas y que aportaron además su disciplina para dar impulso a la campaña.

Aunque los sondeos previos llegaron a darle una ventaja de 20 puntos, lo que presumía que podía obtener una victoria avasalladora, el resultado de este domingo fue una diferencia de 11 puntos, reflejo de un fuerte rechazo por parte importante de la sociedad brasileña.

En la recta final, las posiciones del candidato del PSL y la intensa campaña en su contra que lo definió como un riesgo para la democracia brasileña, resultaron en una victoria con margen menor al previsto.

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