“Adictas curiosas y malhechoras”: Las mujeres en la prensa 1969-1974 Autor: Alejandra Romero

Por Alejandra Romero[1]

En 1971, el entonces presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, lanzó la guerra contra las drogas. Esta nueva política pública transformó el siglo XX. Ésta, se presentó como una solución para mejorar la salud pública y evitar que se incrementaran las adicciones en la juventud, pero, ocultó entre sus objetivos un uso político desde el poder. Gracias a los archivos desclasificados, ahora podemos documentar que esta guerra también funcionó como una estrategia política para desactivar a las disidencias sociales. Específicamente, a sectores de izquierda opositores a Nixon como los hippies, quienes se oponían a la política estadounidense en la guerra de Vietnam y los afroamericanos en su lucha por los derechos civiles.

De hecho, esta idea nació desde la campaña presidencial de 1968, donde el equipo de campaña de Nixon descubrió que las promesas para bajar los índices de criminalidad y atacar el problema de las drogas resultaron los más efectivos. Por ello, una vez en presidencia, antes de declarar la guerra, su equipo de trabajo se concentró en buscar evidencias que sustentara esta nueva cruzada. En otras palabras, construir narrativamente a los responsables y enemigos públicos de los estadounidenses. Entre los países señalados como los posibles culpables del fenómeno, fueron Francia, Turquía y desde luego México.

En el caso de México, ante una negativa inicial por incrementar las penas y violentar a su población en pro de esta “Guerra contra las drogas”, Estados Unidos decidió lanzar en septiembre de 1969 la Operación Intercepción. En corto, una campaña de extorsión y presión internacional para hacer que México accediera a su voluntad. Así, cerraron la frontera y comenzaron una revisión extenuante a transeúntes y automóviles en la frontera norte lo que paralizó el tráfico humano y comercial. Sus efectos negativos no tardaron surtir efecto y México cedió ante la presión.

Esta situación generó debate en la prensa, tanto por lo que algunos medios consideraron una “violación a la soberanía del pueblo mexicano”, como por averiguar desde donde se originaba el problema de las drogas. Antes de 1969, la prensa exponía las incautaciones de droga y el ambivalente crecimiento criminal, aunque no existía entonces una situación tan alarmante para que el tráfico de estupefacientes se considerara un tema de gran relevancia en las noticias nacionales.

Por ello, el consumo de estupefacientes comienza a tomar relevancia para la sociedad y prensa mexicana por la agenda diplomática México-Estados Unidos, la mencionada Operación Intercepción y la política antidrogas de Nixon.  Hasta que México se convirtió, de manera sistemática, en parte del enemigo público número uno de dicho país.

Jueves de Excélsior, Sucesos para todos, Mañana, Impacto, el Heraldo de México son solo algunas de las publicaciones que se encargaron de exponer el creciente fenómeno del mal. Cada publicación se encargó de encontrar el origen del problema y expresarlo como un mecanismo de denuncia al gobierno, así como también presentárselo al público lector.

 En este ambiente de tensión respecto a las drogas que poco a poco se iba complicando, el discurso de la prensa se encargó de señalar a los posibles culpables del problema, pobreza, marginación, juventud y cultura popular, como la música, fueron los fenómenos señalados causantes del crecimiento del narcotráfico. O al menos fue un tema recurrente a partir de la política bilateral de Richard Nixon.

En este ambiente de tensión, cabe preguntarse ¿cómo la prensa abordó el problema de los estupefacientes? ¿Hubo alguna diferencia entre consumidores hombres y mujeres?  ¿Cómo se construyen los sexos en el discurso impreso y este a su vez en el consumo de drogas y narcotráfico?

 En realidad, sí existieron notables diferencias. En los periódicos de la época, en el tema del género y las drogas, existe una clara estigmatización distinta tanto en la narración de la prensa como en las grafías visuales que en algunos casos llegan a utilizar los medios. Los estereotipos en torno a los causantes del mal, ya sea como consumidores o vendedores, marcan una diferencia entre distintos sexos.

En la construcción de realidades, las publicaciones mencionadas presentan un panorama aparentemente general sobre el peligro de las drogas. Por un lado, enaltecen el gran avance que ha tenido el gobierno de México en la cooperación Internacional. Sin embargo, por otro, el problema suele ser en su mayoría asociado a grupos varoniles, como los consumidores, traficantes y malhechores generadores de tan escandaloso mal.

 La narración e interpretación de la prensa, en gran medida, suele manejarse como un ambiente de hombres. En caso de ser ellos los consumidores, no existe mayor castigo que el juicio social, en muchos casos como jóvenes que han optado por los malos pasos.

Aunque el problema suele aparentemente abordarse desde un punto neutral, la presencia, así como la ausencia de diferentes actores, tejen realidades distintas de un mismo fenómeno. Adictas curiosas y malhechoras, drogas, criminalidad y mujeres, son abordadas de manera distinta por la prensa.

Cuando se manifiesta el tema de las mujeres y drogas, pocas suelen ser las menciones. En su mayoría, su mención en las notas pasa desapercibida. Sin embargo, las mujeres que llegan a ser “nota vendible” de los medios, se enfrentan a dos casos, 1) ser víctimas por cuestiones pasionales y 2) reprobación social mucho más severa, pues sus acciones atentan contra el buen comportamiento femenino.

 En mayo de 1970, la revista Mañana, publicaba un análisis sobre el peligro de las drogas, en general consideraba que estas, afectaban directa y exclusivamente a los jóvenes. En las últimas columnas, la nota presenta el caso de una jovencita llamada Olivia, quien debido a un historial familiar disfuncional siempre estuvo expuesta al consumo de estupefacientes.  No obstante, hacen la aclaración de que estuvo aún más expuesta cuando empezó a salir con amigos y novios, quienes se aprovecharon en varias ocasiones de su estado intoxicado para abusar de ella.

Aunque la nota, refiere que Olivia intentó buscar una mejor vida, la recaída en las drogas, así como su “alta promiscuidad” impidieron que pudiera acceder a un mejor futuro.

En este sentido, Olivia fue tratada como víctima y aún más culpable de sus padecimientos, señalada como una mujer viciosa. 

 El mismo patrón se repetía en una nota de El Heraldo de México en marzo de 1971, donde con el encabezado “DROGAS”, retrataba el caso de una jovencita de 13 años, sobrina de un jefe pandillero, que fue incitada por los miembros de la banda a curiosear con las drogas, en un primer caso con marihuana y posteriormente con LSD, para luego aprovecharse de ella.

            No solo las mujeres jóvenes, fueron señaladas como viciosas y malhechoras. Frecuentemente se suele abogar por el papel necesario de los padres de familia a intentar que los jóvenes sigan el buen ejemplo. En este tema, suele haber un llamado al papel maternal para el cuidado de los hijos.

 En una reseña sobre una mesa redonda realizada sobre “drogadicción” en Ciudad Universitaria, narra, como un doctor de nombre José Luis González señaló que eran las propias madres del hogar que al tener cuidados sobre protectores o que limitaban la libre personalidad de sus hijos, ocasionaba que cayeran en la curiosidad de las drogas.

           Otra forma de representar el problema de las mujeres es a través de ilustraciones de mujeres bajo los efectos de las drogas o fotos de féminas detenidas por presunto abuso y tráfico de estupefacientes. La mayoría de las fotos encontradas en los medios son ilustrativas en comparación a la información de la nota, pues en varias ocasiones suele presentarse el problema desde un panorama neutral o varonil.

          Tal es el caso del periódico El día, el cual en mayo de 1972 publicó una nota titulada “redada en insurgentes” la nota exponía que en un operativo realizado en la glorieta del metro Insurgentes se detuvieron a 85 hombres y 17 mujeres por vender y consumir drogas.

    Aunque la nota refiere más a la incautación de drogas en hombres, quienes fueron fotografiadas y expuestas públicamente fueron las féminas. A ellas, se les señaló como jóvenes hippies despreocupadas de ser detenidas.

         Así mismo en una nota presentada por el Heraldo de México en septiembre de 1969, ilustraba los “efectos simbólicos del LSD”. En una breve reseña de los efectos la figura retratada era la una fémina quien era salvada por un ser masculino. Replicando así la idea de la vulnerabilidad femenina y el papel del hombre en aquella sociedad como el salvador y protector de las mujeres 

         En suma, en los inicios de la declarada Guerra contra las drogas, la prensa se encargó darle sentido a la realidad. Buscó, señaló y creó estigmas hacia poblaciones específicas como los jóvenes disidentes del país, pero también en esta construcción de realidades, hombres y mujeres fueron retratados de manera distinta. 

Así, desde esta construcción narrativa, se concibe que el problema de las drogas en las mujeres es por razones específicas de su “género”.  Ya sea, por curiosidad alentadas por sus parejas afectivas o por amigos cercanos; o por la vulnerabilidad de mujeres viciosas, frecuentemente al estar intoxicadas son víctimas de atraco; y por último, por ser hijas, sobrinas o parientes de malhechores, son de igual manera mujeres de dudosa feminidad, moral y buen comportamiento, aun así no tengan una estrecha relación con el negocio ilícito de sus allegados.

Así mismo, en el caso de la crianza, se señala el papel de las madres de familia, como aquellas que incumplen en sus tareas domésticas, como la crianza de los hijos al no prevenir su consumo, y la crianza sobre protectora como causa de la curiosidad de los jóvenes. 

Por lo tanto, el análisis de género y drogas en los medios impresos permite identificar el papel, en este caso como la prensa, para dar cuenta de 1) cómo es abordado de forma general el tráfico de drogas y 2) cómo se construyen los estigmas, estereotipos en torno a drogas y consumidores dependiendo de su género. En la construcción de realidades, los medios de comunicación buscan dar sentido al fenómeno, así el Narcotráfico, las drogas y la criminalidad suele abordarse de manera distinta según el género.

En un fenómeno que se sigue construyendo día a día y del cual se escriben innumerables notas, género drogas y criminalidad aportan distintos significados estigmas y estereotipos a diferentes actores de acuerdo con su sexo. Por ello, es cotidiano que en las notas sobre tráfico de drogas, las mujeres no suelen ser retratadas a menos de que sea la pareja de alguien, es decir, tienen un valor respecto a ser un objeto de posesión. Hasta en la criminalidad y su representación social encontramos un machismo vivo que parecería que las mujeres no existen en el fenómeno. Como dice la Dra. Patricia Figueroa, “si la DEA no las agarra, ni siquiera las vemos”.[2]


[1] Por Alejandra Romero (@AleIntrovertida), historiadora especializada en Género, Drogas y Juventud. Integrante del curso “Narcotráfico y Crimen Organizado en México” de la UNAM. Twitter @NCO_FFyL

[2] Patricia Figueroa, Conferencia bianual de la Sociedad Historia de Alcohol y Drogas “Repensar el Alcohol y las Drogas. Transformaciones globales / prácticas locales” CDMX 16 de Junio 2022

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