“¿A quién sirve el gabinete del presidente López Obrador? Autor: Ivonne Acuña Murillo

Evidentemente, no hay manera de que el presidente de ningún país pueda controlarlo todo. Esto incluye a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) que, por su estilo personal de gobernar, lo ha intentado sin lograrlo. De aquí la necesidad de nombrar un gabinete formado por personas que además de ser expertas en los ramos a que son asignados, estén comprometidas con el proyecto de quien les nombró. De manera que, cuando se filtra el audio de un secretario de Estado, denunciando contradicciones profundas en la Cuarta Transformación (4T), la pregunta ¿a quién sirve el gabinete de AMLO? se vuelve relevante.

La tarde del miércoles 5 de agosto, fue filtrado a medios un audio en el que el actual secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Víctor Manuel Toledo Manzur, en una supuesta reunión de trabajo con subalternos, denunció la existencia de dos proyectos en confrontación al interior del gobierno lopezobradorista. Uno encaminado a hacer prevalecer los agronegocios, encabezado por Víctor Manuel Villalobos Arámbula, responsable de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), y por el jefe de la Oficina de la Presidencia, el empresario, Alfonso Romo Garza, y el que Toledo defiende en favor de la agricultura ecológica.

La manzana de la discordia o el detonante que hizo llegar a medios dicho audio es el uso de la sustancia activa presente en la mayoría de los herbicidas del mundo, el “glifosato”, usados en el control de la maleza.

La polémica en torno a los efectos nocivos que provoca el uso de esta sustancia se encuentra vigente y en ella participan organismos como el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) de la Organización de Naciones Unidas (ONU), que asocia su uso con la incidencia de determinados tipos de cáncer, o como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) que, tras una investigación científica realizada en 2017, concluyó que el glifosato no mostraba “propiedades carcinogénicas ni mutagénicas y que no tenía efectos tóxicos sobre la fertilidad, la reproducción o el desarrollo embrionario”.

Sin embargo, no se ha determinado plenamente si el uso de esta sustancia daña o no al medio ambiente y a la salud humana. La duda persiste dado que ha trascendido que compañías, como Monsanto, invierten millones de dólares para bloquear investigaciones que atentan contra sus intereses, cuando alguno de sus productos causa problemas medioambientales o de salud.

Por estas razones, los gobiernos de diversos países enfrentan una fuerte presión social para prohibir su uso, a pesar de las consecuencias que en términos de productividad ocasionaría desecharlo antes de encontrar un sustituto adecuado, según afirmó Bosco de la Vega Valladolid, presidente del Consejo Nacional Agropecuario (CNA), en entrevista con Carmen Aristegui, el viernes 7 de agosto: “No hay evidencia científica, está permitido internacionalmente (…) Cómo se atreven (en referencia a Toledo y el subsecretario de Alimentación y Competitividad de la Semarnat, Víctor Suárez Carrera), si no hay evidencia científica, si no nos reciben, si no atienden nuestra documentación, a prohibir algo que posiblemente pueda ser (…) No tenemos una alternativa para el campo más. Si nos quitan ese ingrediente, que lo manejan como 80 o 100 compañías en este país, lo único que van a hacer es que nos van a restar competitividad y van a generar más pobreza en este país”.

La posición de Bosco de la Vega en torno a que no hay evidencia científica que pruebe los efectos nocivos del glifosato contrasta con la de Gustavo Ampugnani, director ejecutivo de Greenpeace México, que el jueves pasado, también en entrevista con Aristegui, apoyado en el estudio de la ONU ya citado, sostuvo que De la Vega se equivoca. Por su parte, De la Vega lo descalifica al afirmar que tanto Toledo como Suárez siguen los dichos sin fundamento de ONG’s de otros países.

Una vez mostradas ambas posturas, y más allá de la importancia que reviste el uso del glifosato en términos del medio ambiente y la salud humana, cabe anotar la relevancia de que un conflicto de esta naturaleza enfrente a dos grupos de funcionarios públicos y el hecho de que este enfrentamiento haya llegado a la opinión pública.

En este sentido, resalta la opinión de Ampugnani, quien puso sobre la mesa la existencia de un rumor, de acuerdo con el cual la conversación de Toledo habría tenido lugar el Jueves Santo (9 de abril). Ante esto, el activista se pregunta ¿por qué hasta ahora se filtró dicho audio? y adelanta la hipótesis sobre una contraofensiva por parte de la Secretaría de Agricultura a una decisión que se había tomado semanas atrás para sustituir el glifosato en un periodo de 4 años: “El mismo día, donde se presenta este decreto presidencial revirtiendo o poniendo en duda, de alguna manera desactivando esta calendarización para el paso de retiro del glifosato. O sea, evidentemente las cosas están conectadas”.

Con esta contraofensiva se buscaría, a decir de Ampugnani, frenar al secretario Toledo, restándole credibilidad y alejándolo del aprecio presidencial, para con ello descarrilar el proyecto para la sustitución del glifosato.

Evidentemente, dicha controversia no podía escapar a las preguntas de los reporteros que cubren las conferencias de cada mañana. Cuestionado el presidente de la República respondió, en la “Mañanera” del jueves 6 de agosto, misma que tuvo lugar en Ciudad Obregón Sonora, que no había podido hablar con Víctor Manuel (Toledo), pero que esto es “yo diría, normal, en un proceso de cambio, de transformación”, para luego poner de ejemplo al que considera el mejor gabinete que ha tenido México, el de Benito Juárez, por supuesto, en el que había posturas encontradas entre los liberales moderados, como Ignacio Comonfort y los liberales radicales, como Melchor Ocampo.

Al hacer la comparación el presidente destacó que en su gobierno hay libertad, discrepancias y no un pensamiento único, sino libertad para que todos opinen. Al final, continuó, “yo soy el responsable del resultado final (…) no son los secretarios (…) Entonces, busco siempre armonizar, escuchar a todos, darle la razón al que la tiene y decido en función de lo que conviene más al pueblo.”

De lo dicho por las personas involucradas, incluyendo al presidente de la República, en los conflictos que supone la transición de un tipo de agricultura en el que se privilegian los negocios de una pequeña minoría, a una visión agroecológica, que ponga por delante no sólo las necesidades actuales de la mayoría, sino el futuro de generaciones, se derivan algunas certezas y muchas preguntas.

Certezas

Entre las certezas se encuentra el evidente hecho de que un gobierno en transición a un nuevo régimen genera resistencias, intentonas de boicot, incluso ataques, a veces encubiertos, a veces directos, en función de los intereses que necesariamente están siendo afectados. Lo que, sin embargo, no se esperaba es que las resistencias vinieran desde dentro del propio equipo presidencial, en el entendido de que todos los miembros del gabinete serían elegidos por su compromiso con la 4T y un proyecto en beneficio de las grandes mayorías.

Una segunda certeza, lleva a la convicción de que lo que está en juego no son sólo opiniones ni dos formas de hacer las cosas, como dijera el presidente López Obrador en la conferencia referida, por lo que la disyuntiva no está entre “apretones de manos” o “apretones de pescuezo”, sino entre dos proyectos de país.

La tercera certeza, es que el jefe de la Oficina de la Presidencia, el empresario Alfonso Romo, no está cumpliendo bien con una de sus funciones principales que es justo “armonizar” las posturas y acciones de los diversos miembros del gabinete y no involucrarse como juez y parte, provocando un posible conflicto de interés. Esto es, debería sentar a las partes y procurar un acuerdo que concilie ambas posturas, en lugar de esperar a que el propio presidente tenga que hacerlo.

La cuarta certeza, el que diversos conflictos entre funcionarios del gabinete presidencial hayan saltado a la opinión pública, habla de una falta de coordinación al interior de este y pone en duda la eficacia de los canales de comunicación interna, pero, en especial, deja a la vista de todos el tablero donde se dirimen los conflictos internos del gobierno federal.

La quinta certeza, la estrategia del primer mandatario para evidenciar a diversos actores económicos, políticos y sociales ante la opinión pública, también es utilizada por funcionarios de su gobierno para ventilar los obstáculos que les impiden cumplir adecuadamente con sus funciones. Como puede observarse en las cartas de renuncia de German Martínez, extitular del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), y de Carlos Urzúa, exsecretario de Hacienda y Crédito Público (SHCP).

Dudas

Primera, ¿tienen algunos miembros del gabinete presidencial lo que podría denominarse “proyectos ocultos” o “proyectos en las sombras” que busquen desviar el propio plan presidencial? Esto es, no sería imposible pensar que las tendencias a favorecer intereses personales y de grupo, valiéndose de puestos públicos, no ha sido del todo erradicada del gobierno a pesar de los esfuerzos y dichos del primer mandatario. Tampoco es una locura imaginar que dentro del equipo presidencial se encuentren infiltrados personajes comprometidos con quienes buscan mantener los privilegios de sexenios anteriores, los malquerientes pues.

Segunda, ¿por qué Víctor Toledo no sólo presentó su renuncia? como lo hicieran German Martínez, quien el 21 de mayo de 2019 denunció injerencias de funcionarios de la SHCP en la administración del Instituto, además de criticar lo que calificó de “excesivos recortes presupuestales”; o como lo hicieran el mismo secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, quien el 9 de julio renunció afirmando en una carta su desacuerdo con que se hubieran tomado decisiones de política pública sin el sustento suficiente y que “personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés” (en clara alusión a Alfonso Romo) le impusieran funcionarios sin conocimiento de la hacienda pública; y, recientemente, Javier Jiménez Espriú a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), por no estar de acuerdo con que las aduanas queden a cargo de la Secretaría de Marina (Semar).

Tercera, ¿pudo el mismo Toledo filtrar a medios el audio en el que “muy puntualmente” y en un “tono de conferenciante” denuncia ante sus subordinados los intentos de Villalobos y Romo por impedir el tránsito a una agricultura ecológica, involucrando incluso al mismo presidente López Obrador? Parece ingenuo suponer que un funcionario de ese nivel no supusiera que un miembro de su equipo pudiera grabarlo y hacer un mal uso de lo así obtenido. Que no se le ocurriera pensar que alguno de sus subordinados tuviera compromisos con el “otro equipo” y aprovechara su desahogo para apuñalarlo por la espalda.

Cuarta, ¿tiene razón Ampugnani cuando afirma que se trata de una contraofensiva para frenar a Toledo e impedir la prohibición del uso de glifosato? Si fuera el caso, en el gabinete presidencial están duras las patadas debajo de la mesa y al parecer no hay quien las frene.

Quinta, ¿por qué el presidente de la República aún no le ha pedido la renuncia a Víctor Toledo? Puede suponerse que, de hacerlo, inclinaría la balanza en favor de continuar con una agricultura de negocios en beneficio de unos cuantos y en claro alejamiento de su proyecto de subsistencia alimentaria en beneficio de la mayoría. Puede imaginarse también, siguiendo la misma lógica, que no lo ha hecho para no desequilibrar las fuerzas dentro del gabinete.

Un apunte más, ya en una ocasión el presidente afirmó no estar a la orden para recibir los proyectos de ciertos grupos de empresarios y aceptarlos sólo así. En este caso, el mismo Bosco de la Vega sostuvo, en la entrevista citada y en respuesta a lo dicho por López Obrador en Sonora, sobre que era normal que hubiera conflictos y opiniones encontradas, que: “Escuchar al presidente suena muy bien, nada más que te digo (a Carmen Aristegui) que hace año y medio firmamos el acuerdo de autosuficiencia alimentaria (…) le explique (al presidente) el problema que teníamos con Víctor Suárez también, que era un freno de mano para la Secretaría de Agricultura siendo subsecretario y le explique también el tema de Víctor Toledo, pero ese programa de autosuficiencia está caminando y estos dos hombres van en contra de ese programa de nuestro (sic) presidente. Y si entiendo que puede haber discrepancias en el gabinete, pero le corresponde al líder, a nuestro presidente constitucional poner orden en el gabinete”.

Sexta, ¿a qué se atiene o con qué apoyos cuenta al interior del gabinete Bosco de la Vega para usar un tono prepotente con el presidente y decirle por dónde debe ir su gobierno en materia del campo y aún indicarle a quién debe mantener en su propio equipo y a quién no?

A partir de lo expuesto, la séptima duda es, por supuesto, ¿a quién sirve el gabinete del presidente López Obrador?

Ivonne Acuña Murillo
Ivonne Acuña Murillo

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.

1 COMENTARIO

Deja un comentario