A favor del antihumanismo. Autora: Emma Rubio

Foto: Xinhua

Hemos estado ya varios meses viviendo en un estado pandémico, en el que se suponía nos pondría en una situación de apoyo y solidaridad o al menos eso pensé. Pero como bien dicen, siempre la realidad se impone y pues ahora tras unos meses podemos decir que ya nos conocemos unos a otros de mejor manera puesto que sin duda alguna, ha salido lo peor de los seres humanos.

Triste es darse cuenta que el planeta estuvo mejor con el encierro de los humanos, sin embargo, seguimos sin tener conciencia de ello, quizá a algunos sí nos llevó a repensar nuestros hábitos en todas las áreas de nuestra vida, pero cuando veo las cosas que están pasando, me queda claro que no a todos nos llegó la conciencia y que lejos de haber tal, parece que el egoísmo exacerbado se impuso.

Claro está que se manifestaron las emociones más aflictivas en todos como el miedo, la incertidumbre, el temor a la muerte, la ansiedad, la angustia, entre otras, pero es evidente que hemos vivido en un analfabetismo emocional pues lejos de saber sobrellevar las emociones las hemos proyectado en los demás; basta ver cómo se reaccionó con las personas que laboran en el sector salud, lejos de agradecer y compadecerles se les rechazó y se les alejó ¿es acaso esto muy civilizado? Ahora con el tema educativo hay tanto por decir, pero realmente la educación al ser mi ámbito prefiero dejarlo para una columna específicamente de educación.

Hoy tan sólo quiero poner “sobre la mesa” el dolor inmanente que surge de la indiferencia, de la falta de empatía y de lo mucho que algunos se regocijan ante el dolor de otros. Muchos podrán decirme que de qué hablo pero es preocupante que ante la muerte de unos otros se regocijen dado que las muertes lejos de verlas como personas fallecidas, con familias e historias inacabadas, las ven como los motivos para enfatizar el fracaso de algunos ante las decisiones tomadas.

Politizar el dolor, politizar la pérdida es de lo más doliente que he visto en este proceso humano que nos aqueja. Gozosos algunos ante la contabilización de los fallecidos, objetivando a esos otros que hoy son extrañados, llorados, ante la muerte de aquellos que sin deberla ni temerla fueron víctimas de una especie de trasiego y manoseo de sus vidas como si lo que importara fuera tener la razón. Pero ¿es acaso esto racional? ¿Es en verdad una muestra de que se tienen conciencia sobre lo que es realmente importante? Por lo que a mí respecta, yo tan sólo veo una horda de bestias peleándose un pedazo de carne. Regocijándose en el dolor, en la tragedia cual bestias carroñeras de la política.

¿Es acaso este el juego de la política actual? ¿En qué momento la política se ha vuelto un circo romano? ¿En qué momento la política terminó siendo el ejercicio de bestias y no el trabajo de aquellos que velan por el bien común? Triste es darse cuenta que somos simplemente moneda de cambio para los poderosos.

Me duelo ante la indiferencia de tantos que en lugar de preocuparse, aplauden los fracasos de quien hoy es el presidente y no hago señalamiento de esto porque sea o no pro Andrés Manuel sino por lo lamentable que es ver que se pondera más el odio o aceptación por una persona y lo que evidentemente conlleva que lo que somos como especie. Y cuando digo, lo que evidentemente conlleva; me refiero a todos esos favores que seguramente debe él y todos esas dádivas que perdieron esos que hoy están tan molestos y que manipulan a todos aquellos que ni recibían nada pero que creen que estar en contra es parte de ser de un círculo de elite, de esa elite ficticia que sólo existe en las mentes de esos clasemediera que aspiran a más pero que creen ganarlo a través de la lambisconería y la zalamería. Vivimos en una realidad que cada vez hace más evidente lo poco que nos queda de humanidad. Este es el México actual, no el México de AMLO, no el de los conservadores o los chairos, es el México que hemos construido todos y entre todos, y aquel que se sienta eximido de culpa simplemente es porque no tienen absolutamente nada de conciencia. Aquel que siga culpando a los gobernantes, al pasado, al futuro, al presente, al clima pero no es capaz de verse a sí mismo, simplemente es porque no es capaz de ni siquiera conocerse a sí mismo ni a sí misma. Y aquel que osa ver a algún otro u otra como ciudadano de segunda es simplemente porque su miseria es tan grande que tan sólo es digno de lástima. Hablar hoy día de humanismo resulta tan obsceno que mejor dejemos las cosas ya sin pretender etiquetarlas ni categorizarlas, pues de lo contrario, lejos de promover justicia; sucumbimos a enmarcar cada día más las diferencias.

Emma Laura Rubio Ballesteros
Emma Laura Rubio Ballesteros

Licenciada en filosofía, maestra en educación y especialista en Teoría Crítica y hermenéutica, certificada en educación socioemocional. Autora de diversos artículos en revistas académicas

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