#YaChole: Ni el presidente, ni su gobierno, ni su partido, ni la 4T son feministas. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Foto: Especial.

La obcecación de la dirigencia nacional del partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), especialmente de Mario Delgado, en sostener la pretensión del senador con licencia Félix Salgado Macedonio, acusado de 5 violaciones sexuales, a la gubernatura del estado de Guerrero, así como la resistencia del presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), a “romper el pacto patriarcal” que a todas luces lo sostiene, han puesto sobre la mesa de análisis la pregunta sobre qué tanto la actual administración y el partido en el poder son feministas.

Utilizando la misma expresión del primer mandatario, se responde a este cuestionamiento que: “#YaChole: Ni el presidente, ni su gobierno, ni su partido, ni la 4T son feministas”. Dos afirmaciones fundamentan esta respuesta.

La primera, es la sostenida por las nuevas feministas para quienes, a diferencia de las activistas de las tres olas anteriores, sólo las mujeres pueden ser feministas, ni los hombres ni sus instituciones pueden serlo.

El cambio de enfoque no supone rechazar la simpatía que muchos varones puedan sentir por los movimientos feministas, sino la corroboración, basada en la experiencia histórica, de que solo una mujer puede entender a otra mujer, lo que vive, siente, piensa, enfrenta y hace. Más aún, que sólo las mujeres pueden luchar por las mujeres. De esta forma, el feminismo ha sido, es y será un movimiento de mujeres, al que los hombres bien pueden acompañar en calidad de “aliados”, pero nunca como personajes centrales, como afirmó Fernanda Dudette, en el programa de YouTube pensado, producido y dirigido por Sol Ángel Hernández, “El Palo de la Piñata: Desde nuestras trincheras”, transmitido el 2 de septiembre de 2020. Se entiende entonces que en las marchas feministas las organizadoras insistan en que los hombres marchen en la retaguardia y que sean mujeres periodistas las que cubran la información. 

La segunda, es producto de la revisión del Proyecto Alternativo de Nación 2018-2024. Plataforma Electoral y Programa de Gobierno, la Declaración de Principios de Morena, el Programa y el Estatuto de Morena. Una lectura atenta de tales documentos permite decir que, a pesar de que el tema “mujeres” aparece en todos ellos como parte de lo “políticamente correcto”, bajo ninguna circunstancia podría afirmarse que este sea uno de los ejes transversales del actual modelo de Nación y proyecto de gobierno, como sí lo son el cambio de régimen, la lucha en contra de la corrupción y la desigualdad social en términos económicos, así como la protección a sectores vulnerables a través de la redistribución de los ingresos del Estado, el énfasis en la educación y la inserción al trabajo como medios para restituir el tejido social.

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La inclusión del tema “mujeres” en cualquier documento, plataforma, declaración de principios, programa de gobierno o proyecto de Nación no los vuelve feministas y eso aplica para todas las administraciones, del PRI y el PAN que ha tenido México desde 1975, año en que el presidente Luis Echeverría Álvarez (LEA) promovió una serie de modificaciones a la Constitución Política, el Código Civil, la Ley Federal del Trabajo, etc., para borrar aquellas disposiciones discriminatorias en contra de las mujeres. LEA se vio presionado no sólo porque México se encontraba a la cola de otros países que ya habían iniciado este proceso, sino, hay que decirlo, por la influencia de su esposa María Esther Zuno, quien tenía una clara visión de los derechos de las mujeres y que también se negó a la denominación protocolaria de “primera dama” prefiriendo ser llamada “compañera”. Igualmente, se apuraron dichas modificaciones pues en 1975 México fue sede de la celebración del Año Internacional de la Mujer y hubiera sido contradictorio un atraso en la materia.

Habiendo dicho que ningún hombre o institución puede ser feminista, se puede sostener que no serlo tampoco los vuelve, en automático, machistas. La inclusión de mujeres en sus gabinetes, primero en el Distrito Federal y ahora al frente de la presidencia de la República, son muestra de la confianza que López Obrador dispensa a las mujeres, no sólo en función de una supuesta honradez sino de su preparación, capacidad y compromiso.

Así planteado, sería un contrasentido decir que el primer mandatario ve en las mujeres a seres inferiores incapaces de encargarse de los asuntos del Estado. Tampoco se puede afirmar que haya un sesgo explícito en contra de las mujeres en lo que respecta a programas sociales. Pero, nuevamente, esto no lo vuelve feminista, ni a él, ni a su gobierno, ni a la 4T. Como él mismo afirmó cuando se le preguntó si era feminista, el 6 de marzo de 2020.

Me considero humanista (…) Yo considero que lo fundamental es el humanismo (…) Los conservadores se disfrazan de feministas. Muy raro porque vieron que era la posibilidad de atacarnos cuando nosotros siempre hemos defendido los derechos de las mujeres. Pero no de ahora, de tiempo atrás, desde que estábamos en la oposición hace décadas. De donde surgió el que llego a ser Jefe de Gobierno y que de 14 miembros del Gabinete 8 eran mujeres. ¿Quién había hecho eso? Ahora mismo, la mayoría de los cargos de dirección en el Gobierno Federal están en manos de mujeres. Que ¿había más mujeres en el gabinete de Fox (…) de Calderón (…) de Peña? Pero no sólo eso, la lucha por la igualdad en lo social fundamentalmente. Estamos llevando a cabo programas para el bienestar como nunca y la mayoría de los beneficiarios son mujeres.

Por supuesto, el presidente pierde de vista que el feminismo, al igual que el humanismo, promueve la justicia social y un proyecto ético para erradicar la desigualdad social y política impuesta desde marcos patriarcales. Pierde de vista igualmente, al asumir que el movimiento está siendo utilizado para golpearlo, que las feministas podrían ser sus aliadas naturales y no sus enemigas. Sin embargo, posturas como la defensa de Salgado Macedonio lo alejan cada vez más de aquellas causas que debería abrazar. La actitud defensiva del presidente no le permite observar al Movimiento Feminista desde otro punto de vista.

Así planteado, no se puede acusar ni al presidente ni a Morena, su partido, ni a la 4T de haber traicionado al Movimiento Feminista, cuando, en los hechos, la lucha feminista nunca ha sido incorporada a su proyecto ni a sus filas, ni durante la campaña presidencial de 2018 ni ahora que son gobierno, más allá de un discurso con pretensiones de inclusión. Siendo así podría parecer un avance el número de mujeres en la actual administración.

Por su parte, millones de mujeres se sumaron al proyecto de López Obrador, asumiendo que sus demandas serían consideradas. Y no es que no se haya hecho, pero sin perspectiva de género los resultados son escasos.

En este punto y volviendo sobre lo dicho, cabe sostener, nuevamente, que ni el presidente, ni su partido, ni la 4T pueden ser feministas, a pesar de lo cual la opción es que adoptaran de manera transversal la perspectiva de género, solo entonces estarían en condición de gestionar políticas públicas adecuadas para tratar los graves problemas de violencia, inseguridad, desigualdad y discriminación que enfrentan las mujeres.

Sin embargo, la falta de dicha perspectiva, sumada a la convicción del presidente de la República en torno a que las mujeres están siendo manipuladas en su contra, impide entender que postular a gobernador de Guerrero a un personaje acusado de violación, aunque se reconozca que no hay una sentencia condenatoria, es un atentado no sólo en contra de las mujeres guerrerenses, sino contra todas las mexicanas.

Involuntariamente, López Obrador y Morena dicen a las mujeres que antes que ellas están: los pactos patriarcales a partir de los cuales los hombres permiten y encubren los abusos cometidos contra ellas; los grupos de poder dentro de su partido y sus propios intereses; la conveniencia de ganar una gubernatura; la lucha política entre el nuevo gobierno y la oposición. Las mujeres, sus demandas e intereses, como siempre, pasan de nuevo a segundo plano.

Lo anterior, lleva a afirmar que a pesar del número de mujeres que han sido incluidas en el gabinete, en carteras clave como Gobernación, Economía, Trabajo, Energía, Educación, SAT, etc., no se puede hablar de un “gabinete feminista”. No es suficiente que haya mujeres en el gobierno para reconocerle esa calidad. No es suficiente incluso si esas mujeres son o se dicen feministas, como Olga Sánchez Cordero. Otra vez, si no se incluye la perspectiva de género como uno de los ejes transversales de las políticas públicas, la participación de las mujeres adquiere tintes simbólicos, nada despreciables, pero que no impactarán de lleno en la calidad de vida de las mujeres en el país.

Cuando las feministas del partido y del gobierno no son escuchadas ni tenidas en cuenta al momento de rechazar, por ejemplo, una candidatura como la de Salgado Macedonio, no se puede pensar en gobiernos ni gabinetes feministas.  De esta suerte, un punto de arranque equivocado lleva a conclusiones erradas que no permiten dimensionar correctamente el problema y sus soluciones.

Visto así, podría no acusarse a AMLO y Morena de traicionar la lucha feminista, pero si a las mujeres en general, cuyos derechos prometieron proteger, por lo que pierden sentido:

Los puntos 7 y 8 de la Declaración de Principios de Morena, que a la letra dicen: “Los miembros del Partido se nutren de las luchas y movimientos sociales de México; de las causas en torno a las cuales se organizan los ciudadanos y promueven sus derechos para ejercerlos” y “Rechazamos cualquier forma de opresión: el hambre, la pobreza, la desigualdad, la exclusión social y la explotación (…) Luchamos contra la violencia hacia las mujeres y contra cualquier forma de discriminación por razón de sexo, raza, origen étnico, religión, condición social, económica, política o cultural.”

El capítulo sexto, Artículo 47 del Estatuto de Morena sobre la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, “Es responsabilidad de MORENA admitir y conservar en su organización personas que gocen de buena fama pública (…) (que) mantengan en todo momento una actitud de respeto frente a sus compañeras y compañeros.”.

El punto 8 de su Programa, de acuerdo con el cualMORENA lucha por crear un Estado solidario que atienda y respete los derechos propios, sobre todo de la población que vive en condiciones de vulnerabilidad: adultos mayores, a las personas con alguna discapacidad, indígenas, mujeres, jóvenes y niños.”

El Punto 7. Equidad de Género, del Proyecto Alternativo de Nación 2018-2024. Plataforma Electoral y Programa de Gobierno, en el que se dice: “Se ha buscado que este Proyecto de Nación considere en todas sus partes el principio de la equidad de género. La patria con justicia y democracia a la que aspiramos debe respetar, promover y garantizar los derechos de las mujeres con políticas públicas incluyentes que aseguren la equidad efectiva entre mujeres y hombres y que atiendan las intolerables expresiones de violencia, abuso y acoso a las que están expuestas las primeras en todos los entornos sociales, en todas las regiones del territorio nacional, a todas horas del día (…) Por ello, un proyecto incluyente como el nuestro se propone eliminar las brechas de desigualdad entre mujeres y hombres y eliminar los obstáculos que enfrentan las primeras en todos los ámbitos para avanzar en su autonomía física, económica y política y para asegurar su integridad física y emocional.”

Como “cajón de sastre”, en este punto se incluyen, sin enunciarlo en el título, los temas del desarrollo sostenible y los pueblos indígenas. Como si ninguno de los tres mereciera su propio apartado.

El abandono de lo ofrecido en los textos citados pondría al descubierto una especie de “utilización” de las mujeres con fines políticos y no un compromiso firme para cambiar las condiciones que hacen posible que políticos como Salgado Macedonio continúen una carrera política en ascenso sin que las voces de sus víctimas y todas las mujeres sean escuchadas.

Por eso, la insistencia feminista para que el presidente de la República “rompa el pacto patriarcal” de protección que opera en torno al senador con licencia. Asimismo, para que deje de pensar que él y Salgado son víctimas de una campaña de linchamiento sin fundamento real. Ciertamente, la oposición al presidente y la 4T está utilizando este caso para golpearlo, pero está en su poder quitarles esta bandera.

No se puede acusar al presidente de ser un “machista” o “un patriarca de viejo cuño”; sin embargo, si de tener una visión restringida en materia de género y en torno al Movimiento Feminista y aquello que explica las violencias estructurales ejercidas en contra de las mujeres.

Finalmente, y para reafirmar: “#YaChole: Ni el presidente, ni su gobierno, ni su partido, ni la 4T son feministas”.

Ivonne Acuña Murillo
Ivonne Acuña Murillo

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales.


1 COMENTARIO

  1. Y tienen que ser feministas, forzosamente tienen que ser feministas ?
    Maniqueo.
    Todo mundo se vuelve opositor cuando el Presidente López Obrador no es como el que le exige ser como es él, los “intelectuales, periodistas y comentaristas” de derecha exigen que AMLO haga lo que ellos quieren porque si no AMLO esta mal, igual las feministas, quieren que un gobierno y un Presidente “feminista”, en serio, que mal andamos, AMLO es un ejecutivo, es el Presidente de Mexica y tiene un proyecto de trabajo y no creo que el hecho de que no sea “feminista” sea un factor de decremento de su administración, creo que un buen gobierno no debe tener preferencias de genero.

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