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Vox pone en evidencia el fascismo de un importante sector de Acción Nacional. Autor: Venus Rey Jr.

Foto: Twitter.

1. Tal vez mucha gente no sepa quién fue Francisco Franco y no tenga una idea clara de lo que es el fascismo. Franco fue un dictador que llegó al poder por un golpe de Estado que perpetró contra un gobierno legítimo. Su fanatismo religioso le convenció de que ese gobierno era diabólico y de que dios le estaba ordenando limpiar a España de comunistas. Para los fascistas, no hay peor mal que el comunismo.

2. Hay un retrato de Franco, del pintor vasco Ignacio Zuloaga, hecho en 1940, poco después del triunfo de los nacionales. Vemos a Franco vestido de fascista, botas largas de piel, pantalón caqui y camisa negra, con el símbolo de la falange en el pecho. Hay dos banderas de España en el cuadro: una la sostiene Franco con la mano derecha; la otra lo envuelve. Ver esa imagen no deja de cimbrarme ni de causarme profundo malestar, porque me remite a Hitler y a Mussolini.

3. Hay otra imagen de Franco aún peor, pintada por Arturo Reque –artista boliviano afín al franquismo, a quien se le iba a encomendar la decoración del Valle de los Caídos; no la realizó, pues fue discriminado por su nacionalidad–. Es un mural que puede ser visto en una de las salas del Archivo Histórico Militar de Madrid y lleva por título “Cruzados del siglo XX”, o “Alegoría de Franco y la Cruzada”, o “Exaltación de Franco”. Ahí vemos al “generalísimo”, o “caudillo”, como solían llamarlo sus seguidores, portando una armadura de caballero medieval y una capa blanca: casi una imagen religiosa, como si fuese un santo. Es más, el santo patrono de España, que es Santiago apóstol, aparece en la composición, pero en un plano secundario, de modo que la santidad y el carácter de salvador recaen directamente en Franco. A su alrededor aparecen falangistas, fascistas, requetés, carlistas, frailes, religiosos –católicos, claro– y hasta un soldado que parece nazi. Y también aparecen las fasces, símbolo inequívoco de la ultraderecha. El simbolismo de la imagen es repugnante y causa gran incomodidad. Para salir victorioso en esta “cruzada divina” y salvar a España, Franco no dudó en pedir a Mussolini que la Aeronautica Nazionale bombardeara Barcelona, capital de la separatista Cataluña, ni dudó en pedir a Hitler que la Luftwaffe destruyera Guernica, en el País Vasco.

4. La primera vez que fui a España, allá en mi adolescencia, cuando cursaba la preparatoria, visité el Valle de los Caídos. A esa edad –tendría unos quince o dieciséis–, aunque empezaba a comprender muchas cosas, no estaba del todo consciente de lo terrible que había sido la guerra civil en España ni de lo represor que había sido el franquismo. Franco ordenó la construcción de la basílica para que ahí yacieran los restos mortales de José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange, y de los “Caídos por Dios y por España”. Finalmente sirvió de morada por varias décadas al propio cadáver de Franco, hasta que recientemente fue exhumado y trasladado a otro lugar. Ese día que visité los Caídos vi la sepultura de Franco en el interior de la basílica. Llegaron tres hombres jóvenes que llevaban botas como las del cuadro de Zuloaga y una vestimenta a lo militar. Se acercaron a la sepultura, se pusieron de rodillas, rezaron, se persignaron, se levantaron produciendo un ruido con los tacones, alzaron la mano derecha y exclamaron: “¡Viva España!”. Un “Viva España” que me sonó más a un “Heil Franco”, casi un “Heil Hitler”. Yo, un adolescente mestizo mexicano, inexperto e ignorante, me quedé impresionado.

5. Esos hombres en la sepultura me recuerdan a Santiago Abascal, líder de Vox. A su vez, la foto de Santiago Abascal en un balcón tras la bandera de España, cara al sol, portando el casco de los tercios españoles –los soldados que asolaron Flandes y los Países Bajos durante el siglo XVI–, me remite inevitablemente al mural en el Archivo Histórico Militar de Madrid. Santiago Abascal ha asumido para sí y para su partido la misión de una nueva “Reconquista”. La primera Reconquista fue la paulatina recuperación por parte de los reinos cristianos en la península ibérica, particularmente el reino de Castilla, de los territorios ocupados por los moros musulmanes, que habían entrado ahí desde el siglo VIII. Finalmente fueron expulsados y el último reino o emirato musulmán, Granada, fue disuelto y recuperado por los Reyes Católicos en 1492. Santiago Abascal y su partido Vox, decía, han asumido la misión de reconquistar nuevamente España, lo cual significa limpiar el país de ateos, musulmanes, inmigrantes, homosexuales y un largo etcétera. Como buen populista que es, utiliza la historia como instrumento político.

6. ¿Pero quién es Santiago Abascal? En 2013 rompió con el Partido Popular (PP), que es un partido de derecha moderada en España. Y rompió porque le pareció que Mariano Rajoy encabezaba un gobierno timorato que daba demasiadas concesiones a las autonomías, especialmente Cataluña y el País Vasco, lo que ponía en grave peligro la unidad nacional. Por eso rompió con Rajoy y el PP, y los llamó traidores de España.

7. El abuelo de Abascal era franquista y fue alcalde de Álava y diputado provincial durante la dictadura de Franco. El padre también se hizo franquista. Cuando murió el dictador, el padre de Abascal militó en la Alianza Popular, movimiento que agrupó, durante la transición, a los franquistas, falangistas, monarquistas y ultracatólicos, es decir, a la ultraderecha, y que pretendía que no existiera democracia, que los partidos de izquierda siguieran siendo ilegales y que hubiera un gobierno como el de Franco, con fuerte presencia de los sacerdotes en todos los ámbitos de la vida. Así que el pequeño Santiago Abascal, que nació en 1976, creció en ese ambiente, y no era de extrañar que en el transcurso de los años se convirtiera en lo que es hoy.

8. Como populista que es, Santiago Abascal se declara anti-sistema. Se desmarca de los partidos hegemónicos (PESOE, PP), los critica y los tacha de corruptos y perversos. A la izquierda de España, y particularmente a Podemos, la acusa de los peores males del país. Apela a la emoción de los ciudadanos a quienes pretende liberar del engaño en el que han caído: re-encausar la democracia, que hable el pueblo, que se solidifique la unidad española, que se limpie el reino de inmigrantes y musulmanes, que vienen a quitar el trabajo a los españoles verdaderos y que vienen a introducir sus aberrantes modos de vida. Abascal se opone al aborto, al matrimonio y a la adopción igualitarias, a la eutanasia, porque las considera cosas del diablo. Es miembro de la asociación internacional ultracatólica “Hazte Oír” (yo diría “Hazme reír”), que promueve la agenda pro-vida y la lucha contra el comunismo internacional, al cual considera cosa o engendro de satanás, ignorando, en su fanatismo religioso, que el tal satanás es un ente de ficción.

9. Como todo populista, usa el discurso de odio, porque es muy efectivo, sobre todo si se dirige a espíritus débiles y acomplejados. Sus declaraciones contra los homosexuales, los ateos, los inmigrantes, los judíos, los musulmanes, las feministas, son preocupantes. Exacerba el racismo para incendiar los ánimos de los españoles resentidos, y le sale muy bien, pues Vox es cada vez más fuerte. Se presentó por primera vez en elecciones generales en 2015, y obtuvo poco más de 58 mil votos. Pero en las últimas elecciones generales, las de 2019, obtuvo casi 3.7 millones de votos, lo que equivale a más del 15% de la votación, un crecimiento exponencial en tan solo cuatro años. Y en las elecciones de las autonomías tampoco le va mal, a pesar de que Abascal quiere acabar con ellas y que toda España sea gobernada desde el centro. Abascal llama traidores y promarroquíes a los ciudadanos españoles que no comulgan con sus ideas. Si por Santiago Abascal fuera, España estaría gobernada por Torquemada y quien disintiera ardería en las llamas de la inquisición.

10. La reunión de legisladores panistas con Santiago Abascal el pasado jueves pone en evidencia lo que todos sabemos: que la ultraderecha mexicana existe. Y está ahí, enquistada como un cáncer –todo extremo es nefasto– en el PAN o en grupos como FRENA. Me preocupa que el coordinador de los senadores panistas, Julen Rementería, haya sido el anfitrión y organizador de tan infame reunión. Me preocupa todavía más que el PAN lo esté respaldando. Lo que hizo Rementería no fue un chiste que pueda ser dispensado: metió a nuestro senado a los neonazis de España. Sé que no todo el PAN aprobó esta reunión, y que muchos panistas se deslindaron –Xóchitl Gálvez, Laura Rojas, Gustavo Madero, Héctor Larios, Roberto Gil, etcétera–, pero es terriblemente claro e inequívoco que de los veinticinco senadores panistas que hay, trece –más de la mitad– hayan asistido a esa reunión. No parece, pues, un caso aislado de unos panistas extraviados, sino una postura institucional, y eso, quiera o no el PAN admitirlo, va a pegar duro en su reputación. Mientras siga Julen Rementería coordinando a los senadores blanquiazules, quedará la impresión de que el PAN no tiene problema con los fascistas, que está a gusto y cómodo con ellos. Si el PAN y su dirigencia sostienen a Rementería, como lo están haciendo, es que en el fondo simpatizan con él, con el terrible Santiago Abascal y con las ideas de la extrema derecha. La extrema derecha no tiene derecho de gobernar un país, porque lo hará pedazos (lo mismo debe decirse de la extrema izquierda, que tampoco tiene derecho a gobernar un país).

11. Y para finalizar, la llamada Carta de Madrid es un esperpento. Los legisladores panistas que la suscribieron ponen de manifiesto que padecen alucinaciones y que desean el extremismo de Vox y de Abascal para México. Ellos son: Julen Rementería, Lili Téllez, Alejandra Reynoso, Víctor Fuentes, Marco Gama, Mayuli Martínez, Nadia Navarro, Indira Rosales, Minerva Hernández, Guadalupe Murguía, Guadalupe Saldaña, Elizabeth Núñez, Roberto Moya. En algo sí tienen razón: México no será comunista, y no porque ellos hayan firmado la ridícula Carta ni porque Abascal dirija la nueva cruzada imaginaria, sino por razones geopolíticas. El gobierno de AMLO no es un gobierno comunista. Vaya, ni siquiera es un gobierno socialista. Quien crea esta estupidez está de plano perdido, sea seguidor u opositor. Lo de AMLO es un estatismo que quiere ser hegemónico, que es corporativista, nacionalista y clientelar, algo muy parecido al PRI de los años 60 y 70, y él es mucho más un Echeverría, un López Portillo o un López Mateos que un Castro o un Ho Chi Minh. Así que estos panistas espantadizos están peleando contra algo que no existe, por eso digo que padecen alucinaciones. El gobierno de AMLO es apenas de centro, ligeramente cargado a la izquierda, con algunas políticas de plano neoliberales y de derecha.

12. La “Carta de Madrid” para detener el comunismo en la “Iberosfera” es una tontería, tan ineficaz e ingenua como el “Foro de Sao Paulo” en el otro extremo.

Venus Rey Jr.
Venus Rey Jr.

Compositor de música sinfónica, escritor, ensayista y académico. Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Su obra musical ha sido presentada en Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Ucrania, Austria, Argentina, Perú y México. Ha grabado diez discos de sus composiciones y publicado dos libros de narrativa, tres volúmenes de poesía y diversos ensayos jurídicos y filosóficos en revistas especializadas de la Universidad Iberoamericana, el ITAM y la Universidad Anáhuac. Es colaborador de Grupo Fórmula. Escribe en el diario El Economista y en las plataformas digitales de los periodistas Eduardo Ruiz Healy y Julio Hernández “Astillero”.

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