Inicio Opinión Violento a las mujeres “porque puedo”. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Violento a las mujeres “porque puedo”. Autora: Ivonne Acuña Murillo

Foto: The Owl Feed / Creative Commons

Por: Ivonne Acuña Murillo

En México, la expresión “porque puedo” es la evidencia discursiva de una materialidad aterradora. Te excluyo, te encierro, te ignoro, te bloqueo, te inferiorizo, te exploto, te uso, te acoso, te golpeo, te manoseo, te insulto, te sigo, te espío, te secuestro, te violo, te mutilo, te desaparezco, te asesino “porque puedo” y “puedo” gracias a una estructura sociocultural que me lo permite. Una vez más, este 8 de marzo (8M) miles y miles de mujeres saldrán a las calles a protestar, a exigir que cese todo tipo de violencia en su contra, especialmente para que terminen las desapariciones y los feminicidios, con la conciencia de que esto no será posible si no cambian las condiciones que los hacen posibles.

Dichas condiciones no se dan solamente por el contexto de violencia generalizada que se vive en México desde el año 2006 en que un expresidente irresponsable le declaró la guerra al narco y la delincuencia organizada. Ni como causa directa de un modelo económico brutal que encuentra en la explotación del trabajo y cuerpo de las mujeres un negocio de ganancias económicas sin límite. Tampoco en función de la debilidad de un Estado que cada día se muestra más incapaz de cumplir con su función primigenia: brindar seguridad física y patrimonial a la población, como lo muestra el 95% de impunidad respecto del número total de delitos que se cometen en el país. Ni siquiera como resultado de la política de un gobierno que no ha encontrado la forma de poner límites a esta violencia generalizada.

Sin restar importancia a las condiciones mencionadas debe decirse que, en primer lugar, los diferentes tipos de violencia ejercidos en contra de las mujeres responden a la existencia de una cultura heteropatriarcal-machista-misógina que consiente, promueve y normaliza acciones que buscan mantener el statu quo, marcado por aquella organización social donde únicamente prevalece el criterio masculino, y que opera como telón de fondo para la expresión “porque puedo”. En un segundo momento, cabe afirmar que el patriarcado crea las condiciones para que estas violencias contra las mujeres se den de manera diferenciada en cada uno de los contextos mencionados y desde la misma lógica material-discursiva del “porque puedo”.

Hilando fino, por “patriarcado” debe entenderse aquí “una estructura de organización y dominación sexo-género en el que prevalece la autoridad y el poder de los hombres y lo masculino; mientras las mujeres son despojadas del ejercicio de libertades, derechos, poder económico, social o político.” (https://campusgenero.inmujeres.gob.mx/glosario/terminos/patriarcado). Para mayor claridad es útil citar a la feminista estadunidense Kate Millet para quien el patriarcado es “la dominación de los hombres sobre las mujeres y de unos hombres sobre otros hombres” (Política sexual, 1970), esto por si acaso se piensa que el patriarcado solo limita el desarrollo de las mujeres.

A partir de asumir al patriarcado como la causa principal, que no la única como se indicó arriba, de las diversas formas de agresión que se ejercen en contra de las mujeres se podría argumentar que el aumento alarmante de la violencia que sufren actualmente, en México y el mundo, responde a lo que se denomina “neopatriarcado” o “neomachismo”, fenómenos caracterizados por una reacción defensiva de los hombres ante el progresivo cambio del rol social y cultural de las mujeres. Las actitudes defensivas de los hombres, como género y no siempre como individuos concretos y reconocibles, se encaminan a denunciar a través de una comunicación profusa en medios tradicionales (prensa, radio, televisión) y redes sociales, los “excesos lesivos del feminismo” en contra de los hombres. “Feminismo” que una vez equiparado equivocadamente con el “machismo” debe ser superado. Estas nuevas formas de patriarcado y machismo ven la luz a partir de un supuesto respeto discursivo a la idea de igualdad entre hombres y mujeres.

Entre los “excesos lesivos” se cuentan las medidas de acción positiva que buscan crear un “piso parejo”, para mujeres y hombres, procurando el desarrollo igualitario pleno de las primeras. Estas manifestaciones neomachistas parten de la existencia de una supuesta “ideología de género” que promueve el desarrollo de una sexualidad temprana y el cambio de sexo en menores de edad. Asimismo, se acusa falsamente al feminismo de propiciar la aparición y proliferación de la homosexualidad, la destrucción de la familia y, sobre todo, de borrar los límites existentes entre los hombres y las mujeres, dañando con ello de manera irreparable a toda la sociedad.

La encarnizada lucha por mantener los privilegios masculinos consagrados en las sociedades misógino-machistas busca ocultar o minimizar las violencias estructurales que de manera cotidiana sufren la gran mayoría de las mujeres en el mundo, mismas que son ejercidas desde la convicción que sostiene la frase “porque puedo”. En el caso concreto de México, se deja de lado que cada día son asesinadas, al menos 11 mujeres, y desaparecidas otras tantas. De acuerdo con cifras del Inegi, dadas a conocer el 1 de enero de 2022, entre enero y noviembre de 2021 fueron asesinadas 3,462 mujeres, de las cuales 922 fueron víctimas de feminicidio, esto es, asesinadas por ser mujeres.

A la cifra anterior se suma que, en 2021, 13 niñas, niños y adolescentes fueron reportados como desaparecidos diariamente. La Red por los Derechos de la Infancia (Redim) y la Comisión Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas (CNB), informaron que tan solo en el Estado de México mujeres estudiantes, cuyas edades van de los 12 a los 17 años, desaparecen a plena luz del día. El número total de personas desaparecidas en este estado alcanzó, entre enero de 2015 y septiembre de 2021, la escalofriante cifra de 36,135 personas, de las cuales el 55.2% fueron mujeres y de estas cerca de dos terceras partes, 12,632, eran menores de edad (“Niñas y adolescentes que desaparecen en el Estado de México son víctimas de trata y feminicidio”, derechosinfancia.org.mx, 18 enero 2022).

Entre el 24 de noviembre de 2021 y el 17 de enero de este año, 16 mujeres desaparecieron en el estado de Guanajuato (Xóchilt Álvarez, “Desaparecen 16 mujeres en menos de un mes en Guanajuato”, El Universal, 23 enero 2022). En un estado más, el de Puebla, según datos del Igavim-Observatorio Ciudadano, entre 2015 y 2021 se reportó la desaparición de 4,476 mujeres, de ellas 56 fueron localizadas muertas, 3,500 fueron encontradas vivas y 911 no fueron localizadas (Elvia García, “En Puebla se reportaron 769 mujeres desaparecidas durante 2021: Igavim”, Milenio, 2 marzo 2022).

De manera particular, son las mujeres jóvenes quienes sufren más directamente la violencia homicida y por desaparición. Se calcula que el 60% de las mujeres no localizadas en el país son menores de 24 años (María Julia Castañeda, “La madre que busca que la ONU condene a México por ensañarse con sus desaparecidas”, El País, 7 octubre 2021). La razón, su enrolamiento a redes de prostitución forzada, en la que las jóvenes son obligadas a “atender” alrededor de 30 “clientes” por jornada, todos los días del año.

La contundencia de 11 mujeres asesinadas y 9 desaparecidas (sin contar a aquellas menores de 12 años o mayores de 17) (Itxaro Arteta, “Cada día se reporta la desaparición de 9 mujeres de entre 12 y 17 años”, Animal Político, 5 julio 2021,) diariamente, a lo que habrá que sumar las agresiones que de manera cotidiana sufren aunque no se ponga en riesgo su vida (psicológico-emocional, económica, verbal, sexual, comunitaria, estatal) pero si su bienestar físico y psico-emocional, no deja lugar a duda en torno a que no se han superado las violencias misógino-machistas ejercidas contra las mujeres, por lo que el feminismo, entendido como “un movimiento político, social, académico, económico y cultural, que busca crear conciencia y condiciones para transformar las relaciones sociales, lograr la igualdad  entre las personas y eliminar cualquier forma de discriminación o violencia contra las mujeres” (“Glosario”, Inmujeres), y no como la expresión equivalente del machismo definido como “el conjunto de actitudes, normas, comportamientos y prácticas culturales que refuerzan y preservan la estructura de dominio masculino y hetero normado sobre la sexualidad, la procreación, el trabajo y los efectos” (ídem.) sigue teniendo vigencia.

En todo caso, se vuelve necesario, para enfrentar a los nuevos patriarcalismos y machismos un “movimiento neofeminista”, en el que confluyen ya todos los feminismos reconocidos hasta la fecha o por surgir y que bien puede homologarse a las jóvenes feministas de la cuarta ola que claramente buscan romper la lógica del imperativo “porque puedo”.

Para lograrlo se hace necesario entender, como se sostiene en este escrito, que la resistencia masculina (neopatriarcalismo o neomachismo) a la incorporación de las mujeres a todos los ámbitos de la vida social va desde la “naturalización”, “normalización” e “introyección” de conductas que impiden su desarrollo de manera igualitaria, equitativa y digna como los mal llamados “micromachismos” o “pequeños gestos, actitudes, comentarios y prejuicios que se manifiestan en lo cotidiano contribuyendo a la inequidad y colocando a la mujer en una posición inferior al hombre en ámbitos sociales, laborales, jurídicos y familiares”, (https://psico.edu.uy/hilo/micromachismos), hasta la violencia extrema en su contra, misma que corta de tajo todo proyecto igualitario, equitativo y digno. De manera absolutamente reprobable, no ha faltado quien afirme que este es el costo que las mujeres tienen que pagar por abandonar sus roles tradicionales de género.

Siguiendo esta línea, el sociólogo mexicano Sergio Zermeño calificó, en 2004, en su texto “Género y maquila (el asesinato de mujeres en Ciudad Juárez)”, publicado por la Revista de Ciencias Sociales, (15), 29-39, de la Universidad Nacional de Quilmes, a los asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, como crímenes provocados por “[…] una alteración de los roles de género. Hay un machismo frustrado, ofendido que se desata en una misoginia asesina antes las menores provocaciones (37). Esto en referencia directa a las mujeres contratadas por la maquila en la frontera norte del país y que de alguna manera trastocaron sus roles de género al obtener un ingreso y el “poder” social para decidir con qué hombres salir, entre otras cosas, por lo que apareció, dice el sociólogo, “un ‘machismo ultrajado’ en todas partes” (36).

Citando a otro sociólogo, al francés Emile Durkheim (1858-1917), Zermeño sostuvo que: “De hecho, no es por la raza o la crisis industrial y financiera que aumentan los divorcios, el alcoholismo, los delitos, los asesinatos o el suicidio, podemos afirmar interpretando a Durkheim, sino por las perturbaciones severas al orden colectivo, cuando el individuo pierde los límites morales compartidos socialmente.”

Ciertamente, como apunta el estudioso citando a Durkheim, en México se vive, desde entonces incluso antes, un tipo de anomia o falta de norma que ha llevado a trascender los límites morales que hacían de la sociedad mexicana un grupo humano relativamente estable cuidadoso del bienestar de los iguales. Sin embargo, cabe preguntarse por qué esa anomia se dirige de manera tan brutal en contra de las mujeres. La respuesta a esta pregunta se encuentra líneas arriba, pero es prudente completar diciendo que el “porque puedo” se deriva de todos aquellos patrones de (anti)valores que convierten a las mujeres en seres de segunda, en víctimas propiciatorias listas para el sacrificio.

Se deriva igualmente de todas aquellas conductas que replicadas al infinito: maltrato, vejación, violación, asesinato, que no son castigadas, informan a todo mundo, a los hombres en especial, que “se puede”, es más, “que se debe” para demostrar una masculinidad mal entendida y peor ejercida. “Porque puedo” se dirán los hombres que aprendieron a serlo violentando mujeres: sus madres, hermanas, tías, abuelas, novias, esposas, parejas, extrañas.

Para concluir, se debe anotar que el “porque puedo” es producto de los siglos en que “se han construido y decantado discursos que pretenden explicar y legitimar la subordinación de las mujeres y con ella un conjunto de violencias ejercidas sistemáticamente sobre ellas. Desde la biología, la antropología, la religión, el cuerpo, la política, la economía, el derecho se ha construido una realidad en la que las mujeres han sido concebidas como ‘lo otro’, lo inferior, lo oscuro, lo desconocido, lo impredecible, lo pasional, lo irracional, lo caótico, lo peligroso (justificando) el ejercicio de una violencia legitimadaejercida sobre mentes, cuerpos y espíritus fragilizados previamente.” (Ivonne Acuña Murillo, “Construcción discursiva de la violencia contra las mujeres versus deconstrucción feminista”, Intersticios, Filosofía, Arte, Religión, Año 20, Núm. 42, enero-junio 2015 https://es.scribd.com/doc/297187354/Intersticios-42-Violencia-contra-las-mujeres-y-grupos-vulnerables).

<em>Ivonne Acuña Murillo.</em><br>
Ivonne Acuña Murillo.

Socióloga feminista, académica de la Universidad Iberoamericana. Analista política experta en sistema político mexicano y género. Autora de más de 250 artículos periodísticos y 25 académicos publicados en periódicos y revistas de circulación nacional. Ha contribuido al análisis del presente y el futuro de un país que se desgarra en múltiples medios escritos, radiofónicos y televisivos, tanto nacionales como internacionales. X: @ivonneam

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