José Reyes Doria
Nos aproximamos a los simbólicos primeros 100 días del gobierno de Claudia Sheinbaum, y todo mundo sigue atento a su forma de ejercer el poder presidencial. Unos, quisieran atisbar señales de que ya está tomando las riendas después de una larga transición. Otros, están seguros de que los indicios confirman, en lo esencial, que prevalecen las inercias políticas y administrativas derivadas de un sexenio altamente personalizado como fue el obradorato. Lo cierto, es que una serie de factores están acelerando la definición de un estilo propio de gobernar de la Presidenta. Podemos comentar tres temas que apremian a la Presidenta, cuyas respuestas podrían estar dando forma al claudismo:
1. LA EMBESTIDA DE TRUMP
No es nada fácil responder a las amenazas e insolencias del presidente electo de Estados Unidos, Donald Trump. Si cumple la amenaza de aumentar 25 por ciento los aranceles a productos mexicanos, causaría un daño terrible a nuestra economía. Los expertos afirman que los factores reales de poder estadounidenses impedirán que Trump lleve a cabo esa locura. Aunque algunos advierten que no hay que descartar nada, porque estamos ante un grupo de halcones encabezados por Trump que planean y actúan fuera de los parámetros racionales; por lo tanto, los conceptos y herramientas de análisis habituales no son del todo útiles para entender o anticipar las decisiones del próximo gobierno gringo.
En todo caso, lo que más interesa en nuestro país, es cómo actuará el gobierno mexicano ante la avalancha trumpista. En concreto, cuáles serán los ejes y las formas de acción de la Presidenta frente a las agresiones que ya empezaron por parte del magnate neoyorquino. En un primer momento, Claudia Sheinbaum dio un paso diferente respecto al estilo del expresidente López Obrador. Recordemos que, ante Trump, AMLO prefirió siempre la prudencia discursiva, evitó entrar en combates verbales o políticos abiertos. En el terreno de la acción, el ex secretario de Estado de Trump, Mike Pompeo, describió la forma tan rápida en que el canciller de AMLO se dobló ante las exigencias abusivas en materia de migración.
En términos de realpolitik, no quedaba de otra, pues no hay margen de maniobra ante una exigencia capital del imperio americano. La misma amenaza de los aranceles, entre otras, obligó al gobierno de AMLO a realizar el doloroso y bochornoso papel de policía migratoria de Estados Unidos en territorio mexicano. Tal vez el gobierno de AMLO obtuvo a cambio notables concesiones del gobierno de Trump, y probablemente le dieron margen para manejar un discurso retador y hostil contra ciertos actores del establishment gringo (pero nunca, ni con el pétalo de una rosa, contra Trump), siempre que acatara en lo esencial y sin chistar las exigencias estratégicas de EEUU:
Pude decirse que, de entrada, la Presidenta actúo de forma distinta, porque le respondió directamente a Trump con señalamientos puntuales de los vicios y abusos históricos y actuales de los Estados Unidos. Responderemos arancel por arancel, advirtió. Notable diferencia respecto al estilo de AMLO, al grado que el diario La Jornada, el favorito del régimen, amonestó a la Presidenta: “cuidado con el tonito Chula”. Muchos interpretan que el autor de esta advertencia fue el propio López Obrador.
Después, Claudia recompuso, ha tratado en los días recientes de reducir el tono antagónico, no exenta de contradicciones, pero sin abandonar del todo la postura de enfrentar y contrapuntear a Trump, al menos en el discurso. Desde luego, no sabemos lo que en privado exija el presidente electo gringo, ni lo que ceda o no ceda el gobierno de México, pero existen varios indicios de que, a diferencia del primer gobierno de Trump, en su segundo mandato será más agresivo en temas como el combate a las drogas y los carteles mexicanos, la migración y las relaciones comerciales. De hecho, no se descartan totalmente escenarios extremos, donde fuerzas de EEUU ataquen reductos del narco en territorio mexicano, o que México sea marginado del tratado comercial de Norteamérica.
Como sea, desde ya, este conflicto con Trump está obligando a que la Presidenta defina una ruta de acción que inexorablemente debe tener un toque personal, tanto en lo institucional, como en lo diplomático y en lo político. No puede ser de otra manera. Podemos mencionar algunas acciones que apuntarían a perfilar el surgimiento del claudismo: el inmediato operativo para acotar las mercancías chinas que inundan el mercado mexicano; la confiscación récord de más de una tonelada de pastillas de fentanilo que tanto preocupa a Estados Unidos; la participación de Claudia en la Cumbre del G-20, donde desplegó una aceptable actividad diplomática de alto nivel contrastando con el ostracismo de AMLO.
La llegada del impredecible Trump, le ha dado la ocasión a Claudia de mostrar otro estilo de gobierno y de acción; le ha permitido acelerar el realineamiento en torno a ella dentro de su gabinete y equipo; y también, la irrupción del magnate le ha proporcionado a la Presidente la figura perfecta del Enemigo, el fantasma y la amenaza que le proporcionará el margen maniobra para reclamar lealtades y unidad en el gabinete, en el partido, en el Congreso, en la República, en torno al claudismo en el poder. No necesariamente le va a salir perfecto a la Presidenta, pero puede interpretarse que, por la necesidad de la coyuntura, ya lo está haciendo.
2. HARFUCH Y EL RETO DE LA SEGURIDAD
El monstruo de la violencia criminal, la impunidad y el poder acumulado por las organizaciones criminales, luce invencible en el corto plazo. Atacar las causas, reconstruir el tejido social, evitar la violencia legítima del Estado en la contención del crimen organizado, constituyen líneas estratégicas que, si no se complementan con otras acciones, no dan el resultado esperado por la sociedad mexicana y por los Estados Unidos.
En este tema, la Presidenta Sheinbaum también está mostrando rasgos diferentes respecto al estilo y las prioridades de su antecesor. El mero nombramiento y empoderamiento institucional de Omar García Harfuch, un personaje fuertemente rechazado por los radicales del obradorismo, es un mensaje contundente. Claudia mostró que, a partir de iniciativas de ella, el Congreso de mayoría oficialista acepta cambiar la Constitución para encumbrar a la Secretaría de Seguridad, es decir a Harfuch, y asignarle atribuciones de coordinación y mando por encima de las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional.
Las acciones han sido inmediatas, como el antes mencionado decomiso de una tonelada de fentanilo, la Operación Enjambre en el Estado de México, y otras acciones que han generado resistencias al interior del gabinete y de la clase política oficialista. El reclamo incontenible de la sociedad por una acción más firme del gobierno para contener la violencia y brindar seguridad, sumado a la presión asfixiante de Estados Unidos, recargada por la furia de Trump, obligan a Claudia a lanzar una estrategia distinta a la de los sexenios de Enrique Peña Nieto y de AMLO, que en lo esencial apostaron por no utilizar la fuerza legítima del Estado, lo cual no solo no contuvo la violencia criminal, sino que las condiciones se han ido deteriorando progresivamente.
Igualmente, este tema está mostrando ya un perfil más definido del estilo de gobernar de la Presidenta, que requiere de posturas abiertas de apoyo de su gabinete, del Congreso, los gobernadores y el partido; apoyo o resistencia, pero la estrategia lanzada demanda posturas definidas.
3.- PRESUPUESTO Y PODER
El Presupuesto es el instrumento fundamental del poder. Todos los actores políticos y sociales gravitan en torno a los dineros. La Presidenta entró con una carga pesadísima heredada del gobierno de AMLO: un déficit de 6 por ciento del PIB, equivalente a dos Billones de pesos. El primer Presupuesto de la Presidenta Sheinbaum presenta una cara inédita: por primera vez en muchísimo tiempo el Presupuesto será menor en términos reales al del año anterior. Claudia estaba obligada a bajar el déficit, por prudencia y responsabilidad fiscal, pero también porque no hacerlo generaría un efecto muy delicado en el clima de confianza, inversión, y certidumbre respecto a las finanzas públicas mexicanas y las capacidades del Estado en general.
En su primer Presupuesto, Claudia tuvo que reducir una serie de rubros sensibles o estratégicos, con el objeto de bajar al menos dos puntos el déficit fiscal, para dejarlo en alrededor de 1.3 Billones de pesos. Liquidada la oposición político-partidista, las resistencias a las reducciones presupuestales en ciertos rubros, se ha generado al interior del propio oficialismo en el Congreso, en los estados, en los medios y en el propio gabinete.
El Presupuesto es la principal herramienta de la política económica. Imprimirle una determinada orientación ideológica o doctrinaria requiere consensos sólidos. La Presidenta ya expresó cuáles son sus prioridades sociales, económicas e institucionales. La pregunta es si contará con los suficientes recursos presupuestales para darle sostenibilidad a su proyecto, pero, sobre todo: si podrá generar las condiciones para consolidar una política presupuestal acatada en lo esencial por la heterogénea clase política identificada con el régimen.
En este primer año de gobierno de Claudia, en estas primeras semanas, la batalla por el Presupuesto presenta dinámicas inerciales, determinadas en gran medida por los compromisos y las necesidades de preservar equilibrios manejables en las finanzas públicas. Pero, aun así, es posible atisbar indicios de lo que serán las negociaciones y orientaciones del Presupuesto en el sexenio de Claudia Sheinbaum. Por lo pronto, se puede observar que en este terreno ha sido más complicado generar y alinear lealtades y consensos en torno al claudismo, al menos en este primer Presupuesto.





