Tormenta dentro, tormenta fuera. Autor: Federico Anaya Gallardo

Miércoles 1 de mayo de 1940. Excélsior reporta en su primera plana que “Más de treinta mil obreros militarizados participarán en el magno desfile de hoy”. Con datos aportados por la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), el periódico privado informaba cómo estaría organizada la columna de 30,250 milicianos. Aparte de estos, desfilarían otras 162 mil personas –para dar un total de 200 mil manifestantes. Atención, lectora: el DF tenía entonces 1.8 millones de habitantes. La manifestación convocaba casi a un décimo de sus habitantes. La CTM se concentraría enfrente de Bellas Artes, a las nueve de la mañana.

Los organizadores reportaron a Excélsior que su contingente se organizaría “en el orden siguiente: pelotón de motociclistas de Tránsito; comité nacional de la CTM, bandera nacional flanqueada a derecha e izquierda por la rojinegra y la roja de los obreros y campesinos, escoltadas por una sección del 33o. batallón.” El comandante de la columna obrera-miliciana sería el mayor de caballería Luis Silva García –quien el año siguiente (1941) sería agregado militar en nuestra embajada en La Habana.

Excélsior mostraba su espanto por la militarización de la CTM poniendo, justo al lado de ese reporte, la nota siguiente: “Hay agentes stalinistas en las dependencias oficiales. El Bloque Obrero Nacional Anticomunista señala a varios líderes rojos y pide su inmediata expulsión de la República”. El BONA señalaba entre los “agentes stalinistas”, a Demetrio Socoloff (1891-1965) un doctor en ciencias naturales radicado en México desde al menos 1930 y que ayudó a fundar la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del Instituto Politécnico Nacional. También acusaba de ser agentes soviéticos al poeta español León Felipe y al “judío alemán” Enrique Gutmann –fotógrafo y editor antifascista que llegó como refugiado a México en 1934.

Pocos días después, El periódico de la vida nacional tranquilizaba a sus muy católicos lectores reportando que el 3 de mayo de 1940, en Chetumal, las autoridades “Expulsaron a los Profesores Rojos de Quintana Roo”. En ese reportaje, “exclusivo para Excélsior” se informó que una multitud había exigido al gobernador del territorio expulsar a los maestros Ezequiel Rodríguez Arcos, Carlos Hoy, Manuel Gordillo y Flavio Clemente Chab Izquierdo. Aparte, se clausuró una escuela. Rodríguez era comunista-lombardista y llegaría a ser diputado del PPS dos décadas más tarde. Hoy escribió una Breve Historia de Quintana Roo. Si googleas los nombres de Rodríguez, Hoy y Chab los encontrarás convertidos en denominación de escuelas primarias oficiales.

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En contrapartida, Excélsior reportó el 7 de mayo de 1940: “Felicita el General Jara a CTM por gran desfile”, añadiendo al titular que “El Jefe del Comité Central Ejecutivo del Partido de la Revolución dice que no tiene precedente el éxito alcanzado por dicha central obrera”. El general Jara se felicitaba de la “amplia participación de grupos organizados militarmente, cuyo marcial desfile constituye un exponente de la decisión de los trabajadores mexicanos de prepararse para que, al lado de nuestro glorioso Ejército Nacional, pongan su valioso contingente con mayores probabilidades de triunfo para la defensa de nuestra integridad patria y de nuestras instituciones democráticas, en el desgraciado caso de que fueran amenazadas”.

Sin embargo, al día siguiente, el mismo periódico publicó que “No habrá más milicias que las del Ejército, la Armada y las fuerzas de la policía”. Excélsior comentó un documento expedido por la Secretaría de la Defensa Nacional que, evidentemente, respondía a la propuesta de la CTM y del general Jara de armar a los obreros: “no es verdad ni podría tolerarse de acuerdo a las leyes vigentes la existencia de milicias extrañas a las únicas fuerzas armadas legalmente autorizadas en el país”. El periódico de la vida nacional señaló que esta “oportuna y categórica declaración … pondrá fin a la creciente extrañeza y justificada alarma con que todo el país estaba contemplando los progresivos aprestos bélicos del licenciado Lombardo Toledano”.

En la saga churchilleana, la guerra de los nazifascistas se denomina “la tormenta”. Las notas de Excélsior que he citado muestran que el huracán era global. Importan las fechas. Las notas que comento vienen del oscurísimo mayo de 1940. La CTM de Lombardo encuadró militarmente a treinta mil voluntarios con la venia y aprobación de Jara, líder nacional del partido del gobierno. Esto se hizo porque había empezado una guerra global que amenazaba destruir todas las conquistas obreras y campesinas en todo el mundo. Si entonces no se ondeaban las banderas rojas, si entonces no se preparaba uno para combatir, entonces el triunfo de los fascistas sería seguro.

En las mismas páginas que vengo comentando, se reportaba la caída de Polonia, Escandinavia y los Países Bajos ante los nazis. Francia se derrumbaba. Y en México había quien aplaudía esas derrotas. En el número de 1 de mayo, Excélsior publicó un anuncio pagado de la revista Timón que publicaba José Vasconcelos y que –ahora lo sabemos– era financiada por el Reich. La publicidad de Timón usaba el formato de una pequeña nota, gacetilla o comentario editorial. La de ese Día del Trabajo llevaba por título “El Desastre Noruego”. Timón se presentaba como la única publicación “con criterio propio” que trataba la problemática internacional. Afirmaba que “en esta contienda no hay ‘neutrales’ y no puede haberlos porque la guerra afecta a todos”. Denunciaba “los intereses semitas se mueven con todos sus recursos para envolver a este continente” y que la conflagración era “una guerra en la que quince millones de ‘israelitas’ se quieren imponer a dos mil millones de seres que pueblan el Universo”. La revista de Vasconcelos cerraba su anuncio: “Es un crimen permanecer indiferentes ante el peligro”. (Y, pese a este antisemitismo, aún hay quien sigue cantando loas al viejo “Maestro de América”.)

Dorothy Gardner, una estadunidense que trabajaba en la capital mexicana como enviada de dos estaciones de radio (WBBM de Chicago y KMOX de Saint Louis) escribió para el Excélsior del 2 de mayo de 1940 un comentario interesante. Se tituló “Lo que opina una periodista norteamericana del desfile”, y apareció en la página 13. Gardner relató que antes de la manifestación obrera, “mis amigos mexicanos estaban muy deprimidos” y que “ayer [30 de abril] … pasaron el día previendo una revolución y proyectando la mejor manera de sacar del país sus familias”. Gardner aclaró que luego del desfile, esos mismos amigos han reconocido “un poco del orgullo y esplendor de los trabajadores que en forma tan imponente manifestaron su sentido de independencia”. La norteamericana estaba entusiasmada de haber visto marchar juntas a mujeres y hombres. Aparte, aplaudió que los trabajadores de oficina acompañasen “a los miembros menos elegantemente vestidos del proletariado”. Gardner reportó que sus asustadizos amigos mexicanos se tranquilizaron al ver que la gran manifestación resultó pacífica (pese a la extrañeza y alarma que causaban a Excélsior las milicias cetemistas). Es interesante la descripción que hace la extranjera de sus amigos mexicanos: “son liberales, o conservadores, o bien son una curiosa mezcla de liberales y conservadores, como debe esperarse de este periodo económico de transición”.

Conviene subrayar la incertidumbre que se vivía en esos días, cuando empezaba la tormenta global fascista. Justo abajo del artículo de Gardner (quien un año más tarde se mudó a Nueva York), Excélsior colocó un reporte sobre Mark Sullivan. Este comentarista, entonces de 66 años, había sido un progresista pro-Teddy Roosevelt que luego se fue alineando consistentemente a la derecha, criticando agriamente la política de Franklin D. Roosevelt. El 2 de mayo de 1940, este Jeremías del periodismo estadunidense publicó una columna en el New York Herald-Tribune, adonde propuso que los Estados Unidos “se apoderen de las Antillas inglesas y francesas, así como de otras posesiones inglesas en el Continente Americano, en cuanto se vea con claridad que los aliados están próximos a perder la guerra”. Aunque Sullivan apoyaba a Inglaterra, en mayo de 1940 asumía que Londres caería ante los nazis.

Excélsior combinaba notas para aparentar neutralidad, pero la lectura sistemática de sus contenidos permite ver que sostenía un “derrotismo realista” y que aplaudía los avances del nazifascismo. Una prueba de esto son los anuncios de Timón. En el del 9 de mayo de 1940, titulado “Las victorias inglesas”, se burlaba de los británicos y citaba a su principal redactor, José Vasconcelos, quien afirmaba que la neutralidad era “un cobarde, aunque provechoso, clandestinaje”. Al tiempo que el periódico de la vida nacional organizaba así sus comentarios, en ese oscuro mayo de 1940 se repetía una y otra vez que el avance nazi era imparable. Para la reacción mexicana de esos días, la victoria fascista significaba la restauración del orden natural-jerárquico en la sociedad. (Cualquier parecido con nuestra propia sociedad, se debe a que es la misma.)

Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

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