Y en verdad, la devoción de más de 10 millones de peregrinos que visitaron la Basílica de Guadalupe este 12 de diciembre en Tepeaquilla (Tepeyac), demuestra claramente la fe de los mexicanos en su ADN desde hace siglos, inclusive mucho antes de la intervención española. Y es que cada año, se vive un río de fervor, esperanza, voluntad de corazón y de espíritu de amor por atestiguar su fe ante la imagen viva de Nuestra Señora de Guadalupe (Tequatlasupe; la que aplasta a la serpiente). Los devotos corazones mexicanos y extranjeros que vienen desde distintos lugares recónditos de México y del mundo, arriban para cumplir sus promesas, pedir favores y dar gracias por los milagros concedidos ante su altar en estos días. Pero lo más insólito, es que esta devoción demuestra claramente que el pueblo mexicano no está equivocado en su fe, en su esperanza y en su fervor desde hace muchos siglos, bajo la presencia –y no sincretismo– de la misma devoción a Tonatzin (nuestra madre venerada) en Tepeacac. Misma fe que ha sobrevivido y permanecido viva desde hace muchos milenios en este lugar, lo cual es extraordinario. Por ello, el pueblo, que es sabio en su fe, sabe muy bien que la veneración hoy a Nuestra Virgen María de Guadalupe, es perceptiblemente la misma Tonatzin que a través del tiempo ha permanecido como nuestra madre ante muchas beligerancias, mentiras y guerras espirituales humanas de todos nosotros por milenios.
Ometéotl,dios de la dualidad y dios de la creación en la mitología mexica, es considerado quizá como una apostasía, sin embargo, hoy puede ser considerado como una confirmación de fe, todo esto bajo el conocimiento presente en la tecnología de la ciencia genética, por ello, esta dualidad del creador está claramente dibujada en nuestro ADN, molécula de ácido desoxirribonucleico, la cual está compuesta por la misma dualidad de dos cadenas enrolladas entre sí para formar una doble hélice, que lleva instrucciones genéticas para el desarrollo, funcionamiento y herencia humana, dualidad de la creación, conocimiento ancestral de la ciencia de Dios.
La tecnología de nuevo aparece en la experiencia de fe en la tilma de Juan Diego. Varias pruebas se han efectuado desde hace varios años para comprobar la autenticidad divina de la presencia viva de la Virgen de Guadalupe. Los expertos en fotografía infrarroja a fines de la década de 1970 determinaron que no había trazos de pincel, sino una imagen que fue plasmada completa al mismo tiempo. Se encontró que la calidad iridiscente cambia ligeramente de colores dependiendo del ángulo en el que una persona la observa. Con láser se determinó que la imagen está suspendida unas micras sobre la base. El doctor Carlos Fernández de Castillo, médico mexicano, encontró una flor de cuatro pétalos sobre el vientre de María, madre por dar a luz pronto y que late. Los aztecas llamaban a esta flor Nahui Ollin y es el símbolo del sol y de la plenitud, fuerza espiritual contra el aborto. Los ojos, con una magnificación de 2,500 veces detectaron hasta 13 individuos en diferentes proporciones, así como el ojo humano reflejaría una imagen y esto coincide con los 13 cielos de la mitología mexica.
Así, la tecnología, a medida que avanza, puede contar muchas cosas más sobre la divinidad de la tilma de Juan Diego, pero lo más importante, es la fe del pueblo mexicano en Nuestra Señora de Guadalupe y esto es lo esencial.
Octavio Fernández, PhD.
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