Y en verdad, la tecnología ha cambiado la forma de comunicarse entre los seres humanos. Ha transformado el puesto de periódicos de la esquina, en un nuevo formato virtual y digital que se lleva en el bolsillo. Ha cambiado la forma de leer los encabezados de cada periódico mediante un tablero visual de información en papel, en donde muy rápidamente se puede saber de las vicisitudes del país, mientras se sostiene un atole caliente en la mano derecha y una torta de tamal en la izquierda… por un nuevo formato de prensa digital en donde se leen los acontecimientos con la cabeza agachada mirando la pantalla digital del dispositivo inteligente, el cual es sostenido por la mano derecha en lugar de una concha de nata para desayunar.
Pero además, entre la prensa de papel versus la prensa digital, aparecen algunas buenas y malas prácticas que parecieran mantenerse, cambiar o desaparecer con esta trasformación digital. Una de estas prácticas refiere al tema complejo de la “libre expresión”. Para la prensa de papel, la libre expresión es ejercida mediante el filtro del responsable editor que identifica, de sus articulistas o periodistas, los temas a publicar a través de su discernimiento, revisión de textos y redacción perfecta antes de ser enviadas a las rotativas para su impresión. Es un filtro humano inteligente que busca mantener la audiencia e interés del lector a través de la verdad con “libre expresión”. Sin embargo, en algunos casos extraños, se ven en la necesidad de publicar informaciones sesgadas, incompletas, amañadas, impuestas y mentirosas bajo coerción de su propia vida y esto es lo inaceptable.
Para la prensa digital, los articulistas y periodistas profesionales, así como los seudoinformantes, tiene una mayor oportunidad de expresar sus ideas, informar o desinformar indiscretamente. Cualquiera puede ser un comunicador en las redes. Pero esto no es el problema, al contrario, se ejerce la “libre expresión”. El problema reside en la generación de información basura y falsa que no añade valor. Inclusive, en algunos casos, se genera información falsa premeditada buscando sesgar la opinión sin sustento de datos de verdad y utilizando argumentos oscuros para soslayar e insultar a los demás a través de palabras soeces, apodos, comentarios, seudoartículos, mentiras y otros deméritos juiciosos e inhumanos que irrumpen el respeto, alma y espíritu de cualquier ser humano. A esta mala práctica se le identifica como “libertinaje digital”. El libertinaje digital es sobrepasar la línea del respeto, desinformar, mentir, atacar soezmente, llegar a la vulgaridad, sesgar la opinión mediante ideas oscuras y otras manipulaciones que impiden la lucha de las ideas y opiniones como lo indica Santo Tomas de Aquino.
Pero esto no termina aquí, hay quienes se dan golpes de pecho y de moralidad para sesgar y coartar la libre expresión digital confundiéndola extrañamente con el libertinaje de un solo lado. Todo con el objetivo principal de crear leyes que afecten la libertad de expresión digital en todos los sentidos. Es aquí donde el editor físico desaparecido se vuelve ahora el editor digital de inteligencia artificial, el cual es capaz de resguardar el respeto y detener esta turba de desinformaciones y libertinajes sesgados que afecten la discusión y discernimiento individual y colectivo que toda sociedad debe tener.
De nuevo la tecnología aparece para reforzar la libertad de expresión digital mediante el editor digitalizado de inteligencia artificial. Este editor digital tiene las herramientas para discernir de la verdad y la mentira, ya que está sustentado con datos y hechos de verdad concretos y trasparentes que no lloran, no ríen, no gritan, no mienten, no juzgan parcialmente; son en realidad factos y datos verdaderos que vienen de la fuente de luz y que muestran la realidad de los hechos, por los cuales seremos juzgados, y esto es lo increíble.
Octavio Fernández, PhD.
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