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Timón de Tecnología Espiritual. La tecnología, “una voz en el desierto en el espíritu mariano mexicano”. Autor: Octavio Fernández

Y en verdad, cualquier madre o jefecita de familia espera en su devoto corazón con mucha alegría, la visita de sus hijos en su casa, para celebrar la famosa reunión familiar y convivencia festiva anual, como regalo del amor, verbo y proceder espiritual de toda su grey amada. Una reunión en donde existe el intercambio de recuerdos, anécdotas, momentos, eventos, consejos, apoyos, súplicas, compromisos, buena comida y oraciones; reflejo de su palabra convincente y amorosa para todos nosotros. Pero aún más, nuestra madre ofrece sus recomendaciones, encomiendas, compromisos, castigos, y otras acciones correctivas –ahí viene la chancha voladora y sus nalgadas– son actos de amor necesarios para reformarnos y continuar el camino para nuestro bien. Sin chancla no hay dolor interno de recapacitación y mucho menos la corrección de nuestras almas. Gracias Madre.

Pero esto no termina aquí, la celebración se extiende también ante la madre de todos los mexicanos, nuestra Virgen de Guadalupe ubicada en el cerro del Tepeyac. Una celebración de 489 años, en donde este año 2020 no se pudo alabar en su propia casa. Una tristeza que embarga seguramente su corazón y la de muchos mexicanos también. Pero lo más interesante de este hecho, es la correlación y coincidencia de las condiciones semejantes de aquel tiempo con el tiempo de pandemia  que vivimos hoy en México. Y la referencia histórica es increíble. Cuando Juan Diego toma camino a Tlatelolco para buscar a un confesor para su tío enfermo, toma otro camino para evitar el encuentro con la Virgen de Guadalupe en el cerro del Tepeyac. Sin embargo la Virgen de Guadalupe le sale a su encuentro (cuarta aparición) y le dice con amor materno: «Oye y ten entendido, hijo mío, el más pequeño, que es nada lo que te asusta y aflige; no se turbe tu corazón; no temas esa enfermedad ni otra alguna enfermedad y angustia. ¿No estoy yo aquí, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo? No te apene, ni te inquiete otra cosa; no te aflija la enfermedad de tu tío, que no morirá de ella: está seguro de que ya sanó». Y así, bajo estas palabras, Juan Diego siguió su camino a la ciudad de Mexico para dar fe y testimonio de la aparición de la madre de todos los mexicanos, sin embargo no lo hicimos así.

De nuevo la tecnología aparece como una voz en el desierto y testigo de la luz a través de las redes y sistemas de comunicación digitales para trasmitir y continuar con la tradición y celebración de nuestra madre, la Virgen de Guadalupe. Sin embargo, para este caso, el modelo tecnológico es de una vía o canal de comunicación, en donde solo hay un emisor sin retroalimentación. Es como escuchar la voz de nuestra madre sin dar respuesta a su amor. Es como llamarle a través de los sistemas de comunicación digitales, darle las gracias y amor eterno, pero su casa sigue vacía, y esto es lo inaudito.

Es claro que la tecnología seguirá su desarrollo para evitar estas fallas humanas y espirituales, no solo en la forma de comunicación digital, sino en la inteligencia de no dejar de asistir a visitar a nuestra madre, y esto es lo increíble.

Octavio Fernández, PhD.
@admexusI4_0

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