Inicio Opinión Tiempo de ser pesimistas bien informados. Autor: Federico Anaya Gallardo

Tiempo de ser pesimistas bien informados. Autor: Federico Anaya Gallardo

Foto: captura de pantalla

Hace unas semanas, terminé una reflexión en este espacio con una descripción de los EUA del segundo Trump: Un hegemón imperial peligroso y abusivo. Rubén Darío escribía, en 1904, que “Los Estados Unidos son potentes y grandes.  / Cuando ellos se estremecen hay un hondo temblor  / que pasa por las vértebras enormes de los Andes.” Estos versos de A Roosevelt seguro resonaron en algunas mentes y corazones mientras el presidente Gustavo Petro intercambiaba trinos con Donald Trump el 26 de enero de 2025. (Liga 1.)

Anoté que Estados Unidos de América es un hegemón atravesado por muchas contradicciones. Su aristocracia es egoísta y ciega. Sus políticos muestran pocas luces. No hay asabiya/solidaridad en su Pueblo. Sin embargo, estas mismas preguntas debemos aplicarlas a nuestro propio país y a los estados latinoamericanos y a ese vecino extraño del lejano norte, Canadá. Porque, aunque les moleste a los pocos pero elegantes expertos mexicanos en geopolítica, la mejor política exterior es política interior  (López Obrador dixit) y all politics is local politics (Tip O’Neill dixit). En el juego de grandes y pequeñas potencias, en el rejuego de poder militar y soft-power cada uno de los actores debe preguntarse cuáles son sus potencialidades y sus debilidades. Sólo a partir de ese conocimiento podríamos barruntar respuestas responsables a las preguntas globales que nos plantea la Administración Trump.

Luego de varias semanas debatiendo esta crisis, la comentocracia nada ha terminado de proponer, como puedes verificar, lectora, en el programa “Es la Hora de Opinar” del lueves 6 de marzo de 2025 adonde, pese a la insistencia de Leo Zuckermann por obtener alguna alternativa a lo que está haciendo la Administración Sheinbaum, ni el representante del PAN (Damián Zepeda) ni el de MC (Gibrán Ramírez) alcanzaron a decir qué estrategia (postura general) debería tener nuestra República frente a las bravuconerías trumpianas. (Liga 2, ya regresaré a esta mesa más adelante.)

Yo no presumo tener respuesta clara ni alternativa viable, querida lectora. Pero te propongo analizar con cierta profundidad la cuestión. Empecemos por nuestra casa. El 16 de febrero de 2025 Consulta Mitofsky distribuyó en sus redes sociales una imagen proveniente de un estudio de opinión que esa encuestadora realizó para El Economista. A la pregunta “¿Qué sentimiento le provoca a usted que Donald Trump sea presidente de los EU?” En las respuestas negativas, 27.3% respondió “miedo o preocupación”; 19% respondió “coraje”; y 4.2% respondió “tristeza” –una suma de 50.5% de los encuestados. En la positivas, 18.1% respondió “esperanza” y 0.4% respondió alegría –una suma de 18.5% de los encuestados. 24.4% se manifestó indiferente y 6.4% señaló otro sentimiento.

Es interesante que de los sentimientos negativos, poco más de la mitad se manifiesten temerosos. A esos hay que sumar a los tristes. Sólo dos de cada cinco personas (19%) manifiestan coraje. Este arreglo de los sentimientos corresponde a los versos de Darío que cité al principio. Los Estados Unidos son tan potentes y tan grandes que poco o nada es lo que puede hacer México frente a las amenazas desbocadas (y desordenadas) de Trump.

Una pregunta relevante en materia de sentimientos es ¿qué hay detrás de “coraje” en la encuesta de Mitofsky?

¿Es coraje como en Madre Coraje de Brecht? Esa mujer, comerciante de baratillo en tiempos de la Guerra de los Treinta Años y que se aprovecha para hacer dinero en medio del conflicto, canta al inicio del séptimo cuadro de aquella obra teatral: “—Decid lo que queráis: para mí no hay como la guerra. Dicen que extermina a los débiles; pero ésos también perecen en la paz. Y en cambio la guerra da mejor pan a su gente”. Bueno, al menos a algunos, a los que se aprovechan, como ella. La misma Madre Coraje nos describe otros tipos de coraje: “Las gentes pobres necesitan coraje. Si no están perdidas. Sólo el hecho de tener que levantarse a la madrugada requiere, en la situación de ellas, muchos bríos. ¡O eso de ponerse a arar un campo en medio de la guerra! El mero hecho de que echan hijos al mundo demuestra que tienen coraje, puesto que no tienen ningún futuro. El uno va a ser verdugo del otro, y se van a matar mutuamente, y si entonces quieren mirarse a las caras necesitan coraje, ¡y cuánto! El que toleren a un Emperador o a un Papa demuestra un coraje espantoso, como que eso les cuesta la vida”… (sexto cuadro de la obra).

Ese es el enojo del resentimiento impotente, la furia estéril contra la injusticia estructural que no puede ser superada. Sin embargo, pese a que Madre Coraje lucra con la necesidad de todos durante la guerra, tiene muy claro qué es lo que causó el desastre social: “—Si uno oye hablar a los grandes señores, parecería que sólo hacen las guerras por temor de Dios y por todo lo que es bueno y hermoso. Pero si uno se fija bien, resulta que no son tan necios, y que hacen la guerra por el beneficio propio. Y la gente pequeña como yo tampoco se movería, si no fuese por eso” (tercer cuadro). Esta es una Madre Coraje que es practicante del rational choice y del egoísmo generalizado… una mujer irritada que se traga su enojo y busca sacarle provecho. (La obra completa de Brecht, en la Liga 3.)

¿Será que hay otra forma de coraje? Por supuesto que sí. Se trata del coraje que habita en el campo de las palabras valor, valentía y arrojo. Al norte del Río Bravo, adonde se habla en inglés, la palabra courage está relacionada con valour, bravery y heroism. El diccionario de los académicos monárquicos define coraje como “impetuosa decisión y esfuerzo del ánimo”. Regreso a Madre Coraje. Quien oye a ese personaje justificar su depredación debe preguntarse si no había otro modo de proceder; si los oprimidos en la paz y en la guerra no deberían –por ejemplo– organizarse para resistir. Y aquí ya entramos en el campo de otro tipo de coraje, el que buscaba avivar el veterano francés Stéphane Hessel cuando escribió sus ensayos ¡Indignaos! (2010) y ¡Comprometeos! (2011) –que en México se diría mejor: Indígnense y Comprométanse.

Lo fascinante del Indignaos de Hessel (Liga 4) es que el luchador de 93 años se dirigía a las y los jóvenes del siglo XXI llamándoles la atención acerca del horror de su sociedad (la del siglo XXI). Hessel detalla algunos problemas concretos de la injusticia social, como la reducción de las jubilaciones en Francia de 80% del salario a sólo el 50%, pero les recuerda que junto a ese problema específico hay mil más y todos deben ser atendidos. Y sugiere que la mayoría de esos problemas no son “impresionantes” ni “material de leyenda”. Hace quince años, Hassel rememoraba alguna plática dada a estudiantes franceses: “vosotros no tenéis las razones evidentes para comprometeros. Para nosotros, resistir era no aceptar la ocupación alemana, la derrota. Era algo relativamente simple; simple como lo que vino a continuación: la descolonización” y la Independencia de Argelia.

Desde 1910 (acaso desde 1942), las y los mexicanos no hemos tenido razones evidentes y simples para la indignación y el compromiso –no como las que llevaron a Hessel y su sociedad a la Resistencia. Todavía en 2006, una parte importante del electorado rechazó identificarse con Los de Abajo en el lema Por el bien de todos, primero los pobres –como nos demostraron Luis de la Calle y Luis Rubio en su libro Clasemediero: Pobre no más, desarrollado aún no publicado por CIDAC en 2010. (Liga 5.)

Por cierto de ese libro de los dos Luises, yo guardo una anécdota que es relevante contar hoy. Poco después de su publicación, en una reunión con amigos mutuos, tuve oportunidad de comentarle a De la Calle que el texto me había convencido de volverme marxista. Consternado, ese Luis me preguntó que por qué; y yo le dije que Clasemediero documentaba perfectamente un caso de falsa consciencia. La gente que no se identificaba como “pobre” prefería votar a derechas por la ilusión (creencia no sustentada materialmente) de pertenecer a la clase dominante, como “clase media”. Agudo, De la Calle me replicó que, precisamente por eso, era urgente e indispensable que el régimen asegurase la salida de la pobreza a millones de personas. Era 2010. Los tiempos de Calderón y la tonta “guerra” contra el narco. Oportunidad desperdiciada. En 2012 llegó Peña y el PRI perdió su propia oportunidad. Esas fallas sucesivas de los partidos neoliberales formaron el contexto material desde el cual a muchos que se creyeron proto-clasemedieros en 2006 les “nació la consciencia” de que debían votar a izquierdas.

Ese proceso de conscientización se dio lentamente, durante tres largos lustros. Tardó tanto que en ese periodo la comentocracia de derechas varias veces declaró muerto y enterrado al obradorismo. Las pequeñas brasas de 2006 no provocaron un incendio súbito, sino que fueron elevando poco a poco la “temperatura ambiente” y agregando uno por uno a liderazgos regionales a la causa. Una extraña Larga Marcha. Extraña porque se dio a través de procesos electorales y en medio de mil contradicciones y muchas traiciones.

Permíteme un salto gigante al pasado, lectora. Las brasas que acabo de mencionar lo merecen.

Entrando el crudo invierno de 1810-1811, un clérigo observador (y conservador) de El Bajío señaló a las autoridades virreinales que el fuego destructor de la rebelión de Hidalgo venía de brasas viejas. Brasas que habían quedado enterradas (o mejor, soterradas) luego de las rebeliones de 1767 en San Luis Potosí, Guanajuato y Pátzcuaro. (En esto sigo a Felipe Castro Gutiérrez, Nueva Ley y Nuevo Rey: Reformas borbónicas y rebelión popular en Nueva España, Colegio de Michoacán/UNAM, 1996; que puedes consultar en Internet Archive en la Liga 6.) A principios de 1999 –hace 26 años– la Dirección de Estudios Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (DEH-INAH) convocó a un seminario internacional para hacer un estudio diacrónico de las crisis socio-políticas que afectaron nuestro país a finales de los siglos XVIII, XIX y XX. La Universidad de Georgetown replicó el encuentro un año después, en 2000. Las y los historiadores se preguntaron si había algo más que una loca coincidencia entre 1810 y 1910. El libro que surgió de esos encuentros, Crisis, Reforma y Revolución (México: Historias de Fin de Siglo) , publicado por Taurus/INAH en 2002 lo puedes consultar en la Liga 7. Los once autores y autoras nos muestran que NO… NO se trata de “locas coincidencias”, pero tampoco de una “Historia cíclica inevitable”. Las crisis que llevaron a 1810 y a 1910 son comparables. Y la crisis que vivió México en la última parte del siglo XX también.

En los análisis comparativos, que contrastan dos o más países, o dos o más épocas, las similitudes son tan importantes como las diferencias. Y la diferencia fuerte entre nuestra época y las crisis que llevaron a la Revolución de Independencia (1760-1810) y la Revolución Mexicana (1860-1910) es la integración geopolítica entre México, los EUA y Canadá. En su aporte para Crisis, Reforma y Revolución, John Tutino nos demuestra que las estrategias de resistencia-sobrevivencia económica de Los de Abajo son similares en las tres crisis, pero en la última (1960-2025), el espacio en el que se llevan a cabo, en el que se escenifican esas estrategias, incluye los territorios de los tres grandes estados federales de Norteamérica. El gran Septentrión.

La más impresionante de esas estrategias es la simbiosis entre Los de Abajo y las empresas capitalistas. En el siglo XVIII esta ocurría a nivel microrregional, por ejemplo, entre los pueblos nahuas milperos y las haciendas trigueras del Valle de México. Encontramos la misma estrategia entre pueblos y ranchos del Norte con las explotaciones mineras o haciendas algodoneras en el siglo XIX. En el siglo XX la simbiosis es entre las regiones indígenas/campesinas (y los barrios urbanos populares) y el complejo mercado laboral en los EUA. Los jornales que el campesinado llevaba a sus pueblos circa 1800 y circa 1900 se han convertido ahora en las remesas que alimentan la economía de muchos estados y ciudades del México moderno.

Esta realidad social complejísima convive con el libre comercio que Leo Zuckermann defiende con denuedo en sus mesas de “Es La Hora de Opinar”. Él, que es neoliberal, se concentra en el flujo de mercancías. Nosotros, a izquierdas, vemos eso (no somos ciegos) pero subrayamos la integración social que se dio entre las comunidades populares y el capitalismo estadunidense. Cuando Zuckermann cantaba loas al Libre Comercio, la izquierda exigía y construía Comercio Justo.

Por esto que te explico, querida lectora, es que el domingo pasado, en el Zócalo capitalino, cuando me entrevistó Luis Fernando Salas del Equipo Astillero le dije que era una lástima que Zuckermann no hubiese asistido a la concentración. Días antes, el secretario de la Defensa estadunidense, Pete Hegseth reiteró la amenaza de disparar o desplegar tropas contra territorio mexicano. Por eso todos y todas tendríamos que haber estado allí. La integración social, económica y geopolítica en Norteamérica (el Septentrión Americano) es tal en el siglo XXI que las decisiones de la Casa Blanca pueden afectar gravísimamente a millones de mexicanas y mexicanos a ambos lados de las dos fronteras. Que algo terrible no haya pasado en cien años no significa que algo grave no pueda ocurrir ahora. (Liga 8, min. 2:36:00 & ss.)

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://www.aljazeera.com/news/longform/2025/2/4/petro-vs-trump-the-diplomatic-standoff-that-could-shape-colombias-future

Liga 2:
https://www.youtube.com/watch?v=qbwaic7o604

Liga 3:
https://www.suneo.mx/literatura/subidas/Bertolt%20Brecht%20Madre%20Coraje.pdf

Liga 4:
https://profesorvargasguillen.wordpress.com/wp-content/uploads/2011/02/indignaos-por-stc3a9phane-hessel.pdf

Liga 5:
http://www.cidac.org/esp/uploads/1/LDC_Clasemediero.pdf

Liga 6:
https://archive.org/details/nuevaleyynuevore00cast/page/10/mode/2up

Liga 7:
https://es.scribd.com/document/632110212/Historia-de-Mexico-reina-y-servin-crisis-reforma-y-revolucion

Liga 8:
https://www.youtube.com/watch?v=mxCg8k9gN0U&t=9583s

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