Teoría y práctica de la narcopropaganda. Autor: Felipe León López

Foto: Felipe León López.

Felipe León López

En menos de cuatro días, grupos criminales utilizaron de algún modo demostraciones de fuerza militar y despliegues tácticos en el Bajío y norte del país. No fue algo sin precedentes en nuestra historia contemporánea, en lo que a demostración desestabilizadora del crimen organizado se refiere, pero sí es la primera de un despliegue secuencial de alto impacto en un lapso de tiempo tan breve que obligó al gobierno federal a reconocerlo y a acusar que se sobredimensionó por efecto propagandístico.

¿El crimen utiliza estrategias y tácticas de comunicación, publicidad o propaganda? Por supuesto. Y desde que la humanidad tiene memoria, así ha sido, porque la comunicación del crimen es similar a la comunicación del poder político: buscan generar respeto, miedo y propagar sus reglas, incluso, con el objetivo táctico de influir en la ideología o en el comportamiento de los que fungimos como receptores.

¿No son propaganda porque no tienen ideología ni trasfondo religioso? Claro, esta vieja teoría de la propaganda ya quedó rebasada porque tanto el crimen organizado como las organizaciones terroristas tienden a utilizar mismos métodos y fines políticos. En México, como pasó descaradamente en 2021, el crimen apostó por sus opciones político-partidistas afines.

Los sociólogos Kenneth Thompson en Pánicos Morales y Stanley Cohen enFolk Devils and Moral Panics, analizaron el fenómeno de cómo los individuos y colectivos vamos temiendo riesgos ante la emergencia de amenazas de grupos que puedan dañarnos. Cuestiones como la violencia en el fútbol, la sospecha constante de que detrás de cada ente poderoso o alguna situación crítica está el crimen, el vandalismo y manifestaciones sociales y políticas exasperadas, tienen alto el impacto por la explotación y sobredimensión que hacen los medios de comunicación y, ahora, en las redes sociales. Y así, dicho efecto sociopolítico ha provocado el crimen en México.

Lo publicamos en esta columna ¿Estado paralelo del crimen o Estado fallido?: “En nuestro país las guerrillas son prácticamente inexistentes y sólo operan como membretes, pero en cambio, los cárteles sí han orquestado narcoinsurgencia, la cual no tiene ideología; no hay una causa social, sino sólo la identidad tribal alrededor del más sanguinario; una base social distribuida en halcones y pandillas y grupos sociales a los que maicean para bloqueos, protestas o conformar autodefensas o guardias comunitarias (…)

“La narcoinsurgencia mexicana se mueve bajo una sola lógica: la imposición del miedo y del terror, porque a diferencia del Estado que puede sancionarnos con embargos o cárcel por no cumplir con las obligaciones fiscales ante el SAT, el “estado paralelo” del crimen nos cobra con vidas”.

Sin duda hay profesionales detrás de los estrategas de la información, la comunicación política y el uso de nuevas tecnologías de la información y comunicación detrás de muchas de las producciones de mensajes y acciones de la delincuencia organizada. Saben construir el mensaje, las narrativas, cuentan sus historias, tienen identificados claramente sus públicos objetivo, eligen bien los canales de difusión y miden el impacto de cada manta, imágenes de bloqueos, protestas o producciones en Youtube, Tiktok, Facebook, Instagram, Twitter o blog. Y más aún, tienen su plan de medios y medido el timing; porque analizan correctamente los tiempos políticos, el contexto social, económico y de aceptación o rechazo a las autoridades.

Los grupos de narcotraficantes, tanto en México como en otras partes del mundo, se apoderan de la percepción, la manipulan, matan la verdad y apoderan de la conversación colectiva. ¿Cuáles son los elementos detectados?

A. Estrategia mediática: planifican campañas, se aprovechan de las coyunturas, leyendas urbanas y hasta utilizan las series y programas de los medios tradicionales.


B. Guerras psicológicas: si creíamos que este tipo de tácticas sólo eran exclusivas del imperio o de los partidos políticos nos equivocamos. Luis Arce Borja, publicó qué son las guerras psicológicas: “La CIA ha sido la primera en aplicar en gran escala operaciones psicológicas en los países latinoamericanos. Estas acciones, tratándose de la naturaleza política del régimen se califican; ‘desestabilizadoras’ o ‘estabilizadoras’. Estas operaciones, cuando están dirigidas a sostener un régimen pro yanqui (…) se llaman ‘estabilizadoras’ en tanto buscan paliar la crisis que envuelve a dicho gobierno. Las campañas sicológicas son variadas, y se adaptan a la coyuntura política, a las creencias, y características culturales de la población”. En nuestro país, así funcionan: estabilizan, generan “pax narca” o, como pasó hace unos días, desestabilizan y generan crisis.


C. Timing político: medir los tiempos, los actores y los posibles efectos sociopolíticos de sus incursiones, ya sea para filtrar un audio, video, fotografía o algún expediente. Hay mentes cuidando que los objetivos se cumplan. Esto es un frente mediático del crimen, además del frente financiero que controla todos los mecanismos de lavado de dinero; el armado, encargado de ejecutar a los enemigos y traidores de las organizaciones delictivas; el político, que como hemos visto en pasadas elecciones no basta con apoyos a candidatos a puestos de elección popular, sino que algunos de ellos han incursionado en la política-partidista abiertamente; y el frente social, consistente en tener bases sociales de apoyo, le brindaran respaldo popular y así legitimar de sus actividades ilícitas ante ciertos sectores sociales.


D. Contrainteligencia: por supuesto, si el aparato de Estado tiene aparatos de inteligencia para obtener información de calidad, los criminales desde hace muchos años la utilizan, tanto detectar quiénes son los autores de los mensajes en su contra como para medir el tamaño de sus adversarios como de los encargados de aplicar la ley (sean policías, funcionarios y políticos), además de infiltrados para estar un paso delante de la autoridad y reventar información a su conveniencia.


E. Redes y voceros: hemos publicado que la situación raquítica con que trabajan varios reporteros es aprovechada por las organizaciones delictivas, reclutándolos y aleccionándolos; pero también instrumentan redes de apoyo en diferentes escalas hasta tener reporteros de alto nivel, a los que dan exclusivas; escritores y cantantes de corridos, libros, reportajes y hasta productores de narco series en las que hagan apología de la vida de sus líderes. En este afán, el crimen ha tejido sus redes mediáticas, sus reporteros y hasta voceros, voluntarios, involuntarios y “tontos útiles” que replican sus mensajes. Así es como pasan de victimarios a víctimas, de personas de la peor calaña a caballeros y damas de negocios y de la socialité.

El crimen aprovecha los canales de difusión colectiva y masiva para elevar el rating y al mismo tiempo, convertir a los medios y redes sociodigitales en foros donde se hacen juicios paralelos, donde los criminales pueden cambian la percepción, imponen su narrativa y se convierten en víctimas de las autoridades locales, estatales o del Estado.

La discusión que colocó el gobierno de México sobre las estrategias y tácticas mediáticas debe abrir una discusión seria, profunda y profesional sobre lo que ha venido ocurriendo desde hace varios lustros. Porque la expansión y contaminación del tejido social provocado por el crimen, también pega a los medios, redes sociales, periodistas y empresas de comunicación.

¿Qué busca el frente mediático del crimen? ¿Qué mensajes son los que envían en situaciones como la de la semana pasada? El principal objetivo, sin duda, es generar miedo al crimen y generalizar la percepción del riesgo en cada individuo de nuestra sociedad. Las amenazas de muerte, lesiones corporales graves, daños graves a bienes públicos o privados, transporte público y toda aquella acción que produzca un gran perjuicio económico a la población o entes de la economía formal, buscan obligar a un gobierno o a una organización internacional a hacer o dejar de hacer algo; como liberar detenidos, parar extradiciones, descongelar cuentas o hacer un impasse a la persecución de sus líderes.

Es momento de analizar, debatir y avanzar en la definición de líneas éticas del papel social de los medios, de comunicadores y de personas con acceso a medios y redes sociales para que exista un tratamiento informativo veraz y responsable antes de que sus mensajes sean en una verdadera amenaza para la consecución de la paz social tan necesaria para todos.

Felipe León López
Felipe León López

Analista político, egresado de la FCPyS UNAM, con especialidad en estudios prospectivos. Es coautor de El Video poder en México (1995), Una Historia hecha de Sonidos (2004), Historia y Remembranzas de Radio Educación (2008) y Días de Radio (2017). Ha sido colaborador de portales, diarios y revistas de cultura, política y educación. Contacto feleon_2000@yahoo.com

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