
Jorge Torres
El sistema de Salud ha sido el talón de Aquiles de la administración que se va. Y el origen de los tropiezos fue la ineficaz operación del gobierno al bloquear a proveedores intermediarios y distribuidores de medicamentos, en un afán de desmantelar a una mafia que se había enquistado en el sistema de Salud que valía miles de millones de pesos producto del coyotaje.
Tradicionalmente las grandes marcas farmacéuticas le vendían y distribuían medicamentos al gobierno a través de intermediarios que pronto controlaron el negocio mediante las complicidades de funcionarios públicos que manipulaban licitaciones y entregaban contratos a modo.
La corrupción se extendió y convirtió a los hospitales públicos en entidades cada vez menos capaces de atender las necesidades de la población. Las compras de medicamentos e insumos, infladas por los sobreprecios y manipuladas a partir de adquisiciones basadas en la oferta de la industria y no en la demanda de medicinas específicas que requería la población, provocaron una crisis que llevó a la actual administración a cambiar las reglas de un juego que ya a esas alturas era criminal.
Pero el gobierno falló. Se equivocó el presidente al elegir a los funcionarios que encabezarían la cruzada contra la corrupción en el sector Salud, que pronto transformaron la nueva estrategia en un desastre, y en algunos casos, en un negocio.
Primero, al desterrar sin una estrategia alterna a los intermediarios, que además de proveer medicamentos e insumos, se encargaban del transporte y la logística, se provocó un desabasto que a la fecha no ha sido posible resolver. Luego vino la pandemia y el desastre se convirtió en catástrofe.
Hugo López Gatell, subsecretario de Salud, Pedro Zenteno, exdirector del ISSSTE, y Zoé Robledo, titular del IMSS, se volvieron los villanos favoritos por la falta de medicamentos, el retraso en cirugías en los hospitales por falta de insumos y médicos especialistas, y una atención cada vez más deteriorada hacia la población en las instituciones de Salud. Abundan las historias y las estadísticas sobre la debacle.
A unas semanas de que termine el gobierno, y en pie la promesa del presidente de que heredará un sistema de Salud a la altura de los mejores del mundo, el caos sigue en hospitales, clínicas y áreas administrativas. El desabasto de medicamentos continúa, las citas para atención médica cada vez más espaciadas y mal organizadas y no hay certeza en las cirugías “programadas”.
En ese contexto de crisis en el que operan las clínicas y los hospitales públicos, llama la atención como desde las altas esferas del gobierno se han subestimado o abiertamente permitido las mismas prácticas que se buscó erradicar desde el inicio del sexenio.
Hay casos documentados de funcionarios coludidos con empresas farmacéuticas manipulando licitaciones o entregando contratos millonarios por adjudicación directa. Redes de complicidades que mantienen aceitadas las prácticas de corrupción.
El caso emblemático es el del director del IMSS, Zoé Robledo, quien ha operado el instituto a partir de prácticas de colusión con empresas farmacéuticas y se ha convertido en el principal obstáculo para la operación de la política nacional de abasto que propuso Andrés Manuel López Obrador, un esquema que concentra en Birmex las compras consolidadas de medicamentos y cuyo diseño se basa en obtener las mejores ofertas de insumos y medicinas de los proveedores de la industria.
Zoé Robledo ha burlado esta nueva política a través de procedimientos de excepción que le han permitido otorgar contratos de manera directa y evadir las licitaciones públicas.
En el sistema de Salud, el enemigo está en casa, y corresponde a la nueva administración poner orden en clínicas, hospitales, almacenes, y sobre todo, en las áreas de adquisición de insumos y medicamentos, desde donde se han creado fortunas por la corrupción imperante.
Ya no dependerá de López Obrador construir un mejor sistema de Salud, esta administración ya fracasó en ese intento. Depende ahora de la virtual presidenta, Claudia Sheinbaum, y del nuevo secretario de Salud, David Kershenobich, primero erradicar la corrupción de las instituciones del sector, y luego hacer más eficiente la operación de clínicas y hospitales.
La pregunta es si tiene la intención de hacerlo. Y la respuesta puede llegar antes de tomar posesión del gobierno, al nombrar nuevos funcionarios, o ratificar a los que han provocado el desastre.
* Jorge Torres es periodista
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