Autor: Ricardo Bravo
Y luego por qué los jóvenes no quieren tener hijos…
Se reportan al menos 43 vuelos en jet privado que la Morenista/Verdista Mara Lezama, actual gobernadora de Quintana Roo, habría utilizado para viajar principalmente a Orlando, Florida, y a Vail, Colorado. Esto, entre diciembre de 2018 y diciembre de 2025. Y se necesita uno para ir y otro para regresar. Cerrémoslo en 22 vuelos redondos en 7 años. Entonces, 3,1 viajes anuales en jet privado. Lezama no rechaza los viajes – aunque dice que fueron menos. Aceptando sin conceder, dejémoslo en 2 viajes anuales, uno para cada uno de sus destinos favoritos en el país de las barras y las estrellas y de la libertad — ¿Creen que esa etiqueta todavía aplique? La gobernadora argumenta que los viajes fueron familiares. Lo que se publica es solo una muestra de que intenta ser una buena madre. Carajo, pienso. Parece que la generación de mis padres tiene razón: los hijos de hoy sí piden mucho. ¿Por lo menos un viaje anual a Disney y otro a esquiar para poder ser considerados buenos padres? Si los niños salen así, necesito recalibrar mis planes futuros con mi esposa.
Contrastes: a algunos morenistas no se les permite cruzar la frontera con Estados Unidos – sabrá Dios por qué – mientras que a otros se les permite cruzarla demasiado.
Si eres igualitarista, ¿cómo es que eres tan rica?
El caso de la “dromomaníaca” gobernadora de Quintana Roo es solo un episodio más entre los integrantes del movimiento de la llamada Cuarta Transformación que no tienen empacho en ir en contra de sus principios explícitos, especialmente el de la “austeridad republicana”. Incluso cuando la presidenta de México ha sido reiterativa en que ese tipo de conductas es inadmisible. El caso específico de la gobernadora “trotamundos” tiene sus particularidades porque, según lo reportado, los aviones utilizados pertenecerían a un contratista de su gobierno que se los “prestó”. Esto, de probarse, abriría la posibilidad de delitos como el cohecho. La vieja y conocida corrupción. Donald no debió aceptar el lujoso avión que le regaló el gobierno catarí porque, pues, algo de regreso esperarán, ¿no? Lo mismo con los préstamos a la gobernadora “nómada”, por parte de una empresa que, a la postre, se convertiría en contratista de su gobierno.
Pero quisiera que pusiéramos de lado el tema de la corrupción para enfocarnos específicamente en el principio de la austeridad. ¿Fueron medios públicos los que se utilizaron para pagar los millonarios vuelos? ¿Se le otorgaron ventajas gubernamentales a la empresa que prestó los aviones? ¿Se les entregaron contratos como consecuencia de estos préstamos?
Lezama argumenta que no. ¿De dónde salieron entonces tantos recursos para pagar los viajes? Algunos medios calculan 20 millones de pesos y no consideran ni el lift en Vail ni la parafernalia de Mikey y sus amigos. Todas esas preguntas intentan concluir si este es, o no, un caso de corrupción. Lo acepto; esas son quizás las preguntas más relevantes. Pero yo quiero hacerme otra, una que no tiene ya que ser probada porque la gobernadora “pata de perro” no ha tenido empacho en aceptar que los viajes sí ocurrieron. ¿Debe una servidora pública que pertenece a un movimiento que pone énfasis en la igualdad económica tener dispendios como los de un viaje anual en jet privado a esquiar y otro a Disney?
Perdonen mi interés por un tema “menor”, pero a mí la incongruencia en este tipo de temas me puede mucho. Me considero alguien de izquierdas; alguien que valora un tipo de igualdad económica. Me parece importante preguntarse si es necesario defender un principio de austeridad. Yo defiendo que sí lo es. La idea detrás de esta convicción está bien representada por el eslogan Juarista, hecho cover por el expresidente López Obrador, “no puede haber gobierno rico con pueblo pobre”. La ostentación de la riqueza por parte de servidores públicos – aunque no exclusivamente – conlleva una expresión negativa hacia los demás. Especialmente, en una sociedad con tanta pobreza como la nuestra. Dice algo como: “mira que sí hay, pero no para ti”, “tanto hay que se puede gastar en nimiedades”, “si no tienes, es porque no te esfuerzas lo suficiente”, “Esquiar y Disney son mis necesidades fundamentales, ¿y las tuyas?”.
Por eso creo que la crítica contra esta y otras muestras de despilfarro dentro de un movimiento que se dice de izquierdas debe ser categórica. Más allá de si el presente caso es, o no, un caso que debe ser perseguido judicialmente, nos toca a los que tenemos voz – por pequeña que sea – reprobar actitudes que van en contra de los ideales de la izquierda. Y sí, la crítica debería venir, sobre todo, de la presidenta y del partido de la gobernadora. Por lo pronto, poco y nada. Que dicen que no comparten esas acciones… ¡Ejemplares!
PD: La pregunta de esta entrada es una subcategoría de una pregunta más general, no acotada a los servidores públicos, y que se hacía el filósofo G.A. Cohen en su libro “Si eres igualitarista, ¿cómo es que eres tan rico?”, sobre las posibles justificaciones que alguien que dice creer en la igualdad económica podría tener para no deshacerse de su excedente de recursos. Creo que nos toca a las personas de izquierda cuestionarnos esto siempre. ¿Una casa de $12 millones en el Noroñanometro? No hay respuesta fácil.

Ricardo Bravo
Internacionalista por el Colegio de San Luis, maestro en filosofía política por la Univeridad Pompeu Fabra en Barcelona. Candidato a doctor en teoría política por la Universidad Centroeuropea en Viena. Instagram y Threads: Parteaguas.mex




