No debe olvidarse la máxima de Isaías, que reza que “a los tiranos no se les apacigua, a los tiranos se les enfrenta”.
Felipe León López
Miren que no queríamos tocar el tema de Venezuela, pero parece imposible, y más cuando, por supuesto, el asunto lleva tres años enteros siendo el centro de atención mundial. Porque, sí, una y otra vez nos han querido convencer de que Nicolás Maduro y la cúpula venezolana son los grandes villanos detrás del famoso “Cártel de los Soles”, una organización que ya fue reconocida como “no grupo real”, ¿O sea, mero invento para tejer crónica de una intervención? ¿Quién necesita películas de acción cuando tienes estas historias tan originales?
Así que, ¡qué mejor manera de estrenar el año! Cumpliendo, como si fuera una profecía, los dos primeros riesgos que advertimos para el gobierno de México la semana pasada: la actitud imperialista de Donald Trump que, por supuesto no se cansa de hostigar al gobierno de México, y la tan esperada invasión a Venezuela, que miren ustedes, ya pasó de amenaza a “realidad”.
Por supuesto, esto es apenas el episodio piloto. Mientras se cocina el desenlace de la crisis venezolana y Trump reparte el mundo como si fuera pastel en su cumpleaños, ya hay luces amarillas encendidas en el T-MEC (a revisión este mismo año), en la retomada cooperación militar (no más militares mexicanos entrenando en Camp Shelby ni en Navy SEALs y en nuestro país, se suspenden presencia de fuerzas especiales estadounidenses para ejercicios en el Estado de México y Campeche) y hasta en la realización del Mundial de Fútbol (si se apegan a las reglas internacionales porque uno de los organizadores es precisamente el invasor de otro país, a menos que el capital pese más que la dignidad y el show deba continuar).
La semiótica de la intimidación, de la imposición, de la intervención, del neocolonialismo, que va de la mano con la necesidad de presumir, a nivel global, quién manda, quién remanda y quién de plano golpea la mesa. Ya ni siquiera se gastan en discursos sobre democracia o cualquier idea de justicia elegante. No, aquí es directo: “Voy por tus recursos, ni modo, te guste o no. Este hemisferio pertenece a los Estados Unidos, haiga sido como haiga sido.”
Bajo su discurso de seguridad hemisférica y “destino manifiesto”, esa creencia de que son el país elegido por Dios para ser el policía del mundo y encargados de promover su modelo civilizatorio a todo el mundo -el que se deje, claro está- es como vienen construyendo etiquetas de “narcoestados” o “terroristas” según convenga el espíritu intervencionista.
A estas alturas, la semiótica de la intervención, anticipadas en el Corolario de Trump a la Doctrina Monroe, es una incursión militar estadounidense en el imaginario social, viendo como llevan a Nicolás Maduro a sus tribunales, como antes lo hicieron con Sadam Hussein. Vean lo que les pasó, porque así trataremos a todo aquel que nos desafíe. Nada nuevo bajo el sol: amigos, traiciones, acuerdos bajo la mesa, cooperación y negocios del que todos salgan ganando, y, como dijera el clásico: “lo mejor de todo es lo peor que se va a poner”.
Desafortunadamente, Venezuela ya había perdido ese lujo llamado democracia y ahora está a punto de perder completamente su mayor riqueza: el petróleo, pero, claro, sin recuperar la democracia. El precedente que deja este ataque de Estados Unidos, con su declaración de querer apropiarse y controlar los recursos estratégicos venezolanos, y de paso amenazar militarmente a otros países latinoamericanos, como Colombia y México, insulta la soberanía y la integridad territorial de toda la región.
Porque no debe pasarse por alto que los manotazos de la nueva Doctrina Don Roe en el continente han sido desde arancelarios hasta intromisión directa en sus procesos electorales o condicionantes comerciales y financieras, tales son los casos de México, El Salvador, Honduras, Cuba, Nicaragua, Panamá, Colombia, Brasil y Argentina. Aliados y no aliados, la Doctrina Don Roe está en acción, tal cual lo dispuso el mandatario estadounidense: “Es mucho más fuerte, y significa que Estados Unidos es el jefe de este hemisferio. No vamos a permitir que China, Rusia e Irán tengan presencia en nuestro patio trasero”.
La ofensiva neocolonial está en marcha y si bien hay pequeñas luces en el Derecho Internacional y de los grandes acuerdos comerciales, no sólo por los amparos que ya comienzan a operar tanto China como Rusia por sus intereses en Venezuela, en el ámbito interno hay resistencias sociales y de congresistas estadounidenses que no comulgan con la Doctrina Don Roe.
En nuestro país y otros de América Latina también comienzan tibiamente las protestas sociales, porque hasta ahora la tibieza es manifestación de una sociedad progresista dividida, decepcionada, ignorada y vapuleada por los aparatos de propaganda oficiales. Nada de qué sorprenderse, pero ¿a quién no le gusta vivir con esa emoción de que un día nos caigan paracaidistas o balas y bombas disuasivas? ¿Qué gobierno, país o ciudadano de Latinoamérica, podría sentirse tratado como tal desprecio y desplante en su propio territorio por los manotazos del autócrata estadounidense? Ese veinte aún no nos ha caído por completo.
Bueno, quizá aquí a los opositores mexicanos y su comentocracia sí quisieran enfilarse a ser próximos Corinas Machado o algo más despreciables. Ese será su problema y el fin de sus días.
En el plano de los gobiernos, tanto en América, Europa, África y algunos países de Asia, en su gran mayoría se han agazapado, paralizado y encogidos ante la amenaza del pistolero desatado a dar el siguiente tiro. Falta mucho, pero no debe olvidarse la máxima de Isaías, que reza que “a los tiranos no se les apacigua, a los tiranos se les enfrenta”.
La apuesta porque el Derecho Internacional aplique las sanciones, porque los congresistas demócratas lleven a juicio a Trump o que las protestas de los propios ciudadanos estadounidenses inconformes con la Doctrina imperialista, parecen ser las únicas salidas inmediatas viables, pero quizá sean los efectos de mediano y largo plazos los que terminen por detener esta nueva dinámica, pues en el camino podrían no sólo perder legitimidad las acciones de la semiótica, el desprendimiento de aliados, inestabilidad de los mercados, desconfianza de los operadores locales, resentimiento de los países sometidos y una escalada de protestas sociales en su propio país; es decir, el inicio de una resistencia anticolonial en tiempos modernos con uso de las propias herramientas de información y contrainformación. Así perdieron Vietnam y así podría ocurrir, pero con tiempo.
Contacto: feleon_2000@yahoo.com
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