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Salve, Claudia. El Rey ha muerto, viva la Reina (por José Reyes Doria)

Foto: Presidencia/Cuartoscuro

José Reyes Doria

Se impone el celebérrimo inicio de la gran novela de Dickens, Historia de dos Ciudades: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. La edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación… aquella época era tan parecida a la actual, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, que solo es aceptable la comparación en grado superlativo.”

Nunca se sabe lo que depara la historia inmediata. Los mejores augurios se pueden transformar en pesadilla, mientras que un negro panorama puede convertirse en un escenario esperanzador. Depende de la voluntad, de la fortuna y de la sabiduría. Hoy termina el intenso sexenio del presidente López Obrador, quien transitó como ave de tempestades, sacudiendo todo en una gestión de claroscuros que, a su debido tiempo, cuando se serenen los ánimos y se superen los paroxismos, será objeto del juicio de la historia.

Inicia la era de Claudia Sheinbaum, quien llega a la Presidencia de la República envuelta en poderosos simbolismos. De entrada, el hecho histórico-simbólico de ser la primera mujer que gana la Presidencia. En medio de una cultura predominantemente machista, resulta asombroso que se haya abierto camino en su partido, y que haya ganado arrasadoramente en las elecciones presidenciales.

La historia de las mujeres gobernando es mínima, en México hasta ahora tenemos la experiencia de un puñado de gobernadoras de los estados y un grupo más numeroso de presidentas municipales. Ahora, con Claudia, se trata del máximo poder político del país, lo cual genera diversas expectativas inéditas. Se puede esperar una avance sustancial y significativo de la agenda para la igualdad de género, de tal forma que se desmonten las desventajas estructurales de las mujeres en los ámbitos social, laboral, profesional, empresarial, educativo, de acceso a la salud, de disminución de la violencia criminal y la discriminación contra las mujeres por el solo hecho de serlo.

Especialmente, se esperaría que la Presidenta impulse una estrategia transversal e interseccional, como proponen los feminismos, con el objeto de avanzar hacia la igualdad sustantiva en las obligaciones y cuidados familiares que tradicionalmente atan a las mujeres a los trabajos domésticos, a la crianza de los hijos. Que se erradiquen de forma sistemática los estereotipos culturales que legitiman el confinamiento de la mujer al ámbito de la abnegación hogareña. Esto último será muy complicado, porque existen inercias milenarias que condicionan su mero planteamiento: recordemos que el presidente AMLO dijo que la mujer era por naturaleza más propicia para cuidar a los padres viejos. Sin embargo, la expectativa es que la Presidenta Claudia diseñe y ponga en marcha, una larga marcha, esta política.

Otro simbolismo importante, es que las mujeres en el poder tienden a ser más abiertas al diálogo, más empáticas con la inclusión y la construcción de consensos. Las mujeres gobernantes son más pacifistas y menos conflictivas que los hombres. El triunfo arrollador en las elecciones presidenciales, la mayoría calificada en el Congreso, y las demás posiciones de poder hegemónico de la Presidenta y su partido, podrían encontrar un cauce conciliador en la ruta del proyecto transformador que enarbola. Menos beligerante con los adversarios, con los medios, los periodistas, las organizaciones sociales, los disidentes, los críticos. Una mujer puede demostrar que es posible gobernar sin aplastar ni humillar.

Existe un aspecto todavía más interesante del fenómeno Claudia Sheinbaum: es la primera persona de izquierda que llega a la Presidencia, lo cual genera expectativas de gran calado. Porque AMLO no es un político de izquierda, aunque sí es un personaje incuestionablemente popular inclinado a favorecer a los más desposeídos. Ya se han hecho muchos análisis del perfil ideológico de AMLO, y se harán más, pero, en términos generales, sus inclinaciones son más bien moderadas en muchos temas como la política económica y fiscal, en la política empresarial; y puede catalogarse como un político conservador en lo relativo a la educación, la salud, los derechos de las mujeres, a la ciencia, a la reducción del Estado, etcétera. Insisto, es un tema por estudiar a fondo.

De la Presidenta de izquierda, se esperan reformas legislativas e institucionales que tengan como propósito expreso la redistribución de la riqueza y la reducción de las desigualdades abismales. Que impulse la formación integral de las personas, el desarrollo de las personalidades y las capacidades con basen una perspectiva de derechos, más que en transferencias de dinero. Que combata todo tipo de oscurantismos, prejuicios o cultos a la personalidad.

De la Presidenta de izquierda, se espera que construya un piso de seguridad social sostenible, donde todos tengan derecho a la salud, al seguro de desempleo, al trabajo, a la pensión por vejez y por incapacidad, a la vivienda. Que esos derechos y servicios no se privaticen silenciosamente como efecto de reducir los presupuestos públicos sectoriales, para que la gente gaste en ello los apoyos monetarios que recibe.

Que el ejercicio del poder se apegue a los principios republicanos y democráticos, garantizando la más amplia participación popular desde abajo, incluso la autogestión de pueblos y comunidades, pero preservando la estabilidad, la legitimidad, los equilibrios y la rendición de cuentas más efectiva. Son temas que también ha defendido la izquierda contemporánea.

Es, pues, el momento de la Presidenta Claudia. Todo eso de que AMLO pretende seguir influyendo, que le sembró la mitad de su gabinete, y hasta a su hijo en el partido, puede ser cierto o no. Pero lo único verdadero es que desde este 1º de octubre Claudia Sheinbaum asumirá el máximo poder político del país, encarnará la investidura presidencial, y estará facultada para ejercer a plenitud esos poderes constitucionales y metaconstitucionales. Quien se oponga, por poderoso que sea, puede ser barrido, como lo demuestra la historia, desde Plutarco Elías Calles hasta Carlos Salinas de Gortari. Finalmente, los factores de poder tienen a alinearse siempre con quien detenta el poder legítimo. Salve, Claudia.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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