Raúl Vera, el obispo defensor de los Derechos Humanos que desafió al poder y al narco, se retira de la diócesis de Saltillo (nota de Christopher Vanegas en OEM-Informex)

Foto: Cuartoscuro.

Fue un aguerrido defensor de derechos humanos, migrantes y de los que nadie ve. Tras 45 años de labor, colgó el hábito y así como llegó, se fue desafiante.

Christopher Vanegas | OEM-Informex.

Saltillo, Coahuila.- El 19 de marzo del año 2000 los grupos a los que no se les contemplaba ni se les daba voz como prostitutas, homosexuales, personas desaparecidas y migrantes vieron con gratitud como Fray Raúl Vera López tomaba posesión como Obispo de la Diócesis de Saltillo, en pie y desafiante, aguerrido. Así inició, así terminó.

Este viernes dio la bienvenida al nuevo obispo de la ciudad, Monseñor Hilario González, pero más allá de esto hizo muestra de su compromiso con grupos menos afortunados que otros.

En su intersección, una de las últimas que tendrá, al menos al frente de Catedral de Saltillo, dijo que se ha tomado conciencia de que todos somos hijos de Dios, incluso aquellos que tienen preferencias sexuales diferentes, en apoyo a la comunidad LGBTI, que justo en esta semana le entregó la medalla Nancy Cárdenas, como agradecimiento por todo el apoyo a esta comunidad.

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Además, habló de las personas desaparecidas, de sus familias, grupo al que apoyó desde su arribo al frente de la diócesis; incluso, para la llegada del nuevo obispo se colocaron decenas de carteles, en los espacios vacíos de las bancas, fotografías de los desaparecidos.

Así era vera, así fue. Defensor de los Derechos Humanos. Quizá, ese espíritu revolucionario, lo aprendió en Chiapas, en San Cristóbal, en aquel lejano 95 cuando fue nombrado Obispo Coadjutor de San Cristóbal de Las Casas, para trabajar junto a Don Samuel Ruiz, Obispo Diocesano.

Foto: cortesía.

Llegó a la Diócesis el 4 de octubre de ese año. Trabajó en la realización del III Sínodo Diocesano y en la formación de los Diáconos Permanentes; durante su estancia en Chiapas colaboró en la elaboración del Directorio para el Diaconado Permanente Indígena. Apoyó el Proceso de Paz y Reconciliación entre los pueblos indígenas de Chiapas y el Gobierno Federal, junto con Monseñor Samuel Ruiz, la Diócesis de San Cristóbal y los obispos de la Comisión de Obispos para la Paz en Chiapas.

Además, contribuyó a crear condiciones de diálogo entre el Ejército Zapatista y el Gobierno mexicano, para que fueran garantizadas condiciones de vida más justas para los pueblos indígenas Mayas de la región.

Foto: Christopher Vanegas/OEM-Informex.

Desde su estancia en San Cristóbal, hasta el día de hoy, es miembro del Consejo Directivo del Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas, Chiapas.

O tal vez ese fervor en la sangre, que le provocaba una sed de justicia, lo adquirió en Guerrero, cuando llegó a la Diócesis de Altamirano el 21 de enero de 1988, luego de que a finales del 1987 Juan Pablo II lo nombró obispo de esa Diócesis.

Ahí atendió a los campesinos y habitantes de las zonas marginadas de las poblaciones de esa Diócesis. Fundó el Centro Social “Juan Navarro” para atender a los pobres, con lo que inició su defensa de los Derechos Humanos, que a la fecha no termina.

Ilustración: Alejandro Oyervides/OEM-Informex.

Apenas le estaba agarrando sabor a su tarea, y fue nombrado Obispo de Saltillo, por el Papa Juan Pablo II, el 30 de diciembre de 1999, y desde su llegada a la Diócesis siempre fue un incansable líder de batallas a favor de los más desprotegidos y los ignorados por la misma iglesia y autoridades.

Inició su tarea pastoral el 19 de marzo del 2000 y promovió una evangelización integral de hombres y mujeres que integran la Diócesis; animó al clero y al pueblo a integrarse en un proceso de Iglesia que incidiera en lograr un cambio profundo de la realidad social hacia la justicia y la paz. Esa fue su lucha incansable, como un verdadero guerrero.

Fundó el Centro Diocesano para los Derechos Humanos “Fray Juan de Larios”, en Saltillo.

Acompañó a los mineros del carbón en la defensa de sus derechos laborales, especialmente de las condiciones de seguridad para su trabajo, y reclamo justicia para viudas, huérfanos y familias, mucho antes de que ocurriera la tragedia en Pasta de Conchos, accidente el 19 de febrero del 2006 en el que murieron 65 mineros.

Al ser Coahuila un territorio de paso de migrantes, especialmente de Centroamérica y Sudamérica, Vera promovió la fundación de dos casas del migrante: en Ciudad Acuña, “Casa Emaús” y en Saltillo, “Belén Posada del Migrante”.

En 2002 se fundó la comunidad “San Elredo” para acompañar pastoralmente a jóvenes integrantes del colectivo de diversidad sexual buscando la promoción de la dignidad y defensa de los Derechos Humanos de esa comunidad, así como su integración plena a la sociedad y a la Iglesia.

Desde el 2005, Vera facilitó el desarrollo de un proyecto de promoción de dignidad de niños, niñas y adolescentes de colonias marginales en Saltillo, llamado “Los Grafitos”. Y en julio de 2006 asumió la denuncia y apoyo de mujeres prostitutas violadas por elementos del Ejército Militar Mexicano en Castaños, en su demanda contra el Ejército y el Estado.

Lo aguerrido tal vez la traía en la sangre desde su nacimiento, el 21 de junio de 1945. Quizá su origen guanajuatense, lo hizo desafiante, temerario, rebelde y, a veces, para algunos, incómodo, sobre todo para los que están en el poder, a quienes siempre señalaba.

Así era y así es, porque dijo, anterior al arribo del nuevo obispo de Saltillo, monseñor Hilario González, que continuaría velando por los que menos tienen, señalando a los poderosos y defendiendo a quien lo necesite. Advirtió que se creará una página de Facebook para seguir dando de qué hablar, así que sólo colgó el hábito, pero su tarea incansable continuará.

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