Inicio Opinión ¿Quo vadis Marcelo? Inmolación o rebelión. Autor: José Reyes Doria

¿Quo vadis Marcelo? Inmolación o rebelión. Autor: José Reyes Doria

FOTO : DANIEL AUGUSTO /CUARTOSCURO

José Reyes Doria | @jos_redo

Las denuncias lanzadas por Marcelo Ebrard son graves. Acarreo monumental a favor de Claudia Sheinbaum, desviación de recursos públicos en la Secretaría de Bienestar a través de la manipulación de programas sociales, donde los siervos de la nación recorren el país presionando a los beneficiarios para que voten por Claudia, pues así lo quiere el presidente López Obrador. Apoyos masivos e indebidos de gobernadores y servidores públicos de todos los niveles, pago de encuestas para sembrar la percepción de que la ex Jefa de Gobierno encabeza las encuestas por la candidatura presidencial de Morena. “Si no corrigen esto, será un desastre para Morena”, advirtió de forma amenazadora el ex Canciller.

La expectativa de la ruptura se elevó al máximo. Las acusaciones son contra el Presidente, esa es la verdad, pues AMLO es el que manda en la Secretaría de Bienestar y en todas las dependencias del gobierno federal, y en todos los gobiernos estatales morenistas. Sin señalarlo en forma directa, Marcelo está acusando a AMLO de movilizar enormes recursos públicos a favor de Claudia Sheinbaum. Ebrard centró su exigencia en la persona de Mario Delgado, el líder de Morena, pero sabe perfectamente que Mario no manda en la Secretaría de Bienestar. Sabe también que en el partido no manda Mario, sino AMLO. En la mañanera del jueves, AMLO se veía muy molesto al comentar el tema. No es para menos, pues Marcelo lo está señalando de implementar una elección de Estado para aplastarlo, como en los mejores tiempos del priismo, como en 1988.

Marcelo siente, y lo ha dicho, que merece la candidatura presidencial de Morena. Considera que ya le toca ganar la posición más importante de la República. Está convencido que cuenta con la experiencia, la trayectoria y las habilidades para ser un buen Presidente, que está mucho mejor equipado que Claudia Sheinbaum. Tiene razón en gran medida. Además, Marcelo cree que López Obrador se la debe, pues en 2012 le dejó la candidatura presidencial al tabasqueño, con el compromiso tácito de que en la siguiente coyuntura AMLO le dejaría a él la misma candidatura.

Pero Marcelo es un político sofisticado, y sabe también que la favorita de AMLO es Claudia. Tiene claro que, debido al enorme poder del Presidente, la mayoría abrumadora de la nomenclatura oficialista respalda los deseos presidenciales y, por lo tanto, están volcados en la cargada de Claudia. Entiende que el Presidente está privilegiando el criterio de la lealtad para escoger a la ex Jefa de Gobierno, pues considera AMLO que Claudia le tiene una lealtad absoluta e incondicional, factor indispensable para conservar influencia y preservar su legado al menos durante el próximo sexenio. Por lo tanto, las capacidades y visión de Marcelo no alcanzan para inclinar la balanza a su favor. Por eso, puede interpretarse, el ex Canciller quema sus naves y manda un fuerte mensaje: mi lealtad es con la legalidad electoral, con la civilidad política, con el juego limpio como condiciones para profundizar la transformación, pero en un clima político libre de los vicios y rituales del priismo clásico.

No funcionó la jugada de ofrecer una Secretaría de Estado para Andy, el hijo de AMLO más dedicado a la política. Tanto el Presidente como la nomenclatura están convencidos que Marcelo no es ni será leal. Por eso, puede hacerse una lectura de los amagos ebrardistas, en el sentido de que está haciendo un llamado a los grupos y liderazgos, dentro del oficialismo, que han acumulado agravios o exclusiones durante el sexenio. Grupos y liderazgos que, ante la avalancha de ambiciones que concentra la cargada a favor de Claudia, inevitablemente ven que serán desplazados, marginados e incluso perseguidos. Entonces, Marcelo estaría apostando a una rebelión de los marginados del obradorismo-claudismo: en un primer momento, para todavía intentar arrebatarle la candidatura a la favorita de AMLO; en un segundo momento (noviembre-diciembre), para irse de Morena a una aventura electoral con MC o el Verde, con Marcelo como candidato presidencial y para que muchos de esos aventureros se blinden ante las represalias oficialistas, incluso buscando fuero legislativo que hoy ven que con Morena no obtendrían.

Claro que también existe la posibilidad de que Marcelo solo esté estirando la liga para elevar el costo de legitimar la candidatura de Claudia, levantarle la mano a cambio de una serie de posiciones políticas de alta gama. Analistas cercanos a Marcelo, como Jorge Zepeda, insisten en que no habrá ruptura, porque ello equivaldría a un suicidio político, toda vez que el ex Canciller difícilmente lograría ganar la Presidencia por fuera de la llamada Cuarta Transformación. Lanzarse por la libre, implica para Marcelo el riesgo de desatar una persecución implacable por parte AMLO y Claudia. No ganaría, y desataría la sed de venganza del núcleo duro del obradorismo-claudismo. Por lo tanto, para muchos analistas las denuncias y amagos de Marcelo, en realidad lo que buscan es que, en este tramo final de la precampaña, el gobierno y el partido dejen de apoyar a Claudia y permitan una encuesta libre de presiones y manipulaciones; si se logra esto, Marcelo piensa que todavía tiene oportunidad de ganar.

En esta interpretación, Marcelo estaría por demás conforme con la coordinación de la bancada de Morena en el Senado, que es el premio de consolación si queda en segundo lugar en la precampaña y reconoce la candidatura de Claudia. Zepeda está convencido de esta intencionalidad de Marcelo, y agrega que con ese relevante cargo se mantendría vigente y, como para el 2030 no será tan viejo, con 70 años de edad, podría, ahora sí, alcanzar su sueño de ser Presidente. Pero esta lectura es endeble. De entrada, es improbable que un personaje que ha sido Jefe de Gobierno capitalino, Canciller y destacado protagonista de la vida política nacional, se entusiasme y conforme con ser coordinador de los senadores de Morena (que Zepeda adorna calificando como la segunda posición política más importante del país, cuando en realidad esa segunda posición es la de Jefe de Gobierno de la CDMX, o la Secretaría de Gobernación); y más de fondo: la política es de momentos, una coyuntura como esta difícilmente se le va a volver a presentar a Marcelo dentro de seis o 12 años.

Dada la relevancia del momento y el personaje, vale la pena retomar la célebre cita romana: ¿Quo vadis Marcelo? La parábola dice que Pedro se topó con una visión de Jesús en su huida de Roma para escapar de la persecución de Nerón. El nazareno cargaba una enorme cruz y ante el ¿Quo vadis Domine? de Pedro, respondió “voy a Roma a ser crucificado de nuevo”. Pedro se avergonzó de estar huyendo, regresó a Roma y fue crucificado. Veremos si Marcelo Ebrard se va a inmolar en un acto suicida o sometiéndose sin rubores al poder de AMLO, o si intentará una salida audaz y rebelde a esta interesante encrucijada.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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