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Prólogo | “Cárteles” Inc. y las claves de la violencia en México más allá del “narco”

Oswaldo Zavala

El trabajo intelectual de Guadalupe Correa-Cabrera, como pocos entre el campo académico y el periodístico, ha marcado un camino singular tanto en México como en Estados Unidos. Ella ha construido una agenda de investigación de gran impacto en los dos países con una mirada original, sustentada en una crítica aguerrida de enorme vigencia. Contraria al diagnóstico fácil que insiste en pensar en México como un país tomado por “narcos” y sus “cárteles”, Correa-Cabrera ha estudiado la razón geopolítica de la llamada “guerra contra las drogas” compartida en ambos lados del Río Bravo y sus hondas implicaciones transnacionales, como veremos en esta obra.

Su primer libro sobre el tema, titulado Los Zetas Inc., se publicó en 2017. Para ese año, los textos más influyentes relacionados con esta temática hablaban de México como un potencial Estado fallido; tal como se lo preguntaba el académico y político estadounidense George Grayson. En el periodismo, la militarización del país, desatada por la presidencia de Felipe Calderón en 2006, era narrada como una violenta guerra entre narcotraficantes por la mayoría de los reporteros que trabajaban en los dos lados de la frontera. El novelista Don Winslow, capturando el signo discursivo de los tiempos, publicó ese mismo año su novela El Cártel —parte de una trilogía sobre traficantes de drogas mexicanos empodera-dos a tal grado que se los imagina construyendo un imperio monolítico y vertical capaz de rebasar al poder oficial en México y suponer una amenaza, tanto para Estados Unidos como para el resto del mundo—.

 Esa fantasía es la que, en parte, combate Guadalupe Correa-Cabrera con Los Zetas Inc. Con una potente hipótesis de trabajo, esta investigación irrumpió en los estudios sobre seguridad y la llamada “guerra contra el narco”, objetando el relato oficial que reducía la criminalidad del país a la acción de sofisticados narcotraficantes que amedrenta-ban a la sociedad civil y burlaban al aparato de seguridad gubernamental para generar ganancias multimillonarias inundando de droga las calles de Estados Unidos. Correa-Cabrera cuestionó profundamente esta narrativa al proponer que la “guerra contra el narco” funcionaba más bien como una guerra por los recursos naturales de México en tiempos de la reforma energética y la llamada “revolución del gas shale”. Asimismo, planteó que la consabida militariza-ción antidrogas terminaba por beneficiar a conglomerados transnacionales que en su conjunto perpetraban —y siguen perpetrando— un continuo saqueo extractivo. El legado de Los Zetas, según explica Guadalupe Correa-Cabrera, es en realidad la construcción de un modelo paramilitar que fue instrumentalizado para avanzar la industria extractiva en zonas como Tamaulipas, cuya riqueza del subsuelo explica-ría mejor la necesidad del despliegue militar, allí donde se explotaba el petróleo, el gas shale, el mineral de hierro o el carbón. Entendida así, la militarización antidrogas completó la reforma energética de 2013 y aceleró el despojo territo-rial, el desplazamiento forzado de comunidades enteras y la creación de verdaderas fortunas basadas en la explotación de recursos no renovables.

En su libro, Correa-Cabrera se adentra de igual modo en la expansión de un modelo paramilitar que trastocó el tejido social durante estos años de militarización antidrogas. Se trata de la proliferación de organizaciones con entrenamiento militar puesto al servicio de la extorsión, el secuestro, el tráfico de personas y otras formas de criminalidad organizada, siempre en el interior de las estructuras mis-mas del poder oficial. El “narco”, entonces, no es aquello que nombra a entidades delictivas por fuera del Estado, sino es la expresión de formas de depredación capitalista que gestio-nan y administran la violencia como una herramienta efec-tiva para la acumulación.

Los Zetas Inc. evoluciona, se reescribe, se amplía considerablemente y se publica ahora como Cárteles Inc., con una nueva sección que actualiza el panorama criminal y la política antidrogas mexicanos, tras la aparición del lla-mado Cártel Jalisco Nueva Generación (o cjng) y la restructuración del conocido Cártel de Sinaloa. En este libro, el supuesto Cártel de Jalisco y las asumidas células del Cártel de Sinaloa hoy en día no se conciben como macroorganiza-ciones que controlan extensas partes del territorio nacional. En realidad, se consideran los representantes de un nuevo modelo de paramilitarismo criminal que opera por todo el país y cuya alarmante presencia socavó la política de seguridad concebida por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. La autora explica este fenómeno como la articu-lación de redes de actores y empresas involucradas en una dispersión de mercados clandestinos. En una de sus más ori-ginales contribuciones al debate nacional sobre el narcotrá-fico y la delincuencia organizada en general, Correa-Cabrera propone el análisis de redes sociales y la teoría de sistemas como metodologías alternas para comprender las dinámicas de criminalidad y violencia del país.

Mientras que la gran mayoría de analistas, académicos y periodistas se entretienen validando la narrativa oficial relativa a los cárteles en guerra que capturan a un debilitado Estado corrompido por dinero sucio, Guadalupe Correa-Cabrera analiza la delincuencia organizada desde una perspectiva distinta. Lo hace considerando una multitud de organizaciones y mercados ilícitos, además de grupos paramilitares, con distintos grados de autonomía y lealtad a las estructuras de Estado que se organizan localmente siguiendo el modelo que se asemeja al de las franquicias criminales. Esta perspec-tiva desplaza de nuevo el objeto esencial de la narrativa oficial, la droga, para señalar, en cambio, los intereses energéticos de estos grupos paramilitares y su relación, una vez más, con las empresas transnacionales de la industria extractiva glo-bal. Lo que está en juego hoy en día, entonces, no son las rutas de la droga, ni el trasiego de cocaína o fentanilo, sino la explotación de energías no renovables y también minera-les como el litio y los mantos acuíferos, siempre en disputa binacional con Estados Unidos.

Cuando concluyó el gobierno de López Obrador y su política de seguridad basada en la consigna de “Abrazos, no balazos”, que en su momento propuso desescalar la pre-sencia de militares en tareas de seguridad pública por todo el país, las preguntas planteadas en Los Zetas Inc. cobraron nueva relevancia. En la anterior administración vimos crecer aún más el poder militar en México, expandiéndose sin pre-cedentes a instituciones civiles de gobierno, reemplazando a la desaparecida Policía Federal y desplegando insólitamente más de 200 mil soldados y elementos de la Guardia Nacio-nal a lo largo y ancho de la República Mexicana. Vimos tam-bién a militares tomar el control de las aduanas marítimas y terrestres del país, de la frontera norte y sur, del aeropuerto de la Ciudad de México y de diversos proyectos de infraes-tructura, incluyendo el Tren Maya.

Ahora —con Claudia Sheinbaum y Donald Trump (de nuevo) como presidentes— presenciamos una verdadera radicalización de los discursos de seguridad estadouniden-ses, que desde los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 han intentado forjar un híbrido delictivo entre los míti-cos “narcos” mexicanos y el terrorismo islámico fundamen-talista. La peligrosa designación de los “cárteles” de la droga mexicanos como organizaciones “narcoterroristas” ha sido una agenda compartida por prominentes figuras progresis-tas y conservadoras del espectro político de Estados Unidos. Hillary Clinton y Donald Trump, candidatos en apariencia radicalmente opuestos, coincidían desde la elección presiden-cial de 2016 en su objetivo esencial de intensificar las cam-pañas militares contra narcotraficantes mexicanos. En los debates nacionales que enmarcaron las elecciones presiden-ciales de 2024 en México y Estados Unidos, la misma noción de “narcoterrorismo” reapareció en boca de gobernadores y congresistas de la Unión Americana, pero también en sus contrapartes de la derecha mexicana.

El trabajo de Guadalupe Correa-Cabrera cobra aquí una urgencia y una relevancia inaplazables. Contribuye no solo a comprender mejor la violenta experiencia criminal de México, sino su complejo y alarmante contexto geopolítico. Sugiere que la agenda militarista transnacional se empata con los intereses energéticos que han saqueado sistemáticamente al país por décadas, pero también indaga sobre la naturaleza del paramilitarismo criminal que se imbrica con la acelerada militarización del territorio, siempre con la presión diplomática y perniciosa acción de agencias como la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés, y ahora del Pentágono), que instrumentalizan la agenda antidrogas como medida coercitiva para intervenir en la política mexicana. Así, el itinerario intelectual de Correa-Cabrera se une al de otros académicos y periodistas que han contribuido con importantes trabajos de investigación en la misma dirección, como es el caso del periodista fronterizo Ignacio Alvarado, el reportero y académico italiano Federico Mastrogiovanni y la reportera y socióloga canadiense Dawn Paley. Mi propio trabajo ha sido igualmente influido por la brillante reflexión de Guadalupe y, desde hace años, hemos compartido todos nosotros una fluida y productiva conver-sación que, pese a nuestros desacuerdos y diferencias, nos ha permitido avanzar en una suerte de pensamiento colectivo para ir más allá de las agotadas y repetitivas indagaciones sobre los “cárteles” mexicanos que con frecuencia abundan en la academia y el periodismo más convencional, dentro y fuera de México.

 El lector podrá, en efecto, estar en desacuerdo con algunas de las conclusiones del trabajo de Correa-Cabrera, pero no podrá subestimar su gran valor en los debates nacionales cooptados por la mirada que busca el amarillista folclore de los “narcos”, los “sicarios”, los “ejecutados”, los “levantones” y ahora los “terroristas”, que solo legitima la presencia de militares y que promueve una mayor participación de las Fuerzas Armadas en la vida pública de México. En ese sentido, la experiencia de militarismo en México que estudia ahora Cárteles Inc., presenta interrogantes clave para eludir las trampas de las agendas oficiales y las explicaciones tan estandarizadas y reduccionistas de la violencia en México.

Guadalupe Correa-Cabrera nos enseña a pensar, desde la irrupción de su escritura, más allá de los “narcos” mexi-canos. Al mismo tiempo, nos lleva a observar un complejo panorama conformado por militares, paramilitares, empresas transnacionales, la industria extractiva, la circulación de armas y la geopolítica global que inventa delitos y delincuentes para borrar la participación de actores ajenos al tráfico de drogas —pero cercanos directamente al saqueo de recursos y al establecimiento de múltiples mercados ilegales—. Dichos mercados son favorecidos por la política de seguridad binacional que garantiza la continuidad de la militarización y sus narrativas de “guerra contra el narco”. Del otro lado de esta discusión, en las páginas que siguen, se encuentra el brillante análisis académico y periodístico de Guadalupe Correa-Cabrera y su impactante y muy productiva capacidad de irrumpir en el debate nacional que busca una salida a la violencia, la militarización y la lógica de guerra que no dejan de asediar a la sociedad mexicana.

Introducción

Cárteles Inc.: evolución y una“nueva generación”

 Después de casi nueve años de haber publicado el libro LosZetasInc.:Criminal Corporations, Energy, and Civil War in Mexico con la editorial de la Universidad de Texas (University of Texas Press) (en español Los Zetas Inc. Corporaciones criminales, energía y guerra civil en México), el panorama criminal en México, el contexto político y las relaciones internacionales han experimentado una notable transformación. Lo anterior determina nuevos modelos de negocios criminales, así como otras estructuras y formas de operación de la delincuencia organizada en el país que requieren de nuevos marcos con-ceptuales para explicarlos.

Esta transformación viene acompañada por cambios funda-mentales en los mercados globales de energía, la geopolítica y la geoestrategia. Dichos cambios —amplificados después de la pandemia de COVID-19, los conflictos bélicos en Ucrania, Medio Oriente y otras latitudes del mundo, y ahora en la segunda administración de Donald Trump— han tenido implicaciones cruciales en términos de política exterior esta-dounidense, las relaciones México-Estados Unidos, el manejo de la frontera sur de Estados Unidos y la política energética. Por consiguiente, una revisión profunda del material presen-tado en Los Zetas Inc. se hace sumamente necesaria. Dicha revisión podría ser muy relevante en el contexto de un nuevo orden internacional; la disrupción (y rediseño) de las cade-nas de suministro globales a raíz de la pandemia y conflic-tos armados regionales; la llamada “crisis del fentanilo” en Estados Unidos; una segunda administración trumpista que denomina a los llamados “cárteles de la droga” como “orga-nizaciones terroristas internacionales” y al fentanilo como “arma de destrucción masiva”, así como la extensión de la securitización y la militarización tanto en México como en Estados Unidos.

 Las hipótesis y conclusión de Los Zetas Inc. continúan vigentes para comprender esta nueva realidad, pero existe una evolución del crimen organizado en México que debe explicarse con todo detalle. Además, se van gestando cambios fundamentales en el contexto regional que deben considerarse. Por ello, surge este nuevo libro ampliamente revisado y actualizado, Cárteles Inc., el cual incluye una sección que explica la evolución del mundo criminal en México desde 2018 y plantea la utilización de marcos teóricos alternativos para comprender una nueva realidad criminal en el país.

La primera parte de este proyecto editorial y académico de largo plazo publicado en 2017 (y traducido al español en 2018) explica cómo la denominada “guerra contra las drogas” mexicana (declarada en el contexto de lo que fue la Inicia-tiva Mérida) parece ser más bien una guerra “por los recur-sos estratégicos de México” que beneficia primordialmente al gran capital transnacional y a las industrias extractivas en particular. Entre los principales ganadores en este proceso destacan el complejo militar fronterizo industrial, el sector financiero internacional y las compañías transnacionales de energía —antes concentradas en el sector de energías no renovables (gas y petróleo) y ahora también ubicadas en el sector de las energías renovables en sintonía con lo que algunos denominaron en el pasado reciente como un Nuevo Acuerdo Verde (Green New Deal)—. Muchas de estas compa-ñías tienen sus centros de operación en Estados Unidos de América y algunos países europeos.

 Mediante la conocida estrategia de descabezar cárteles de la droga (denominada en inglés king pin strategy) —ope-rada por su agencia antinarcóticos (la Administración para el Control de Drogas, la dea) y centrada en los “Señores del Narco” fuera del territorio estadounidense— el vecino país del norte libra e impone a México una guerra que aparente-mente nunca podrá ser ganada. La guerra contra las drogas que hereda México de Estados Unidos se mantiene vigente hasta ahora, aunque también evoluciona. Además, se inten-sifica durante la segunda administración de Trump, ante mayor presión, exigencias y amenazas de intervención militar directa contra México por parte del gobierno estadounidense en su lucha contra lo que hoy denomina, por decreto, “narcoterrorismo”. Así, el obradorismo mantiene la guerra y, en cierto sentido, la extiende.

Después de 2018 no hay una orden específica por partede Presidencia de la República de confrontar directamente a los cárteles, pero —aun en la era de los llamados “abrazos, no balazos”— se consolida la presencia militar en el país y el papel de las Fuerzas Armadas mexicanas se amplía de tal manera que llegan a monopolizar las tareas de seguridad pública en México a nivel federal, al tiempo que extienden sus capacidades hacia múltiples áreas que antes se reserva-ban exclusivamente para el sector civil. Esta militarización efectiva de la seguridad pública y el avance de las Fuerzas Armadas en otras áreas estratégicas y de desarrollo econó-mico de México durante los años posteriores a 2018 —en un entorno de paramilitarismo criminal cada vez más com-plejo— inducen un cambio fundamental en el panorama delincuencial del país.

  En _Los Zetas Inc._se explica la conformación de “corporaciones criminales” que diversifican sus actividades más allá del narcotráfico y expanden sus ámbitos de acción hacia otras áreas económicas gracias al componente (para)militar que les imprimió el modelo Zeta, el cual consiste en el entre-namiento y la estrategia militares, así como en el acceso a armamento de alto calibre. Esto les permitió controlar terri-torios y extraer rentas por medio de la extorsión, el secues-tro y otras actividades delincuenciales. Lo anterior se da en el marco de la declaración de una guerra contra las drogas por parte del gobierno mexicano, que genera un conflicto armado de fuerte intensidad en algunas regiones del país y da como resultado la fragmentación de grandes asociaciones o corporaciones criminales (el Cártel del Golfo, Los Zetas y La Familia Michoacana, por ejemplo) y una reconfi-guración de sus estructuras y actividades. Así, ciertas orga-nizaciones delincuenciales que tenían presencia y dominio regional se fragmentan en múltiples unidades y modifican sus estrategias. Algunas se dividen en múltiples células com-plejas que se van adaptando a las necesidades y demandas del mercado, tanto como de las agencias gubernamentales que administran los negocios criminales dentro y fuera de México.

Otras organizaciones criminales “parecen” consolidarse y, de acuerdo con las agencias de seguridad estadouniden-ses, se constituyen como los principales riesgos a la seguri-dad y a la salud pública de ese país. Hablamos en particular del Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación (cjng). Por lo general, se tiene la idea de que ambas agrupa-ciones operan como cárteles de la droga tradicionales. Sin embargo, la realidad parece contradecir dicha aseveración. Un análisis más preciso del contexto criminal en México y un estudio a conciencia de las dinámicas locales y a nivel nacio-nal y transnacional de la delincuencia organizada en general, contrasta con la idea —promovida especialmente por los medios de comunicación masiva y las agencias de seguridad estadounidenses— de que se trata de dos poderosas organizaciones delincuenciales con una estructura vertical y liderazgos bien definidos, sobre todo vinculadas al negocio del narcotráfico.

  En realidad, el mundo criminal en México es extraordi-nariamente complejo y la delincuencia organizada opera en distintos espacios y dimensiones. La violencia de alto impacto en el país no es perpetrada exclusivamente por dos organi-zaciones operando en contubernio con sus respectivos alia-dos en las distintas regiones de México. El narcotráfico y en general la delincuencia organizada en México no operan ya a través de poderosas corporaciones criminales, sino a través de “redes” de actores y empresas que facilitan una serie de negocios lícitos e ilícitos. Sí, hablamos de redes criminales y no de cárteles per se. En este contexto renovado, se hacen necesarios nuevos marcos teóricos para explicar la violencia y las actividades criminales en el país.

El análisis de redes sociales y la teoría de sistemas constituyen dos herramientas conceptuales mucho más apro-piadas para comprender la realidad criminal y la violencia en México. El modelo de “corporación criminal” que surge a partir de la formación de Los Zetas —y en el cual se cen-tra el libro LosZetasInc.— se transforma en la última década y da lugar a una “nueva generación” de empresas y merca-dos ilícitos que, desde una perspectiva de administración de negocios, se podría entender como un modelo de franquicia criminal. Asimismo, vale la pena resaltar que los crímenes de alto impacto en el país no están necesariamente vinculados al mercado de las drogas, cuyo destino es Estados Unidos. Los orígenes de la violencia en México son múltiples y las diná-micas locales o regionales divergen entre sí. Por otro lado, existe un componente paramilitar criminal que debe ana-lizarse e investigarse por separado y cuyo origen no es fácil de determinar. El presente trabajo delineará algunas hipó-tesis para explicar este fenómeno.

En este nuevo texto se incorpora un relato detallado de la transformación o evolución reciente de la delincuencia organizada en México. La primera versión de este material describe a profundidad un nuevo modelo de negocios del cri-men organizado en este país, centrado en el militarismo y la militarización de la seguridad pública, es decir, un modelo inspirado en Los Zetas. El presente volumen retoma este análisis y explica la evolución del modelo a partir del surgi-miento del cjng. Además, elucida las dinámicas de opera-ción de su estructura empresarial, que parece operar más bien como una franquicia criminal.

  Con Los Zetas comienza una nueva era en el mundo delincuencial y se plantea un nuevo paradigma empresa-rial del crimen organizado en México; por lo tanto, es clave comprender su modelo y estrategias. Los Zetas fueron pio-neros e impusieron una tendencia paramilitar que prevalece en el ecosistema criminal del país. Las primeras dos seccio-nes de este libro explican el modelo paramilitar de Los Zetas, un nuevo modelo de negocios que opera a nivel transnacio-nal y los efectos de la llamada “guerra contra las drogas” en México. Ello desencadenó lo que aquí se denomina una “gue-rra civil moderna” o enfrentamiento entre las Fuerzas Arma-das mexicanas y grupos de civiles armados en partes clave de la República Mexicana —donde se concentran recursos naturales estratégicos—. El análisis se centra, entonces, en los efectos del conflicto armado y el nuevo modelo parami-litar criminal mexicano en el sector energético, que se exa-minan en la tercera parte del libro. Una nueva (cuarta y última) sección de este volumen describe una configuración actualizada del crimen organizado en México después de la publicación de Los Zetas Inc.

  Esta evolución se explica por la cooperación antinar-cóticos y de seguridad fronteriza entre México y Estados Unidos, así como por la militarización de las estrategias relevantes. Esta transformación se presenta en el contexto de la denominada “crisis del fentanilo” y una transición global hacia las energías renovables. Así, la sección final de Cárteles Inc. describe la formación de una nueva generación de redes criminales —es decir, una evolución del modelo criminal descrito en Los Zetas Inc.—. También se analizan los efectos de dicha transformación en el sector energético y sobre la propiedad y el uso de la tierra en México, en un con-texto de transición hacia un mayor uso de energías renova-bles. Las regiones por analizar se extienden hacia el noroeste (Baja California, Sonora y parte de Chihuahua) y zonas del Pacífico, sur y sureste de la República Mexicana. Los recur-sos naturales bajo acecho de grupos empresariales transna-cionales vinculados a la generación de energía podrían ser litio, tierras raras, agua y uranio, entre otros.

Este nuevo material explica la transición o, mejor dicho, la evolución del concepto de “corporaciones” hacia “redes” criminales, así como la formación de sistemas complejos adaptativos, lo cual dificulta la implementación de una estrategia efectiva que dé solución al problema de violencia e inseguridad en México. Lo anterior, debido a que la existencia de estas estructuras criminales per se obliga a la expansión de la presencia militar, lo cual alimenta de forma sostenida a la vio-lencia en México. El presente trabajo es particularmente rele-vante considerando los argumentos más recientes provenientes de Estados Unidos que justifican la utilización directa de las Fuerzas Armadas de ese país en territorio mexicano, supuestamente para desmantelar lo que muchos denominan de manera errónea “carteles” mexicanos y resolver así su crisis de fentanilo y la adicción a drogas diversas.

 Entonces, la última parte del libro también explica por qué la potencial declaración de guerra desde Estados Uni-dos en contra de los llamados “cárteles mexicanos” —ahora denominados por el gobierno de ese país como “organiza-ciones terroristas internacionales”— no es solo una propuesta extremadamente peligrosa, sino que es una estrategia abso-lutamente ineficaz para reducir la violencia en México y la epidemia de adicciones en el país vecino. Por el contrario, una acción de este tipo contribuiría muy posiblemente a una intensificación continua y exponencial de estos proble-mas. Cabe destacar que el apoyo a la actual política de dro-gas impuesta desde Estados Unidos, y las propuestas para destruir militarmente a los cárteles en territorio mexicano justificarían y continuarían una estrategia antinarcóticos fallida que no ha resuelto las problemáticas fundamenta-les ni sus causas de raíz, al tiempo que ha alimentado un con-flicto armado de terribles consecuencias al sur de la frontera México-Estados Unidos.

En resumen, las secciones actualizadas describen una nueva generación de grupos paramilitares criminales que operan sobre todo en el noroeste y la costa del Pacífico mexicano (pero que también han extendido su influencia a nivel nacional), sus estrategias, así como su impacto en las rela-ciones México-Estados Unidos, la estrategia de seguridad de México y el sector energético en general. Dicho análisis ilustrará finalmente por qué librar una “guerra” desde Esta-dos Unidos contra los cárteles de la droga mexicanos es muy peligroso y resulta un enfoque ineficaz para reducir la violencia en nuestro hemisferio. El libro concluye con una crítica fundamental a la guerra contra las drogas (ahora contra lo que denominan “narcoterrorismo”) de Estados Unidos —impuesta sobre sus vecinos del sur— y presenta un cuestionamiento justo al proceso de militarización en México y a su consolidación y expansión en el gobierno de la llamada Cuarta Transformación (4T).

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