¿Por qué era tan peligrosa la Ley Bonilla? Fraude a la Constitución, reelección disfrazada. Autor: Venus Rey Jr.

El 11 de mayo la Suprema Corte de Justicia invalidó, por inconstitucional, la llamada “Ley Bonilla”. En virtud de esta “Ley”, el gobernador de Baja California pretendía extender su mandato de dos a cinco años.

Jaime Bonilla fue electo gobernador para un periodo de dos años, del 1 de noviembre de 2019 al 31 de octubre de 2021, pero desde un principio le pareció poca cosa, de modo que, ya habiendo ganado la elección, hizo reformar la Constitución local para extender su mandato. En un hecho que a todas luces parece una traición, los diputados del congreso local de la pasada legislatura, de mayoría panista y priísta, votaron la reforma a la constitución estatal; una modificación abiertamente antidemocrática y notoriamente anticonstitucional que dio luz verde a los deseos del gobernador electo morenista. En su momento, se presentó una denuncia ante la fiscalía estatal por sobornos que habrían recibido los legisladores locales para aprobar la Ley Bonilla.

Para legitimar este atropello, Jaime Bonilla, que aún no entraba en funciones, promovió una “consulta popular” para que el pueblo de Baja California decidiera si el mandato debía extenderse. Obviamente, el resultado de la consulta “avaló” sus deseos. Se trató de una consulta sin las mínimas condiciones de validez, sin sustento jurídico, una farsa como aquella otra que hizo, ya siendo gobernador, cuyo resultado fue impedir la terminación de la nueva planta de la cervecera Constellation Brands, en Mexicali.

¿Por qué es tan importante el fallo de la Suprema Corte? Por muchos motivos. El ministro presidente, Arturo Zaldívar, mencionó varias razones. Me voy a referir a cuatro de ellas: 1) el fraude a la Constitución; 2) la violación al principio de elecciones periódicas, libres y auténticas; 3) la violación al principio de no reelección; 4) la violación a la democracia y al voto ciudadano.

La reforma del Congreso de Baja California, al permitir que un gobernador electo para dos años prolongue su mandato a cinco años es, en el fondo, una reelección disfrazada y en automático. De ahí que se trate de un claro fraude a la Constitución. El llamado “fraude a la ley” es un término técnico que consiste en que la misma ley se utiliza y se invoca para su propia violación, lo cual es el colmo del cinismo y de la antijuridicidad. En este caso, los legisladores locales, muy probablemente movidos y estimulados por las ilícitas ambiciones de poder de Jaime Bonilla, invocaron y usaron la constitución del Estado y la Constitución mexicana para violarlas.

¿Por qué se trata de una violación al principio de no reelección? El artículo 116 de nuestra Constitución establece normas ineludibles que deben seguir todos los estados en la organización de sus poderes. Entre ellas destaca el principio de elecciones periódicas, libres y auténticas. El intento de Jaime Bonilla para extender su mandato atentó contra este principio, pues habiendo sido electo para dos años, lo que implicaba que habría una nueva elección en 2021, la reforma a la Constitución local le permitía gobernar hasta 2024, con lo cual burlaba la elección de 2021. Y, por otro lado, la reforma a la Constitución local implicaba, en el fondo, una reelección disfrazada, a priori y en automático, cual real decreto de déspota no ilustrado, porque Bonilla no tendría ni siquiera que volver a competir para perpetuarse. Por eso dice el ministro Zaldívar que la norma impugnada viola no sólo el principio de elecciones periódicas, libres y auténticas, sino también el principio de no reelección.

La Ley Bonilla también implicaba un fraude a la democracia y al voto ciudadano. Jaime Bonilla promovió una consulta popular para avalar la extensión de su mandato. El supuesto ejercicio democrático se llevó a cabo el domingo 13 de octubre de 2019, unos días antes de que tomara posesión. Con una participación no significativa y sin ninguna garantía de validez ni sustento legal, el resultado de la encuesta “avaló” los deseos de Bonilla. Con una consulta ilegal y manipulada se pretendió burlar el sentido del voto de los ciudadanos de Baja California, que votaron por Bonilla para que fuera gobernador dos años, no cinco. Resulta claro el peligro de estas consultas: se invoca la democracia para destruir la democracia; se invoca el voto, para burlar el voto. Se utiliza fraudulentamente una institución de la democracia directa, como es la consulta, para imponer unilateralmente una ambición, en contra de todo orden jurídico, en contra de los principios fundamentales de la civilización y del Estado de Derecho (Rule of Law), y así dar un gran golpe mortal a la democracia. El grado de perversión es tremendo. Bonilla y sus secuaces pensaron que se saldrían con la suya, pero la Suprema Corte les ha dado palo contundente y definitivo.

Por eso sorprende que la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, haya mostrado una actitud indulgente y empática hacia Bonilla. De personajes como Yeidckol Polevnsky, que abiertamente apoyó a Bonilla, lo podemos esperar, pero no de alguien como Sánchez Cordero. El día que el gobernador tomó posesión, Olga Sánchez, experta jurista, ex ministra de la Suprema Corte, experta en Derecho Constitucional, y representando al gobierno de la república, expresó, en conversación privada con Jaime Bonilla: «Me dijeron: ¿es legal los cinco años?; les dije: es legal porque la norma está vigente y porque hay una norma que así lo determina.» Muy contento, Jaime Bonilla exclamó: «Es todo lo que necesitamos, ¿no?» Las demás personas en la reunión sonrieron y aplaudieron. Sánchez Cordero añadió: «para mí la norma va a pervivir.» Pues, afortunadamente, la norma no pervivió.

El fallo de la Suprema Corte nos indica que ninguna consulta popular puede estar por encima de la Constitución y que ningún poder legislativo puede crear normas inconstitucionales impunemente. El fallo representa un freno en seco para todos aquellos cuyas ambiciones de poder los mueve a pasarse por alto el orden jurídico, y para todos aquellos que ven en la ley, no un límite, sino un obstáculo a sus intereses y ambiciones.

@VenusReyJr

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