¿Por qué abrir las ventanas del automóvil puede ayudar a prevenir contagios de COVID-19? (nota de Alejandro Castro en OEM-Informex)

Foto: OEM-Informex.

Las corrientes de aire podrían ayudar a mantener a los pasajeros y conductores a salvo del coronavirus, señala un estudio de dos universidades norteamericanas

Alejandro Castro | OEM-Informex

Un estudio de flujo de aire ofrece información para pasajeros y conductores sobre qué medidas tomar durante sus trayectos

Durante buena parte del 2020, la mayoría de los científicos estudiaron las múltiples formas en las que se comporta y se propaga el coronavirus, desde los espacios cerrados hasta el transporte público, los hospitales, gimnasios y restaurantes.

Pero uno de los espacios a los que no les habían puesto suficiente atención, fue el de los automóviles, esos espacios pequeños y herméticos que millones de ciudadanos siguieron utilizando durante y después del confinamiento.

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En un reciente estudio realizado por físicos de las universidades de Amherst, en Massachusetts y de Brown, en Rhode Island, y publicado a principios de enero en el diario Science Advances, se sugiere que abrir ciertas ventanas puede crear corrientes de aire que podrían ayudar a mantener a los pasajeros y conductores a salvo de enfermedades infecciosas como la COVID-19.

Para realizar el estudio, los físicos Varghese Mathai, Asimanshu Das, Jeffrey Bailey y Kenneth Breuer, utilizaron simulaciones por computadora para mapear cómo las partículas cargadas de virus en el aire podrían fluir a través del interior de un espacio como el automóvil.

El equipo de investigación utilizó lo que se conoce como “simulaciones dinámicas de fluidos computacionales”, un tipo de experimentos que se llevan a cabo para crear autos de carrera con menor resistencia y aviones con mejor sustentación.

En el estudio, los científicos simularon un automóvil Toyota Prius conduciendo a 50 millas por hora, con dos personas en su interior: un conductor y un pasajero en el asiento trasero derecho, que suele ser la disposición de asientos más común en el caso de los taxis y de algunos viajes compartidos.

De esta forma, los físicos hallaron que la forma en que el aire fluye alrededor del exterior del auto en movimiento crea un gradiente de presión en el interior del coche, con la presión del aire en la parte delantera ligeramente más baja que la presión del aire que hay en la parte trasera. Así, determinaron que el aire que circula dentro del auto tiende a fluir desde la parte trasera hacia la delantera.

Posteriormente y con el aire acondicionado encendido, modelaron el flujo de aire interior y el movimiento de aerosoles simulados cuando se abrieron o cerraron diferentes combinaciones de ventanas, encontrando que la tasa de ventilación era más baja cuando las cuatro ventanas estaban cerradas.

En este escenario, encontraron que del 8 al 10 por ciento de los aerosoles exhalados por uno de los pasajeros podría llegar a otra persona, y que cuando todas las ventanas estaban completamente abiertas, las tasas de ventilación aumentaron y que la entrada de aire fresco expulsó muchas de las partículas en el aire fuera del auto.

Estos datos concuerdan con las recomendaciones emitidas por diferentes instancias de salud pública, en las que se sugiere abrir las ventanas de los autos para reducir la propagación del coronavirus en espacios cerrados.

Conscientes de que no siempre es factible tener todas las ventanas abiertas -por ejemplo, durante el invierno- el equipo de físicos también modeló otras opciones y encontró que otra solución puede ser que solo se abran las ventanas que estén frente a cada ocupante, ya que esa combinación permite que el flujo de aire fresco forme una barrera entre el conductor y el pasajero.

El doctor Mathai también ha determinado que abrir las ventanas hasta la mitad parece proporcionar el mismo beneficio que abrirlas por completo, mientras que abrirlas solo durante una cuarta parte del trayecto era menos efectivo, e invitó a las empresas de viajes compartidos a fomentar estas investigaciones.

Por su parte, el doctor Richard Corsi, experto en calidad del aire de la Universidad Estatal de Portland, quien ha desarrollado su propio modelo de inhalación de aerosoles de coronavirus en diversos escenarios, elogió este estudio pero advirtió que cambiar la cantidad de pasajeros en el auto o la velocidad del mismo podría afectar los resultados.

De acuerdo con Corsi, realizar un viaje en automóvil de 20 minutos con alguien que está contagiado puede ser mucho más riesgoso que compartir un aula con esa persona, durante 60 minutos.

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