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Por 450 dólares: su madre autorizó que Brooke Shields fuera fotografiada desnuda a los 10 años (Redacción Astillero Informa)

septiembre 28, 2026
Por 450 dólares: su madre autorizó que Brooke Shields fuera fotografiada desnuda a los 10 años (Redacción Astillero Informa)

En 1975, cuando Brooke Shields tenía apenas 10 años, fue fotografiada desnuda por el fotógrafo estadounidense Garry Gross en una sesión que, medio siglo después, continúa provocando cuestionamientos sobre la responsabilidad de los adultos que participaron en ella.

Las fotografías fueron realizadas para un proyecto financiado por Playboy Press y posteriormente aparecieron en 1976 en el libro Sugar and Spice. No fueron publicadas originalmente en la revista Playboy, como algunas publicaciones en redes sociales aseguran actualmente.

Por las sesiones, Playboy Press pagó 450 dólares. La madre de Brooke, Teri Shields, quien además administraba profesionalmente la carrera de su hija, autorizó la realización y utilización de las fotografías y firmó los correspondientes documentos de consentimiento.

El dato resulta especialmente perturbador visto desde la actualidad: la protagonista de las imágenes tenía solamente 10 años y las decisiones sobre su realización y explotación comercial fueron tomadas por adultos.

Garry Gross, nacido en 1937 en el Bronx, Nueva York, era un fotógrafo estadounidense proveniente de una familia judía. Desarrolló una carrera profesional en fotografía comercial, de moda y de celebridades. Fue él quien realizó las polémicas imágenes y posteriormente defendió judicialmente sus derechos para utilizarlas.

Teri Shields, nacida Theresia Anna Lilian Maria Schmon en Newark, Nueva Jersey, era estadounidense y tenía ascendencia alemana, inglesa, escocesa-irlandesa, franco-canadiense y galesa. Además de ser la madre de Brooke, ejercía como su representante y dirigía buena parte de su carrera infantil.

Brooke Shields, nacida en Nueva York, tiene una ascendencia familiar diversa: inglesa, alemana, escocesa-irlandesa y galesa por la rama materna, e inglesa, francesa, irlandesa e italiana por la paterna.

La existencia de una autorización materna no elimina el cuestionamiento sobre las decisiones de los adultos involucrados. Una niña de 10 años difícilmente podía dimensionar entonces las consecuencias que tendría permitir que fotografías de esa naturaleza fueran publicadas, reproducidas y comercializadas durante años.

Y precisamente eso se convirtió después en un problema para Shields.

Ya adolescente, la actriz y modelo acudió a los tribunales intentando impedir que Gross continuara utilizando las imágenes. El litigio terminó convirtiéndose en una discusión sobre los alcances del consentimiento firmado por su madre, el derecho a la privacidad y la posibilidad de que una persona pudiera desconocer al llegar a determinada edad una autorización otorgada cuando era menor.

En 1983, el Tribunal de Apelaciones de Nueva York resolvió por una estrecha mayoría de cuatro votos contra tres que Shields no podía invalidar de esa manera los consentimientos que su madre había firmado.

La decisión no fue unánime. El juez Matthew Jasen sostuvo en su opinión disidente que Brooke no debería continuar soportando las consecuencias del mal juicio de su madre.

Por ello, tampoco es completamente preciso reducir el caso, como hacen actualmente algunas publicaciones en redes sociales, a afirmar que un tribunal simplemente consideró las fotografías “no pornográficas”. La batalla judicial involucró principalmente cuestiones relacionadas con el consentimiento, la privacidad y los derechos de utilización de las imágenes.

El episodio plantea además una cuestión ética que va más allá de lo que permitieran las leyes y contratos de aquella época.

Gross era un fotógrafo adulto y profesional que aceptó fotografiar desnuda a una niña de 10 años y participar en la explotación comercial de aquellas imágenes. Teri Shields era la madre, tutora y representante de la menor y autorizó la sesión.

Ambos tenían algo que Brooke Shields, por su edad, no tenía: la capacidad adulta de evaluar las posibles consecuencias.

La existencia de un contrato puede explicar jurídicamente cómo pudieron realizarse y posteriormente circular aquellas fotografías. No resuelve, sin embargo, el cuestionamiento sobre por qué los adultos responsables aceptaron hacerlo.

Medio siglo después, el caso debería observarse poniendo en el centro a quien tenía menor capacidad para decidir.

Brooke Shields era una niña de 10 años.

Las decisiones que hicieron posibles aquellas fotografías fueron decisiones de adultos.

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