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Política feminista | Las mujeres al poder ¿para qué? II/II. Autora: Aleida Hernández Cervantes

Imagen ilustrativa. Mujeres portan mascarillas como medida de prevención contra el nuevo coronavirus (COVID-19) en una calle, en la Ciudad de México. Foto: Xinhua/Francisco Cañedo.

Decíamos al final de la primera parte de este texto que somos muchas las mujeres que deseamos dos cosas: en principio, que no haya veto social para que las mujeres lleguen al poder; y en segundo, que queremos que lleguen las que están dispuestas a transformar al poder mismo, es decir, al orden social de género en el que se asienta el poder. Nadie asume que es tarea fácil, pero tener este objetivo en el horizonte para la acción política de las mujeres que aspiran a ejercer el poder, es indispensable para que se gesten cambios de fondo y no solo de forma.

En esa dirección pero en términos más radicales y profundos, en Feminismo para el 99%. Un manifiesto de Cinzia Arruza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser se plantea la siguiente disyuntiva para el feminismo actual: por un lado, el camino para que las mujeres lleguen a todos los puestos directivos, empresariales, políticos y económicos al igual que los hombres en el marco del sistema capitalista y patriarcal tal como está; o el segundo camino, que implica cuestionar y tratar de terminar con las bases que sostienen la opresión sexista, explotación y violencia que viven las mujeres, que tiene asidero en la alianza histórica entre patriarcado y capitalismo.

El primer camino, dicen las autoras, es una visión que notablemente se encamina por una igualdad de oportunidades en la dominación: una que en el nombre del feminismo, les pide a las personas que se muestren agradecidas de que sea una mujer, y no un hombre, quien aplasta sus sindicatos, manda un dron a matar a sus padres, o encierra a sus hijos en una jaula en la frontera; mientras que el otro camino para el feminismo, propone terminar con el sistema que produce al jefe, genera las fronteras nacionales y fabrica los drones que nos vigilan. Por eso las autoras se pronuncian en este decálogo por el feminismo para el 99% de la población, con la idea de que asuma una orientación de clase, con un ethos radical y transformador.

En ese sentido, ante la pregunta que nos formulamos al inicio, las mujeres al poder ¿para qué?, respondo desde ese punto de vista: para cambiarlo todo o, al menos, para no olvidar que ese camino es el único que puede realizar fisuras de calidad, a la alianza del patriarcado y el capitalismo.

La calidad de las fisuras a dicha alianza determinará si la asunción de las mujeres al poder, trajo consigo cambios en la calidad de vida de las mujeres, pero no sólo, también para toda la población. Pero ¿a qué llamamos fisuras de calidad? A aquéllas que logren agrietar a tal punto el sistema capitalista-patriarcal, que sus cimientos se tambaleen.

Pondré algunos ejemplos.

En la forma de ejercer la política, las mujeres podrían fisurar al sistema político si deciden subvertirlo en sus formas y en el fondo. En sus formas, a través de cambiar los estilos y su ejercicio. De ser un ejercicio vertical, centrado en los liderazgos unipersonales, en los pactos patriarcales (ya hemos hablado de ellos en otro artículo), las mujeres pueden cambiarlo, a través de un ejercicio más colaborativo, centrado en los consensos, con horizontalidad, que ponga en el centro las personas y su calidad de vida, que parta de lo comunitario y preserve los bienes comunes, que le dé especial importancia a gobernar no sólo con el intelecto sino con sensibilidad humana, a partir de la escucha a los otros y otras. Esto implicaría subvertir el orden de las prioridades en el ejercicio del poder que ha sido, históricamente, de dominación masculina.

Otra fisura, podría observarse en que cada propuesta de reformas a las leyes, la elaboración de políticas públicas en materia de igualdad entre hombres y mujeres en la educación o en el mundo del trabajo, se acompañe de propuestas que desestabilicen las relaciones sociales en las que se asienta el capitalismo. Esas propuestas pueden encontrar inspiración, entre otras, en el ecofeminismo que toma como principio el concepto de sostenibilidad de la vida. El concepto de sostenibilidad de la vida pone en el centro el valor de la vida, de los seres humanos y de la Naturaleza; de la generación de condiciones para la reproducción social. Visibiliza el conflicto capital-trabajo, y ubica la reproducción ampliada de la vida como eje de los procesos económicos.

Por eso, no solo se trata de que las mujeres lleguen al poder, no solo. Aspiramos a más. Se trata de que lleguen para transformarlo en sus fundamentos. Entonces, volvemos al punto, ¿Para qué mujeres en el poder? Para transformarlo todo.

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