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Política feminista | Las mujeres al poder ¿para qué? I/II. Autora: Aleida Hernández Cervantes

Mujeres participan en una marcha en el marco del Día Internacional de la Mujer, por las calles del municipio de Ecatepec, en el Estado de México, el 8 de marzo de 2019. Foto: Xinhua

Dos son las preguntas que debe incluir el título de este texto: Mujeres al poder ¿por qué hasta ahora? Y ¿para qué? La primera se propone apuntar los motivos, causas y la búsqueda de respuestas que expliquen por qué en la historia de la humanidad las mujeres han vivido una especie de veto social para ejercer el poder. La segunda pregunta, tiene como propósito lo que el feminismo de cuño radical (el que va a la raíz de las cosas) se plantea: las mujeres al poder sí, y claro que sí, pero sin perder de vista que se trata de cambiar los fundamentos y formas patriarcales en los que se ha sostenido el ejercicio del poder. Transformar en serio y no ser funcionales al poder en los términos en los que ha operado. La primera pregunta tiene como destinataria a toda la sociedad; la segunda, sus destinatarias son exclusivamente las mujeres (que ejercen el poder o que aspiran a ello).

Pero vamos por partes.

Ha llevado largo aliento tratar de entender por qué las mujeres han estado, por lo general, excluidas del ejercicio del poder (ya sea público o del ámbito privado), debido a que las explicaciones no pueden ser fragmentarias o simplistas. Se encuentran nada menos que en la configuración del propio orden patriarcal y su reproducción política, económica y cultural. Pero siempre podemos iniciar por alguna referencia que nos proporcione algunas pistas. Este es el caso del extraordinario libro de la inglesa feminista y especialista en el mundo clásico Mary Beard, Mujeres y poder[i]. En este texto compuesto por dos conferencias que dictó la autora, se propone reflexionar e indagar, en principio, sobre las referencias en la literatura clásica y en la historia sobre la voz pública de las mujeres y su silenciamiento; en la segunda parte, aborda los obstáculos y escollos culturales y sociales con los que se encuentran las mujeres cuando ejercen el poder, retomando ejemplos de la actualidad. Beard, basada en la literatura clásica y referencias históricas, traza el argumento de que una serie compleja de procesos y prejuicios nos han llevado a que la voz de las mujeres sea silenciada o no escuchada con suficiencia en la esfera pública. Que en ello ha habido un aprendizaje social de no otorgar autoridad a la voz de las mujeres. Cuando ellas hablan, algo ocurre que se deja de escuchar, hasta de forma inconsciente. Por el contrario, no hemos aprendido a oír autoridad en la voz de las mujeres. Eso implicaría aprender a otorgar validez a lo que expresan, a lo que piensan e identificar y reconocer sus contribuciones. Pero los procesos sociales que configuran la exclusión de las mujeres en la toma de decisiones, son de naturaleza compleja, por eso conviene hacerlos visibles y cuestionarlos.

La misma autora nos recuerda, el que quizá fue el primer silenciamiento de la voz de una mujer en la literatura griega, en la Odisea de Ulises, cuando el joven e hijo de Penélope, la interrumpe y dice: «Madre mía, vete adentro de la casa y ocúpate de tus labores propias, del telar y de la rueca … El relato estará al cuidado de los hombres, y sobre todo al mío. Mío es, pues, el gobierno de la casa». Sobre esto, la aguda Mary Beard señala que Penélope se retira a sus habitaciones del piso superior; y que “hay algo vagamente ridículo en este muchacho recién salido del cascarón que hace callar a una Penélope sagaz y madura, sin embargo, es una prueba palpable de que ya en las primeras evidencias escritas de la cultura occidental las voces de las mujeres son acalladas en la esfera pública. Es más, tal y como lo plantea Homero, una parte integrante del desarrollo de un hombre hasta su plenitud consiste en aprender a controlar el discurso público y a silenciar a las hembras de su especie”. He aquí una rica referencia de la literatura -occidental, no única- en la que se muestra el proceso de apropiación exclusiva del discurso público por parte de los hombres. Más adelante, en el curso de la historia se va consolidando en la cultura política, la representación de las mujeres como extranjeras y usurpadoras del poder y del espacio público. Entrar, encajar o romper con la estructura de dominación patriarcal no sólo del poder, ha sido un empeño constante por parte de las mujeres. Lograrlo no solo es tarea de ellas, sino de toda una sociedad que quiera preciarse de democrática. Si la voz de una gran parte de la sociedad ha sido silenciada y no escuchada, no podemos hablar de democracia. Que las mujeres ejerzan el poder, no sólo público, sino en todos los ámbitos, privado, docente, en la administración pública, en los medios de comunicación, por ejemplo, debe ser tarea de todos y todas, o ¿qué mecanismos inconscientes y conscientes operan para seguir posponiendo esta asignatura pendiente?

Ahora, dar el brinco a la pregunta de las mujeres al poder ¿para qué? Merece una segunda parte a desarrollar, sobre todo porque somos muchas las mujeres que deseamos dos cosas: en principio, que no haya veto social para que las mujeres lleguen al poder; y en segundo, porque queremos que lleguen las que están dispuestas a transformar al poder mismo.


[i] Mary Beard, Mujeres y poder. Un manifiesto. Traducción al castellano de Silvia Furió. Editorial Crítica Barcelona.  https://repositoriomujerespoder.udemex.edu.mx/files/emp/Mary%20Beard%20-%20Mujeres%20y%20poder.pdf

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