Política feminista | El regreso a clases: poner en el centro a la niñez. Autora: Aleida Hernández Cervantes

Aula de primaria pública en Ciudad de México, recién aseada por madres, padres de familia y maestras para el regreso a clases. Foto: Aleida Hernández Cervantes

Después de mantener cerradas las escuelas por un año y dos meses, la SEP planteó un regreso escalonado y voluntario para las y los niños en México. Lo hace una vez que todo el personal educativo recibió la vacuna, que la mayoría de adultos de más de 60 años está vacunada, y que está avanzando con regularidad la vacunación para las personas que están en los rangos de 50 a 60, así como de 40 a 50 años[i]. Según fuentes de la Secretaría de Salud Federal, son ya 12 millones 919 mil 455 las personas vacunadas con el esquema completo en México y 9 millones 714 mil 5 más han sido inoculados con la primera dosis, a este día.

No obstante lo anterior, esto ha desatado fuertes polémicas entre madres, padres de familia, profesorado y hasta uno que otro interesado que opina del tema, pero que lo mira de lejos.

Vayamos por partes.

México ha sido uno de los países que cerró totalmente las escuelas, frente a otros países que mantuvieron un esquema híbrido de educación, semipresencial y a distancia. Argentina, Chile, Brasil y Colombia son algunos de la región latinoamericana que así lo llevaron a cabo, mientras que en Europa países como España, Francia y Alemania, se han mantenido con el esquema de parcialmente abierto[ii]. No haremos un análisis de la relación entre mantener parcialmente abierta la educación y las trayectorias que ha tenido el comportamiento del virus en cada país, pues nos obligaría a realizar una revisión muy a fondo en torno a si una decisión sobre lo educativo tuvo un impacto directo en aumento de contagios y fallecimientos. Lo que me interesa poner en el centro es que el gobierno mexicano en todo este tiempo, privilegió la atención a la salud, la negociación de las contrataciones y acceso a las vacunas y el avance en la vacunación, por encima de posibilitar un esquema híbrido de educación. Las razones son variadas: se decía que abrir las escuelas implicaba un mayor factor de contagio, que debido a las redes de apoyo familiares que incluían en su gran parte, abuelas, abuelos, tíos y tías adultos mayores, así como una economía informal activa alrededor de las escuelas, en síntesis, poner en mayor riesgo a tod@s (personal educativo y familias). Se mencionaba con insistencia y con razón, que muchas de las personas que podrían contagiarse alrededor de la dinámica escolar no tendría acceso pleno a servicios de salud y tampoco solvencia económica para la compra de medicamentos.

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Teniendo todo ese panorama de desigualdad social en nuestro país y de crisis pandémica, a las familias no nos quedó otra opción que cargar sobre nuestros hombros, la educación en casa. Las consecuencias de esta decisión, han sido enormes, especialmente para las y los niños, y para las mujeres[iii]. La UNICEF al abordar el caso de México señaló que “las escuelas han permanecido cerradas 180 días de marzo de 2020 a febrero de 2021, cifra superior al promedio en América Latina y el Caribe (158 días) y el doble de la estimación global (95 días), situación que además coloca al país en octavo lugar entre los países donde las escuelas han permanecido cerradas por mayor tiempo”; en ese mismo reporte, mencionaba que ante el rezago educativo que ya tenía desde antes de la pandemia, pues alrededor del 80% de las niñas y los niños en primaria no alcanzaban los conocimientos esperados en comprensión de lectura y en matemáticas, las cifras podrían agravarse dada la dificultad de mantener la calidad educativa con los recursos disponibles en casa, y “cada día de cierre de escuelas durante una crisis acrecienta el riesgo de abandono escolar, algo que empeora cuando hay reducción de ingresos familiares, como está sucediendo durante la pandemia”[iv]

Las afectaciones a las y los niños son aún más: las de tipo cognitivo y las emocionales. Ante la pérdida de interacción con sus pares, la sociabilidad libre, la autonomía frente a sus padres, así como el estar presas de violencias diversas y estrés de tipo laboral o económico de sus familias así como las explicaciones y el seguimiento puntual a las actividades escolares, los niños han sido invisibilizados en las respuestas de política pública así como en las dinámicas sociales. Hay un enfoque adultocentrista en todo lo que estamos viviendo: se abren bares, restaurantes, plazas, cines, teatros y estadios; aumentan las reuniones familiares y de amistades pero ponemos el grito en el cielo ante la posibilidad de que los niños se encuentren con sus maestros y maestras, así como con sus compañeros. No en tumulto, no sin protocolos, no todos los días, no toda la jornada. Noto un olor a hipocrecía social. Noto una excusa que utiliza a los niños y niñas para externar una discrepancia política con el gobierno. Noto que hay muchas necesidades, por ejemplo, las madres y los padres que no pueden ir a dejar y recoger a la escuela a sus hij@s pero por fuerza sí se trasladan a sus trabajos, dejándolos solos (sé de casos). Noto que faltó una estrategia de gobierno más seria para el regreso a clases, pero lo miro como un plan piloto para un regreso más a fondo en agosto (solo quedan cuatro semanas para culminar el ciclo escolar, de las cuales van a ir dos días cada una).

Y a pesar de todo lo anterior, a todas las escuelas se les dejó en libertad de decidir si consideraban que había condiciones para regresar en junio. Hicieron encuestas y consultas a los padres y madres de familia, así como al personal educativo. El resultado es que la gran mayoría no abrirá un espacio para los niños, no importa que estemos desde hace muchas semanas a la baja en los contagios y a la alza en la vacunación. Y ante eso, ¿qué alternativas les ofrecieron? Ninguna. Esperen niñ@s, esperen allí, encerraditos en sus casas, conectados o desconectados del mundo, mientras nosotros los adultos retomamos nuestras vidas. La suya puede esperar. Parece ser la respuesta social.


[i] Cobertura diaria de Pie de Página: https://piedepagina.mx/cobertura-covid-19/

[ii] Ver la información: https://en.unesco.org/covid19/educationresponse#schoolclosures

[iii] https://www.cepal.org/es/comunicados/la-pandemia-covid-19-genero-un-retroceso-mas-decada-niveles-participacion-laboral

[iv] https://www.unicef.org/mexico/comunicados-prensa/3-de-cada-5-ni%C3%B1os-y-ni%C3%B1as-que-perdieron-un-a%C3%B1o-escolar-en-el-mundo-durante-la

Aleida Hernández
Aleida Hernández

Profesora e investigadora de la UNAM, ha escrito diversos libros y artículos sobre derecho, seguridad social, trabajo, despojo, luchas sociales y derechos de las mujeres. Actualmente es integrante del Grupo Interinstitucional y Multidisciplinario para atender la Declaratoria de Alerta por Violencia de Género contra las mujeres de la Ciudad de México.

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